sábado, 10 de diciembre de 2016

LECCIONES MORALES


GLENN FORD: OTRO CENTENARIO
(1916 - 2006)





         Antes de que acabe 2016 es necesario rendir tributo a Glenn Ford. Nacido en Québec en 1916, pero trasladado a California desde los 8 años, comenzó en el cine en 1939 luego de haber actuado en obras estudiantiles y formar parte de un grupo de teatro donde fue descubierto por un buscador de talentos de la Fox. Ahí comenzó en una cinta de bajo presupuesto que se filmaba para acompañar a grandes producciones en los programas dobles de los cines de esos tiempos (Heaven with a Barbed Wire Fence, Ricardo Cortez, 1939, no exhibida en México),


Su primera película

pero no tuvo éxito y cuando la Columbia Pictures lo contrató, inició una larga asociación con dicha compañía donde llegaría a ser una de sus presencias importantes. Luego de varios roles que fueron impulsando su carrera, Ford llegó al estrellato, pero en 1943 se enlistó en la Marina para ir a la guerra. Ahí permanecería posteriormente en la reserva norteamericana alcanzando el rango de Capitán.


 El joven actor

         1945 marcó el año de su retorno y la dificultad de volver a empezar. Bette Davis le ofreció el rol de Bill Emerson en la única cinta que la actriz produjo dentro de la Warner Bros. (Vida robada, Curtis Bernhardt, 1946);




y en la Columbia llegó uno de sus papeles emblemáticos, Johnny Farrell, el aventurero que encuentra el amor con una polémica y seductora mujer en Argentina (Gilda, Charles Vidor, 1946).



Gracias a estas dos películas Ford se colocó entre las estrellas de primera categoría en Hollywood cuya fama crecería en las siguientes décadas. Llegarían otros grandes títulos: Fritz Lang lo dirigiría en dos joyas del cine negro (Los sobornados, 1953; La bestia humana, 1954).
En ambas películas de Lang actuó al lado de Gloria Grahame

Richard Brooks filmaría un gran éxito acerca de la rebeldía juvenil donde se introducía “Rock Around the Clock” de Bill Haley y sus cometas para establecer una era que llegaba (Semilla de maldad, 1955) para no detenerse.



 Entra el rock and roll al cine

         Sin embargo, Ford se ha distinguido por haber filmado muchas cintas del oeste. En los años cincuenta estuvo en una trilogía con el realizador Delmer Daves (1904 – 1977), versátil y extraordinario guionista, luego director de cintas de acción, vaqueros y melodramas (del cual nos ocuparemos en algún momento el año entrante),

Delmer Daves: un director que merece revaloración

con el cual actuó en producciones exitosas de la Columbia Pictures, El hombre pacífico (Jubal, 1956), El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, 1957) y Cowboy (Cowboy, 1958) donde demostró su calidad actoral al interpretar tres personalidades muy distintas en cintas del oeste con toques psicológicos y humanos: verdaderas lecciones de moral dentro de un universo perfecto para este tipo de cuestionamientos y dilemas. Mucho tuvo que ver la mano de Daves; por otro lado, la presencia recia de Ford.




         El hombre pacífico lo muestra como Jubal Troop, un hombre que ha vivido sin afecto, siempre rodando por diversos empleos, seguro de que es portador de la mala suerte, quien de pronto se encuentra ante un hombre bondadoso, Shep (Ernest Borgnine) que le ofrece un empleo en su rancho donde vive con su joven esposa Mae (Valerie French). Entre los vaqueros del lugar está Pinky (Rod Steiger), tipo malicioso, ambicioso, quien ha tenido una aventura con la esposa de Shep y se siente desplazado con la llegada de Jubal al cual se le insinúa Mae, rechazada por el agradecido hombre. En algún momento, Pinky calienta la cabeza de Shep haciéndole creer que hay algo entre su esposa y el flamante capataz (algo que también le duele al intrigante tipo) por lo que Shep enfrenta a Jubal y por defenderse, éste mata a su benefactor.




         El tren de las 3:10 a Yuma es el caso contrario. Glenn Ford ahora interpreta a Ben Wade, cabecilla de una banda de ladrones, que al principio de la cinta detiene y asalta una diligencia que cargaba el oro del magnate Butterfield. Al querer defenderse uno de los conductores, Wade mata al tipo y a uno de sus hombres. Todo esto lo presencia el ranchero Dan Evans (Van Heflin) junto con sus hijos. No interviene para salvar su vida, hecho que posteriormente le será reclamado por su esposa Alice (Leora Dana). Los forajidos se marchan y llegan al pueblo de Bisbee donde Wade quien se siente atraído por la cantinera del pueblo, Emmy (Felicia Farr), con la cual permanece para tener una aventura mientras sus hombres se dirigen hacia la frontera. Este retraso hace que el sheriff del pueblo detenga a Wade. Butterfield ofrece 200 dólares a quien lleve al bandolero hacia el pueblo donde pasará el tren que lo transportará a Yuma para que la justicia lo castigue. Evans acepta porque necesita esa cantidad para salir adelante en su rancho.




