martes, 30 de marzo de 2021

FEMINISMO PIONERO

 

LA CHICA
(Eltávozott nap / The Sun is Gone / The Girl)
1968. Dir. Márta Mészáros.

SENTIMIENTOS QUE UNEN
(Holdudvar / Binding Sentiments / Binding Ties)
1969. Dir. Márta Mészáros.

         Luego de más de una década de filmar cortos documentales, Márta Mészáros se convirtió en la primera mujer realizadora de Hungría. Desde pequeña, nacida en Budapest, hija de pintora y escultor, sufrió el exilio hacia la Unión Soviética. Su padre fue ejecutado por no seguir los mandatos nacionales. Su madre murió pocos años más tarde y Márta fue adoptada por un político húngaro. Ante la negativa de poder efectuar sus estudios cinematográficos en Hungría, partió hacia la URSS donde cursó la carrera de dirección en la Escuela Estatal de donde saldrían otros talentos como Sergéi Paradjanov, Kira Murátova, Larisa Shepitkó o el afamado Tarkovski. Su filmografía será abundante y pleno de referencias autobiográficas, o situaciones que fueron sublimadas para integrarlas en sus narraciones. Márta filmará películas donde rechazará el sentimentalismo y mostrará a mujeres de piel dura, defensoras de su libertad, que sacrificarán el amor al hombre o a la familia con tal de no perderla. En este sentido, Mészáros será una pionera feminista, sin caer en lugares comunes, simplemente mostrando las consecuencias de los actos de sus protagonistas.

La familia de su madre en un contexto que no aceptará

         Su primer largometraje de ficción es LA CHICA (1968), filmada en blanco y negro, con formato estándar, donde la joven Szónyi (Kati Kovács), quien vivió desde pequeña en un orfanato, decide buscar a su madre hasta que recibe una carta desde un pueblo. Asiste al lugar para encontrarse sola, sin que nadie la reciba. Al hallar la casa de su madre, ésta le dice que le había escrito otra carta para pedirle que no la visitara. Sin embargo, la recibe y le ordena que diga que es su sobrina. Szónyi pasa una noche y un día con la familia de su madre para darse cuenta de que no tiene cabida dentro de ella. Los ambientes de crecimiento han sido distintos y no hay sentimiento amoroso, ni deseo de reunión. Toma el tren de vuelta y reencuentra a un joven que había intentado platicar con ella previamente. Ahora acepta que el muchacho la invite a pasar la noche con él y así sucede. Szónyi hace el amor mecánicamente, por mera atracción. Al retornar a la ciudad, un hombre la busca para contarle que conoció a sus padres y que le tiene noticias. La reacción de la muchacha será indiferente, sin ningún deseo de enterarse de cualquier cosa que le pueda compartir.

La novia de un hijo que se ha convertido en réplica del padre

         El segundo largometraje es SENTIMIENTOS QUE UNEN (1969), nuevamente en un contrastante y bello blanco y negro, pero con formato panorámico. La reciente viuda Edit (Mari Töröcsik, la amorosa nuera de la genial cinta de Karoly Makk, Amor, 1971) se siente libre del yugo de su marido, recientemente muerto en un accidente, figura que era muy respetada, pero que ella debió soportar por muchos años de matrimonio. Ante su deseo de deshacerse de posesiones y dinero que ha heredado, encuentra el rechazo de su hijo mayor, István (Lajos Balázsovits), quien le pide que se calme y que no le permitirá dichas acciones, por lo que queda claro que tiene un carácter semejante al de su padre. Esto abrirá los ojos de la novia del muchacho, deseosa de desposarlo, ante el maltrato que muestra a su madre.

Szónyi besa al amante con los ojos abiertos: es su dominio

         Estas dos películas vinieron a establecer las inquietudes y las formas de narrar de la Mészáros. Sus temas femeninos, acompañados de algún pasaje con música, canciones que sirven para comentar las realidades de los personajes, además de mostrarlas seguras en sus acciones, deseosas de vivir existencias que no sean ceñidas por los yugos de hombres controladores, fueron los que la distinguieron en su carrera posterior que le darían premios y reconocimientos en los principales festivales del mundo (Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián, entre otros). En el caso de Szónyi, ella es quien decide hacer el amor y luego abandonar al amante de ocasión. El final de la película es abrupto pero congruente con el personaje. Szónyi deja claro que ella es la única que manda en su vida y en sus deseos. Ella es quien prefiere dejar una forma de vida rural e imposible para su circunstancia porque el destino la ha llevado por un camino urbano, distinto.

La burguesía acomodada en la Hungría de los años sesenta

Edit, por su parte, está decidida a vivir de su trabajo, dejando de lado lujos y dinero, heredados por el hombre que la subyugó y cuya aceptación y continuidad serían el símbolo de una resignación ya no soportable. Llama la atención que se refleja la liberación del estado hacia el acceso a bienes de consumo: Edit es viuda de un economista destacado por lo que posee un departamento de lujo, vestuario con diseños de Dior, una inmensa casa de campo: situaciones que parecen improbables detrás de la cortina de hierro, pero que eran reales: de hecho, la censura fílmica se ablandó y de ahí que se pudieron filmar cintas impensables en otros tiempos, como las de Miklós Jancsó (quien fue esposo y padre de los hijos de Mészáros), Istvaan Gaal, István Szabo o Peter Bacsó, entre otros. Márta Mészáros filmaría cintas excepcionales: Adopción, Nueve meses, para hablar de la maternidad adquirida contra la biológica. Sus cintas más personales fueron sus cuatro Diarios donde plasmó su memoria para dejar experiencia: para sus amores, para sus hijos, para sus padres y finalmente uno para su propia infancia.

La realizadora Márta Mészáros 
cumplirá 90 años en septiembre


 

jueves, 11 de marzo de 2021

HUMOR DE CRIMEN

 

EL ESQUELETO DE LA SEÑORA MORALES
1959. Dir. Rogelio A. González Jr.

         El Dr. Pablo Morales (Arturo de Córdova), digno de lástima,  solamente desea estar en paz. Su neurótica, reprimida, frustrada, católica mocha (además de renga) esposa Gloria (Amparo Rivelles, ) vive mintiendo sobre su relación haciéndose exhibir como mártir a la cual el buenazo de su marido, ¡golpea! Pablo quiere comer y saborear a gusto el filete que le prepara Meche (Rosenda Monteros), la sirvientita de quien siente celos Gloria, por su juventud; anhela tener una cámara fotográfica para retratar al mundo que le rodea y que disfruta: niños, perros callejeros, amigos de cantina; siente deseos carnales por Gloria, porque al final de cuentas es su mujer. Sin embargo, al comer, Gloria hace muecas de asco ante la carne podrida como la de los animales que Pablo diseca; hace añicos la soñada cámara comprada con ahorros de dos años; pide que su marido se lave las manos con alcohol antes de que la pueda tocar lúbricamente, provocando que el deseo se evapore de inmediato.

 El deseo carnal se evapora ante los ascos de la Sra. Morales...

         Basada en el relato corto “El misterio de Islington” de Arthur Machen, escrito en 1927, donde el autor se cuestionaba al crimen perfecto, poniendo como ejemplo al personaje (ficticio) del taxidermista Boare, en la Inglaterra de principios de siglo veinte, la película se adapta al México de finales de los años cincuenta añadiendo el fanatismo religioso, que seguía siendo herencia de tiempos pasados, en contraste con la modernidad de una cámara fotográfica, importada, de 35mm, además de un televisor donde se exhibía, improbablemente, un programa donde aparecía una desnudista con los pechos al aire. Pablo y Gloria viven en una casona destartalada, cercana a una iglesia, al lado de dos vecinas solteronas (Meche Pascual y Paz Villegas), ratas de sacristía, que siempre están al pendiente de la sufriente Gloria, la cual lanza falsos gritos donde le pide a su marido que ya no le pegue, para ser escuchada en el exterior de la vivienda. En sus tertulias generales o en sus reuniones confesionales con el sacerdote Artemio Familiar (Antonio Bravo, en el mejor papel de su carrera fílmica), Gloria ha creado toda una ficción en contra del manso y sometido hombre quien es el blanco de sus frustraciones.

 El Dr. Morales en uno de sus momentos felices, discutiendo con sus amigos de cantina sobre la posibilidad del crimen perfecto...

         La adquisición de su cámara viene a darle un remanso de paz y felicidad. Todo va bien hasta que Gloria, dentro de sus constantes reclamos e ira, la destruye gratuitamente, como ha acabado con los sueños de Pablo. Toda paciencia tiene un límite y el taxidermista decide envenenarla, pero con toda la inteligencia y calma que su discusión sobre el crimen perfecto le ha permitido reflexionar. Anuncia que Gloria se ha ido de casa y, a pesar de los reclamos de sacerdote, vecinas y hasta la hermana de la mujer, él no se inmuta. Cierto día, aparece un esqueleto con la artrosis de la rodilla, provocando gran escándalo y todo tipo de acusación.

 La anhelada cámara fotográfica que la Sra. Morales destruirá para que se derrame la gota del vaso de la paciencia del Dr. Morales...

         Ejemplo de comedia con humor negro en el cine mexicano, El esqueleto de la señora Morales es una delicia. Equívocos y guiños para el espectador: Pablo tiene como dulce cómplice a la sirvienta Meche quien lo compadece y comprende porque ella misma es víctima de Gloria. Crítica sutil hacia los santones de vecindad: La mujer pertenece a una cofradía que incluye a un ridículo historiador, además de las dos solteronas, y otra mujer, que trabajan para la restauración del altar de Santa Rita. Retrato conmovedor del marido sometido: Pablo sufrirá abuso verbal por el sacerdote y físico por su cuñado (Luis Aragón); su felicidad es ajena al ser testigo de la vida familiar, normal, en la persona de la dependienta (Elda Peralta) que le vende la cámara. Y, a pesar de un conveniente final regido por la moral y las buenas costumbres de la época (no hay crimen sin castigo), no deja de ilustrar las ironías del destino.

 El sacerdote Artemio (Antonio Bravo, genial) descubriendo el esqueleto con la artrosis de rodilla que también padecía Gloria...