         Cowboy viene a ser una mezcla de personalidades. Ford es el rudo vaquero Tom Reese que traslada ganado desde lugares salvajes hasta la gran urbe, acompañado de su séquito de colaboradores. Llega a un lujoso hotel de Chicago donde vende sus animales y luego pierde las ganancias en el juego. Uno de los recepcionistas del hotel, Frank Harris (Jack Lemmon, muy joven y carismático), quiere invertir en ese negocio porque está enamorado de una joven mexicana que vive en la frontera. Ante la necesidad, Reese acepta el dinero de Harris quien se considera su socio. De esta manera Harris empieza su aventura como vaquero y ganadero, dándose cuenta de la frialdad de Reese ante la muerte y otros sentimientos que esconde. Harris sufre una decepción al encontrar a su amada ya casada con otro hombre. Empiezan enfrentamientos que lo endurecen. Reese intenta hacerle entrar en razón. Una cosa es ser rudo y duro: otra es ser miserable.


Una joven le da esperanzas al inseguro Jubal



         Las tres películas muestran a un Ford polifacético que, además, era aceptado por el público en cualquiera de ellas. En su larguísima carrera (más de cien títulos en 56 años que estuvo vigente) Ford fue principalmente héroe ante la adversidad, pero en este trilogía de casos, no le importó pasar del personaje bueno y redimible al villano frío y criminal que, no obstante, mostraba cierta comprensión a la realidad que le rodeaba. O interpretar a un tipo rudo que, en realidad, tenía sentido de humanidad, como un matiz gris entre extremos.


El buenazo Shep (Ernest Borgnine, en rol contrario al usual)



         La reciente visión de la trilogía confirma que ninguna de ellas ha perdido vigencia. Mucho se debe a la buena mano del realizador Daves (guionista en las dos primeras), pero también a los temas universales que toca. La tragedia de Jubal se acerca a la trama de “Otelo” donde un vulgar Yago calienta la cabeza del gran señor, aunque en este caso hay una infiel Desdémona. La cinta muestra al hombre a merced del destino: la muerte de Shep no permite que haya una explicación y la culpabilidad se asume por la gente envenenada por las maquinaciones de Pinky. Jubal tiene como aliados a la caravana de seres religiosos que fueron cobijados en sus tiempos adversos. Ahí está la joven que lo ama y le apoya. Finalmente la justicia triunfa: Pinky ha golpeado y dejado como muerta a la infiel Mae quien le había aseverado falsamente a Shep su infidelidad con Jubal, incrementando la rabia del buen hombre. No obstante, ella alcanza a confesar la verdad antes de morir y dejar a Pinky en manos del enojo comunitario.


El extraordinario Van Heflin en el rol del afable ranchero
que desea heredar lecciones morales a sus hijos



         El interés principal de la cinta sobre el criminal Wade radica en la necesidad del ranchero Evans por hacer lo que siente correcto: su responsabilidad social. Ante su inacción frente al robo de la diligencia, queda la urgencia de hacer lo que cree importante para reivindicarse. Llevar al criminal a Yuma le redimirá de lo que pensó inicialmente como correcto: salvar su vida cerrando los ojos al mal, permitiendo que la corrupción siguiera su curso. Prácticamente emboscado por los hombres de Wade, Evans asume su destino pero tiene la esperanza. La reafirma el alcohólico del pueblo quien ofrece su vida para alertarlo. Se da cuenta que es más importante afirmarse como ser humano y dejar una lección moral a sus hijos.


El joven ingenuo (Jack Lemmon) al inicio de sus aventuras
como vaquero al lado de su socio Reese.



         Al vaquero Reese no le gustan las ataduras de ningún tipo. El joven Harris tiene sueños de gloria. Al ser forzado a aceptar el dinero del muchacho, tiene que cumplir con una obligación moral ya que no acepta contratos, pero tiene sentido de la responsabilidad hacia el otro. La cinta viene a ser una serie de parábolas que van registrando el crecimiento en experiencias y emociones del joven Harris. Su colega a fuerza se dará cuenta que ha creado un monstruo y será necesario volverlo al buen camino y demostrar su categoría como ser humano.



Un Yago vulgar e insolente (Rod Steiger como Pinky)

El criminal Wade es atrapado por la justicia

El ya endurecido Harris confronta al arrepentido Reese


         Puede notarse que en las tres cintas se habla precisamente de seres humanos con valores universales innatos que, de alguna forma, se van transformando, adormilando o perdiendo con el tiempo y las experiencias de vida. Jubal recuerda el afecto y coraje de su padre junto al rencor de su madre. Evans recupera lo que debe heredar a sus hijos más allá de la vida gracias al ejemplo contrario de Wade quien, de todas formas, sabrá ser agradecido. Reese tendrá que sobreponerse a la rudeza de su existencia para comprender al prójimo. Son estas características las que hacen imprescindibles a algunas películas que se tornan en ejemplos para los espectadores. Sobre todo en estos tiempos cuando se ha perdido el respeto en muchos aspectos.


Glenn Ford interpretó al padre de Clark Kent (Christopher Reeve)
en "Superman: la película" (Richard Donner, 1978).



         Glenn Ford moriría en 2006 a los 90 años. Quince años antes había filmado su última cinta para la televisión,  Veredicto final (Jack Fisk, 1991), donde mantenía su personalidad y fuerza.

Glenn Ford en su última película, filmada para la televisión (1991)


1946 fue el año en que entró al verdadero estrellato; 1956 fue el año en que inició su trilogía con Delmer Daves; 2006 sería su fallecimiento. Ahora en el ya agonizante 2016, luego de haber cumplido su centenario, era necesario recordar sus películas como un recordatorio de cuando el cine era edificante y hablaba de las bondades del ser humano.  



        

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