         Algo que debe destacarse (y que es muy notorio en la copia de alta definición) es la extraordinaria fotografía de Víctor Herrera. Todavía se estaba en la etapa de cuidado técnico y filmaciones en estudio (aunque hay un par de secuencias en locaciones) que permitían calidad de imagen, además del contraste nítido del blanco y negro. Por otro lado, la escenografía de Edward Fitzgerald es impecable: las imágenes religiosas, los cuadros llenos de “milagros”, el taller de taxidermia con su buñueliano horno (que aquí crema: no hornea cerámica ni derrite maniquíes de cera) o los exteriores de la casona en una especie de callejón que tiene edificio en malas condiciones, al lado de la casa de las solteronas y otros comercios. Por su parte, tanto Arturo de Córdova como Amparo Rivelles están soberbios. De Córdova confirmaba su estatus como actor prestigioso, ya en galán otoñal (tenía 50 años al filmar esta cinta). La española Rivelles había iniciado su carrera muy joven, con gran éxito, en 1941, a los dieciséis años de edad, como Amparito Rivelles, haciendo pareja con los galanes de moda (Alfredo Mayo o Rafael Durán, entre otros). El esqueleto de la señora Morales fue su segunda cinta mexicana y, a partir de ella, inició una carrera estelarísima e importante tanto en la televisión como en el cine de México, porque en España ya había descendido en los roles que interpretaba.

Las solteronas y el sacerdote, escandalizados ante el esqueleto que afirman  que debe ser de la Sra. Morales. Una extraordinaria composición fotográfica de Víctor Herrera,  y usual en el director.                     

         1959 fue el primer año del sexenio de Adolfo López Mateos, a quien la industria del cine mexicano le rindió una bienvenida espectacular ya como candidato electo a la presidencia. Su período tendría este tipo de intentos diferentes al grueso de la producción usual (Macario o Días de otoño o El ángel exterminador, entre otras) y cerraría con la convocatoria del Primer Concurso de Cine Experimental. Luis Alcoriza fue el argumentista y adaptador de esta película en el mismo año que crearía el guion de otra obra excepcional (El toro negro), y un año antes de su debut como director (Los jóvenes). Rogelio A. González tendría siempre una carrera fílmica de vaivenes en cuanto a calidad, discurso, o por mera supervivencia. En esta cinta encontró el tono preciso, exacto, con gran sentido de humor oscuro que le era querido y cercano: la risa y el asombro surgían de situaciones que, en el fondo, eran terribles porque ¿qué puede causar risa al mostrar a una pareja que se vive flagelando hasta llegar al crimen por parte de uno de ellos? Se requiere talento para lograrlo (basta con revisar su filmografía), y esta película es un gran ejemplo. Una de las Opus Magnum del cine mexicano.

 Un guiño del director, mostrando a una desnudista por televisión, algo imposible para esos años...

...y aquí está el regiomontano Rogelio A. González, Jr.
Uno de los grandes realizadores del cine nacional



 

 

 

 

sábado, 6 de marzo de 2021

TODO TIPO DE RATA

 

RATAS DE LA CIUDAD

1984. Dir. Valentín Trujillo.

         Un prólogo nos muestra a una pareja que sale de Plaza Garibaldi. Su auto tiene una llanta ponchada. La mujer entra al vehículo mientras que el hombre se dispone a realizar el cambio. De pronto, se encuentra rodeado de niños que lo amenazan con navajas pidiéndole dinero. Ante la negativa, es apuñalado y muerto, mientras que sus atacantes le quitan reloj, cartera y todo lo que pueden. Al mismo tiempo, un autobús va llegando a la Ciudad de México en el que vienen Pedro (Valentín Trujillo) y su hijo de cinco años, Pedrito. Maestro de educación física, abandonado por su mujer, viene a buscar nuevos horizontes. Al encontrar empleo, inicia una existencia normal. Un domingo, luego de estar en Reino Aventura, un automóvil atropella a Pedrito. El conductor es un agente judicial, borracho y prepotente (Humberto Elizondo). El niño es llevado al hospital, pero quedará lisiado de una pierna. Pedro va a firmar el acta que ha sido amañada para declarar inocente al judicial. Pedro se niega, lo enfrenta el judicial, por lo que el joven reacciona, lo golpea y le hiere. Por tal motivo, pasará cinco años en el Reclusorio Oriente. Pedrito deberá ir a una casa hogar, y temeroso, en cuento puede, se escapa del hospital. El pequeño conocerá a un niño tragafuegos quien le apoyará, pero le iniciará dentro del crimen. Más adelante, se unirán a la banda de los niños criminales, o sea, los niños-rata.

Recién llegados a la ciudad, todavía felices, padre e hijo...

         Una trama bastante elaborada, rica en detalles, donde se los lugares comunes se transforman en grandes verdades: “muerto el perro, se acabó la rabia” (cuando al fraudulento abogado defensor se le echa por una ventana luego de haberle golpeado como venganza), o “a tu hijo se lo tragó la tierra” (para que el padre rencoroso exprese “no fue la tierra, sino esta maldita ciudad”). El título de Ratas de la ciudad, viene a tener varios significados ya que se refiere a los niños que pululan por las calles ya sea mendigando, lanzando fuego o atacando personas. O son los policías judiciales corruptos que utilizan su poder para cometer delitos que nunca llegan al conocimiento popular. O son los delincuentes que explotan a los niños y que utilizan sus relaciones con esta policía que los encubre.

Una prostituta (Lyn May) atacada por los niños-rata

         El personaje de Pedro, muy bien delineado, es originalmente, un buen hombre. Abandonado por su esposa, padre responsable de su hijo, viene a ser víctima de la sociedad que le rodea. La cárcel le endurece, sobre todo al enterarse de la pérdida de su hijo y por el fraude que le hace su defensor. Su amistad con Zúñiga (Rodolfo de Anda), otro reo, ex policía, será el que lo lleve, cuando obtenga la libertad, por la nueva profesión de “tira”, de judicial, que le hará tener remordimientos al principio (“no hay necesidad de matar”) para después entregarse de lleno a su nueva profesión, con todas las prepotencias y ventajas. Seguirá las leyes de la amistad y lealtad, además de encontrar a otra pareja (Angélica Chaín) que le ofrecerá sentido de hogar. El hombre bueno que se corrompe.

""Son mis calificaciones para graduarme de "tira"...""

         La cinta viene a ser documento de un Distrito Federal previo al terremoto de 1985 (fue filmada en locaciones y en los Estudios América en febrero de 1984, pero estrenada hasta 1986). El ahora desaparecido Reino Aventura, así como el Reclusorio, parques y avenidas, con estaciones de Metro, aparecen en la cinta. La acción inicia alrededor de los finales años setenta para continuar a principios de los ochenta cuando Arturo Durazo Moreno, era el General encargado de la seguridad capitalina. Así se le menciona, y se le presenta en silueta, como “padrino” del nuevo “tira” Pedro, además de acicalarse para entrar a cuadro en un noticiero de televisión. La canción tema es “La niñez” de Armando Manzanero cuya letra indica que es el tiempo más bello de la vida para ironizarla con lo que se verá a continuación. Hay muchas actuaciones especiales: Joaquín Cordero como médico, Lourdes Munguía como secretaria, Lyn May como prostituta a la cual atacan los niños-rata, además de Mariagna Prats, ex esposa del canciller Ebrard, como guerrillera a la cual matan luego de que activa una granada de mano.

Pedro, recién salido de la cárcel, con su amigo Zúñiga

         Desdeñada por cierta crítica elitista y conservadora por su supuesta falta de perspectiva social al no mostrar el punto de vista de los niños, se le puede defender al estar ante el planteamiento de una realidad que, si en esos tiempos, era terrible, por la corrupción rampante, resultó profética en cuanto al crecimiento de la impunidad, el delito, los métodos extremos de los delincuentes para cometer sus crímenes, aparte de su equivalente en la cara de las autoridades: uno para otro. Las ratas de la ciudad vienen a ser todos los seres moralmente reprobables que la pululan sin conciencia ni escrúpulos, pero también pueden ser las hordas de la miseria por causa del destino.

El actor, productor, guionista y director 

Valentín Trujillo (1951 - 2006)


        

viernes, 19 de febrero de 2021

LA DIGNIDAD PORFIRIANA

 

LAS SEÑORITAS VIVANCO

1958. Dir. Mauricio de la Serna.

         En las postrimerías del siglo XIX, Hortensia (Sara García) y Teresa (Prudencia Grifell), las hermanas Vivanco, sufren el embargo de los muebles de su gran residencia en Guanajuato, debido a los despilfarros de su vividor hermano, ya difunto, Antonio. Se mudan a la portería de la casa para alquilarla, pero esa noche reciben la sorpresa de que dejan en su puerta a una bebé, producto de uno de los deslices del mismo hermano, a la cual deciden llamar Cristina. Ante la dificultad de rentar la casa, al enterarse de la presentación de la tiple Maruja (Ana Luisa Peluffo) en un teatro capitalino, Hortensia decide viajar, hacerse emplear por la mujer y recuperar las joyas de la familia que el irresponsable Antonio le había regalado. El botín les permite vivir diez años sin preocupaciones, pero cuando el dinero termina, ahora Teresa es quien decide “sacrificarse”, pues de esa manera nombran a sus fechorías. Así se repetirá el esquema cada cierto lapso, acorde con sus necesidades, siempre explicando que un ficticio sobrino Ernestito es quien les ha mantenido. Entre todos sus sacrificios pasan alrededor de veinte años hasta que, en el viaje de compra del ajuar de bodas para la joven Cristina, Hortensia es reconocida por la misma tiple Maruja cuando van al teatro. Ahí es donde el círculo se cierra y llega la justicia.

         La adaptación de Josefina Vicens (1915 – 1988) y el propio director De la Serna (1902 – 1986), sobre un argumento de Elena Garro (1916 – 1998) y Juan de la Cabada (1899 – 1986) refleja las inquietudes sociales de sus creadores. Las hermanas aristócratas, solteronas, venidas a menos en tiempos porfiristas, tenían que caer en el delito para sobrevivir, además de mantener a su recién adquirida sobrina que luego iría creciendo para tener otras necesidades (los quince años, la fiesta de bodas). Sin embargo, su conciencia católica y recta las llevaba a disfrazar estos latrocinios con buenas intenciones y considerarlos como “rescates” (la recuperación de las joyas de la familia), “apoyos de la iglesia” (al robar una imagen del Santo Niño de Atocha, con depósito de limosnas), “dinero non sancto” (correspondiente a las ganancias de una regenteadora de burdel) o “dinero revolucionario” (los billetes de un general que ni idea tenía de cuánta era su fortuna, pero que resultaban ser bilimbiques). Esta es una visión de la clase que debía mantener su dignidad contra todo obstáculo. Para los escritores, con humor, se hacía un comentario ácido sobre los pretextos que una clase privilegiada inventaba para mantener su posición. Lo que en las señoritas Vivanco es un juego de aventuras aderezadas con la “ingenuidad”, en la realidad se traduce en apariencias y engaños, fraudes y componendas: algo que sucede hasta nuestros días.

         Las imágenes que presenta la película abarcan varios ámbitos. Entre las víctimas de las hermanas se encuentran una tiple frívola explotadora de jóvenes ardientes; una familia con pretensiones cosmopolitas donde la madre quiere que sus hijos hablen francés mientras que el padre le pone el cuerno con la sirvienta para luego, piadosamente, recibir al sacerdote que les deja la figura santa esperando sustanciosos donativos; el burdel al cual asisten tanto el ministro que no quiere ser descubierto por un periodista, también parroquiano, donde se explota la carnalidad “prohibida”; o el general revolucionario que ahora ocupa la mansión que fuera de una familia porfiriana, porque las cosas cambian de dueño, junto con su amante a la cual trata con rigor, sobre todo el día del aniversario de la defunción de su madre, donde se arrepiente de haberla hecha sufrir, pero quien al llegar las doce de la noche, vuelve a las andadas: ya ha cumplido como hijo y ahora debe surgir el macho. Todos son cuadros de costumbres, ilustrados por estas anécdotas que se han repetido hasta la saciedad cuando se habla de la moral, las buenas maneras o las frivolidades de una época.

         Nunca se sabrá hasta dónde fue respetado el argumento original y cuánto se perdió en su traslado final a las imágenes. Los requerimientos comerciales en esta época del cine nacional incluían números musicales (Ana Luisa Peluffo interpreta tres canciones), además de la inclusión de humor. Los créditos iniciales indican que se rinde homenaje a las dos actrices estelares quienes demuestran su extraordinaria capacidad de interpretación y reflejan los muchos años de tablas (literalmente en escenarios diversos): Sara García y Prudencia Grifell hacen suyos los personajes. Ninguna hace menos ni roba cámara a la otra: el equilibrio de escenas y actitudes es perfecto. Indirectamente, se convierten en ejemplo de damas que vivieron esos tiempos como jovencitas (doña Sara nació en 1895) o damas jóvenes (doña Prudencia en 1876), por lo que sabían estar en época. Mucho debió pesar el guion de Josefina Vicens quien compartía esas inquietudes sociales con los escritores originales por lo que Las señoritas Vivanco es un delicioso documento doble: del tiempo de filmación dentro de nuestra cinematografía: reparto, director, equipo técnico; y de la era que está recuperando con sus observaciones peculiares.   

En el excelente reparto se encuentran José Luis Jiménez, como el protector Don Esteban, y los debutantes Aurora Alvarado como Cristina y Rafael del Río (quien en los créditos aparece como Rafael Etienne).



martes, 19 de enero de 2021

LA COMEDIA AGRADABLE

 

EL GALLO GIRO

1948. Dir. Alberto Gout.

         Juan (Luis Aguilar) es ranchero de Aguascalientes que canta en los palenques. Su padre, Rafael (Óscar Pulido) le pide que siente cabeza pero el muchacho decide irse a la capital para triunfar. Su padre le da un plazo de seis meses. Junto con su ayudante Indalecio (Enrique King “El reintegro”) toma el tren donde conoce, por accidente, a la joven Elia (Carmelita González) de la cual se enamora. En el Distrito Federal debe emplearse como mariachi afuera del Tenampa porque su carácter hace que pierda oportunidades. Casualmente conoce a la madre viuda de Armando (Pepe del Río), pretendiente de Elia, quien se impresiona al encontrarle fuerte parecido con quien fuera su marido. Una vedette, Janet (Joan Page) le apoya para que triunfe. Luego de varias situaciones, se descubre que cuando eran bebés, Juan y Armando, nacidos al mismo tiempo, fueron entregados por error a la pareja equivocada. Todo termina bien.

La cinta sirvió para acentuar la popularidad del joven Luis Aguilar (a sus 30 años), quien había sido descubierto por el productor Raúl de Anda y, con este título, alcanzaba su docena de películas (igual que el director Gout), en un año que complementaría con otro gran éxito (Se la llevó el Remington, dirigida por Chano Urueta), para seguir estableciéndose dentro del gusto del público. Aguilar tenía una personalidad recia y viril que reflejaba seguridad, por lo que pronto podría alternar con otras estrellas que no lo disminuirían en la pantalla (como Pedro Infante, por ejemplo). Además, el título fue una manera de subrayar el apodo con el cual se le anunciaba en sus presentaciones: Luis Aguilar ya no dejaría de ser El gallo giro hasta el final de su vida.

         El gallo giro inicia dentro del ambiente ranchero, pero luego se traslada a la ciudad para desarrollar una comedia romántica, con enredos que deberán resolverse de alguna manera. En el coche-cama del tren que lo lleva a la capital, un tropezón hará que Juan caiga prácticamente encima de la joven Elia para que se conforme el interés romántico. Ya en la ciudad, el destino lo hará iniciarse como mariachi que lo llevará a la casa del disipado Armando, prometido de Elia, cuya madre quedará impactada al ver el rostro de Juan. Todas estas casualidades son básicas para las libertades narrativas del cine, pero también para el desarrollo de melodramas lacrimógenos y esa es una de las grandes cualidades de esta película donde su talentoso realizador no permitió que esto sucediera. La revelación de este error no hará que las madres respectivas se rasguen las vestiduras ni que los hijos sufran con el intercambio familiar. Tampoco la presencia de una vedette será motivo para el desencadenamiento de bajas pasiones: mero pretexto para una escena de simples celos que serán infundados.

El oficio del maestro Gout se iría refinando para darle el toque adecuado a la cinta que le tocara dirigir. Aquí estaba ante una comedia amable que no requería entrar a las profundidades del cruel destino como había pasado con Humo en los ojos o La bien pagada o Cortesana, filmadas previamente y que se coronarían al año siguiente con la obra maestra del género cabaretil Aventurera y otros posteriores con Ninón Sevilla. El gallo giro es una cinta musical, sobre todo, para lucir a Luis Aguilar quien interpreta dos papeles: a su padre verdadero, sin bigote, pero con un mechón de cabello levantado que se repite en el hijo, con la idea de aparentar a un gallo con plumas alebrestadas. La acción se irá al pasado cuando nace Juan y ocurre un error en la entrega de los bebés recién nacidos a cada pareja. Los flamantes padres se van de juerga para celebrar y, en el cabaret donde están, Aguilar baila con gracia y gusto un charleston, además de “Las pelonas”, al lado de la enfermera Gloria Ríos.

Entre otras curiosidades de esta agradable película está la presencia de Joan Page, una cantante y bailarina que tuvo un paso relativamente corto (nueve películas en diez años) por el cine mexicano, pero de la cual se desconocen datos precisos. Sus rasgos físicos la acercan a una María Antonieta Pons menor, con un cuerpo muy escultural y cabellos rubios. Su rol más conocido estará en Al son del mambo (Urueta, 1950) donde baila con Resortes. En su número de “Luna, lunera, cascabelera” (que no viene anunciada en los créditos de la película) es acompañada musical y vocalmente por los Hermanos Reyes (todavía sin la cantante Teresita, su hermana menor), tampoco mencionados en los créditos. Otra presencia que estuvo pocas veces en el cine es el cómico Enrique King, apodado “El reintegro”, quien sería cantante dentro del trío “Los Tex Mex”, (muy populares en los años cuarenta y cincuenta, para ahora estar bastante olvidados: aquí se presentaban en el Teatro México, situado en Calzada Madero), cuya cinta más popular será Barrio Bajo (Fernando Méndez, 1949).

Y otra de sus cualidades es contar con un reparto de actores secundarios de excelencia, aquellos que fueron soporte en infinidad de cintas mexicanas: Óscar Pulido (siempre excepcional, con una gracia absoluta), Aurora Cortés, Josefina Escobedo, María Gentil Arcos, Aurora Walker, Hernán Vera, o el joven galán Pepe del Río, quien había comenzado desde niño en El compadre Mendoza (De Fuentes, 1933) para luego intervenir en una cuarentena de películas sin llegar jamás a cuajar por completo, a pesar de sus esfuerzos.



viernes, 15 de enero de 2021

EL MELODRAMA EFICIENTE

 

LA RISA DE LA CIUDAD

1962. Dir. Gilberto Gazcón.

         Las andanzas de un grupo de artistas ambulantes que incluye al payaso Beto (Joaquín Cordero, excelente), al tragafuegos alcohólico Ronson (Resortes) y sus hijos: el cantante carterista Polo (Julio Alemán) y el niño Pipirín (Valentín Trujillo), el ciego y hombre orquesta Ruperto (Aarón Hernán) con su madre Berta (Fanny Schiller), además del hombre fuerte Rosco (David Silva) con su hijita contorsionista Rosita (Rosa Lilia Murillo) dan lugar al melodrama familiar cuando don Tencho (José Elías Moreno), busca la manera de reconectar con su nieto largamente perdido y encontrado, sin que conozca la relación familiar, o sea Beto; además, el melodrama romántico por la relación de Leticia (Alma Delia Fuentes), empleada del rastro de la ciudad, con Beto. El melodrama social, al tratar el problema de los paracaidistas en terrenos privados y dejar constancia de que todo se debe a la falta de educación. Alrededor de todas estas problemáticas se encuentra una visión que ahora resulta testimonio documental de la Ciudad de México a mitad del sexenio de Adolfo López Mateos.

Joaquín Cordero como Beto, payaso de calle,
libre de ataduras y problemas.

         La cinta inicia con un montaje alterno de personas riendo en las atracciones de un parque de diversiones y la gente que llora en algún entierro de cementerio. Es día de muertos, según se indica en la pantalla, y el grupo está presentando su espectáculo rodeado de mucha gente. En otro momento, Beto va a una mezcla de restaurante y centro de diversiones donde hay mesas de futbolito, así como de juegos precursores de los que ahora se sirven de la electrónica. Ocurre una redada policiaca, algo que era común en este tipo de lugares ya que eran frecuentados por “vagos” (eran los tiempos del regente Uruchurtu y así eran considerados por la policía), aunque previamente ha pedido a Toroncho (Pancho Córdova) que le dé unos “toques eléctricos”, otra de las atracciones usuales que servían para medir la hombría y el aguante de quienes iban soportando el incremento de voltaje al tomar en cada mano dos electrodos, que también servían, en otro aspecto, para calmar los nervios. En otra secuencia se muestra a Beto en el “Rastro y frigoríficos del Distrito Federal” que se encontraba en Azcapotzalco para ver a su amante Leticia, que era el rastro que sustituyó al que Buñuel presentaría lateralmente en La ilusión viaja en tranvía. Y más adelante, cuando muere el borracho Ronson, sus hijos se van a cantar a un camión urbano para sacar dinero, además de que Polo va a robar carteras, algo que Pipirín descubre y hace que le imite, sin éxito, más adelante.

Beto, con los electrodos en cada mano,
para sentir la corriente eléctrica...

         El realizador Gilberto Gazcón (1929 – 2013), perteneciente a una poderosa y tradicional dinastía cinematográfica (Raúl de Anda, Valentín Gazcón), comenzó como guionista desde su juventud. Luego de ser asistente de dirección, por fin alcanzó la posibilidad de ingresar como realizador a la industria. En 1957 filmó El boxeador que le traería premios, llamaría la atención, e hizo que se pensara que había un nuevo director de aliento, pero era simplemente un melodrama estilizado, grandilocuente y efectista: estas fueron las constantes en la carrera del director (Cielo rojo, La cárcel de Cananea, Remolino, Los desarraigados) entre sus 27 títulos. Era un director efectista más que propositivo; técnico eficiente en lugar de reflexivo; tenía muy buen olfato comercial para encontrar los elementos adecuados para sus películas (El mal, Ya somos hombres, Perro callejero). Esto se demuestra en La risa de la ciudad: un elenco estelarísimo (Cordero y Alemán eran actores muy populares), un discurso moralista (arreglar amasiatos, llevar al ladrón por el buen camino, unir a la familia dispersa), un problema social (el caso de los paracaidistas y el problema de la vivienda) eran los grandes temas que permitían utilizar a la ciudad para ilustrar lo que quedaría en melodramas personales.

Leticia se integra al grupo ambulante
para iniciar otra etapa en su vida

         No habrá mayores consecuencias, ni situaciones para reflexionar, solamente el deseo de llegar al final feliz: el carterista, que sabe fabricar excelentes nieves, se irá a venderlas en su carrito. Beto reencontrará a su abuelo y hará que su amante se torne en madre decente. No se sabe qué sucederá con los demás miembros del grupo. Sin embargo, como documento resulta importante y como melodrama, uno que se distingue dentro del género. Lo que debe destacarse de su director es el deseo de hacer un cine diferente en cuanto al cuidado de su manufactura (encuadres correctos, música instrumental como fondo, edición de impacto), una narración impecable y, ya en el camino, dejar constancia de momentos espléndidos, cálidos, imborrables.

Polo y Pipirín buscando dinero 
en el camión urbano para pagar
el velorio de su padre

El director Gilberto Gazcón (1929 - 2013)



 

lunes, 4 de enero de 2021

LA HIPOCRESÍA PIADOSA

 

DOÑA PERFECTA Y CARLOS NAVARRO


Carlos Navarro (1921 - 1969)

         Cuarenta películas y muchas obras de teatro. Un actor a la vieja usanza que alternaba su trabajo fílmico con el escenario. Fue uno de los galanes cotizados de la primera mitad de los años cincuenta que fue alcanzando poco a poco su popularidad y aceptación entre el público. Desde el bit en Ave de paso (Gorostiza, 1945) y Ramona (Urruchúa, 1946), hasta llegar a los papeles secundarios en La dama del alba (Gómez Muriel, 1949) o Rosauro Castro (Gavaldón, 1950) que le hicieron notar en su presencia y calidad para llegar a su primer estelar importante en Doña Perfecta (Galindo, 1950) como el iconoclasta y cosmopolita Pepe que levantaba la furia y el deseo de su tía, matrona de pueblo, dama absoluta, encargada de mantener la religión y las buenas costumbres de la sociedad pueblerina en tiempos de la Reforma (según la adaptación a México de la novela de Benito Pérez Galdós). Y por este papel, Carlos Navarro se ganó el Ariel. A partir de aquí se abrieron las puertas: estaba en plenitud de edad, atractivo, aparte de ser buen actor.

         Doña Perfecta abre con un epígrafe de San Pablo: “…en lo que condenas a otro, te condenas a ti mismo: haciendo, como haces tú, aquellas mismas cosas que condenas.” que bien describe la hipocresía y la conveniencia. Perfecta (Dolores del Río) es una viuda adinerada de provincia, mujer conservadora que vive junto con su hermano Cayetano (Rafael Icardo) y su hija Rosario (Esther Fernández). Recibe una carta de su hermano Juan, quien vive en la capital, para informarle que llegará a visitarle su sobrino Pepe (Carlos Navarro), ingeniero agrónomo que vendrá a ser objeto de amor para la ingenua y sometida Rosario, y objeto de escándalo para Perfecta cuando vaya mostrando sus inclinaciones liberales, su falta de piedad católica, sus relaciones con personas calificadas de inmorales.

         La película va estableciendo las características e ideología de Perfecta y sus conocidos: aunque no se establece el lugar preciso, la geografía indica que es algún estado del bajío mexicano. Comunica a sus amistades que en México el nuevo gobierno está incautando bienes, perjudicando a las buenas familias, pero hay una esperanza: se ha levantado un joven militar llamado Porfirio Díaz para restablecer el orden. Estas esperanzas y anhelos de cambio político (que se dará en poco tiempo) se frustra con las actitudes de Pepe, joven instruido en Europa. La primera señal será el gesto amistoso que tendrá con un capitán del ejército federal apenas camino a casa de su tía (y que un servidor de la mujer le informará), y luego los libros (“Lutero y la reforma de la iglesia”, entre otros) que Perfecta censura y manda quemar por ser contrarios a la religión.

         De esta manera, paulatinamente van quedando al descubierto las intenciones e hipocresías de Perfecta. Es el tipo de mujer que aparentemente es piadosa, observante de la religión, amante del prójimo, pero que en el fondo vive atormentada por sus propias limitaciones, obsesionada por las apariencias y temerosa de quedar en posición vulnerable. Ante la pobreza del pueblo, defiende la existencia de la caridad, porque la gente es rústica y es cristiano protegerla. Sus amistades son semejantes. Está el abogado Inocencio (Julio Villarreal, extraordinario y tan grande como siempre) quien estudió toda la carrera eclesiástica para finalmente sentir que no era digno de recibir la investidura sacerdotal. Viene a ser el equivalente masculino de Perfecta en cuanto a su soberbia de clase que hace pasar por filantropía y devoción. Expresa su alegría de ser abogado para poder apoyar la causa de Dios y recuperar los bienes injustamente arrebatados de la iglesia.

         Pepe es la nueva generación liberal que todavía disfruta de los goces de clase pero va dejando atrás sus ataduras. Expresa que no siguió la carrera de su padre, abogado, porque “obligarse a defender el pro y el contra de una causa es absurdo”, creando así una antagonía entre la sociedad de Santa Fe y su propia ideología personal. Al ser destituido de su cargo, por las malas artes y conspiraciones de Perfecta y la sociedad que la venera, Pepe permanece en el lugar para insistir en su razón y lograr llevarse a su amada Rosario. No obstante, el poder de Perfecta va más allá de sus intenciones y de su voluntad. Su final será trágico. La cinta termina con la frase que cierra la novela de Pérez Galdós: “es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”

Carlos Navarro, Lilia Prado y Mantequilla
en "La ilusión viaja en tranvía"

         Carlos Navarro estaba en los albores de los éxitos que traerá su carrera fílmica. Apuesto, alto y con voz impostada, tenía la personalidad y la presencia para llamar la atención entre los espectadores de cine. En Doña Perfecta aparece “por cortesía de Saisó y De la Serna” que tenían su exclusividad. De la Serna sería quien lo llevaría a Clasa Films Mundiales para filmar varias de las cintas que serán emblemáticas para su carrera Angélica, La cobarde, La vida tiene tres días, Un minuto de bondad, y la que será una de las joyas de Luis Buñuel, La ilusión viaja en tranvía. Hará pareja con Irasema Dilián y filmará ocho películas bajo la dirección de Emilio Gómez Muriel.

Carlos Navarro y Silvia Pinal en "La vida tiene tres días"

         Y alrededor de estas películas estaba su presencia sobre los escenarios. Entre sus demasiadas participaciones en escena está el estreno de Una ciudad para vivir de Ignacio Retes, en 1954, en una producción de Clasa Films para el teatro, donde aprovechaba la oportunidad de darle salida a sus actores exclusivos. También estuvo en el estreno de Cada quien su vida, de Luis G. Basurto, en el Teatro Lírico de México, en 1955, en un papel que repetiría en la versión fílmica de Julio Bracho, cinco años más tarde. La televisión fue otro medio en el cual participó durante la última década de su vida. Moriría en mayo de 1969 a los 48 años.

Carlos Navarro y Joi Lansing 
en "El niño y el toro (Rapper, 1956)

         Debe agradecerse que Carlos Navarro nos haya dejado esas cuarenta películas. En ellas muestra su versatilidad (aunque no se le crea mucho el rol de “Caireles” en La ilusión viaja en tranvía, porque tenía mucha clase para aparentar ser de tipo popular), y pueda ser el joven perseguido y torturado por Rosauro Castro, el compositor frustrado de La vida tiene tres días, el cadáver enamorado de El muerto resucitado, el padre comprensivo de La edad de la tentación o el modisto, único amigo fiel que le quedará a Olga Lang en La estrella vacía. Además filmó una producción norteamericana realizada en México, debido a su buen dominio del inglés, como el hacendado Alejandro en El niño y el toro. Sobre todo, este Pepe combativo y elegante, apuesto y decidido, creyente de sus convicciones cuya pasión le hará ser víctima de una mujer tan hipócrita como Doña Perfecta.

El director Alejandro Galindo