jueves, 11 de marzo de 2021

HUMOR DE CRIMEN

 

EL ESQUELETO DE LA SEÑORA MORALES
1959. Dir. Rogelio A. González Jr.

         El Dr. Pablo Morales (Arturo de Córdova), digno de lástima,  solamente desea estar en paz. Su neurótica, reprimida, frustrada, católica mocha (además de renga) esposa Gloria (Amparo Rivelles, ) vive mintiendo sobre su relación haciéndose exhibir como mártir a la cual el buenazo de su marido, ¡golpea! Pablo quiere comer y saborear a gusto el filete que le prepara Meche (Rosenda Monteros), la sirvientita de quien siente celos Gloria, por su juventud; anhela tener una cámara fotográfica para retratar al mundo que le rodea y que disfruta: niños, perros callejeros, amigos de cantina; siente deseos carnales por Gloria, porque al final de cuentas es su mujer. Sin embargo, al comer, Gloria hace muecas de asco ante la carne podrida como la de los animales que Pablo diseca; hace añicos la soñada cámara comprada con ahorros de dos años; pide que su marido se lave las manos con alcohol antes de que la pueda tocar lúbricamente, provocando que el deseo se evapore de inmediato.

 El deseo carnal se evapora ante los ascos de la Sra. Morales...

         Basada en el relato corto “El misterio de Islington” de Arthur Machen, escrito en 1927, donde el autor se cuestionaba al crimen perfecto, poniendo como ejemplo al personaje (ficticio) del taxidermista Boare, en la Inglaterra de principios de siglo veinte, la película se adapta al México de finales de los años cincuenta añadiendo el fanatismo religioso, que seguía siendo herencia de tiempos pasados, en contraste con la modernidad de una cámara fotográfica, importada, de 35mm, además de un televisor donde se exhibía, improbablemente, un programa donde aparecía una desnudista con los pechos al aire. Pablo y Gloria viven en una casona destartalada, cercana a una iglesia, al lado de dos vecinas solteronas (Meche Pascual y Paz Villegas), ratas de sacristía, que siempre están al pendiente de la sufriente Gloria, la cual lanza falsos gritos donde le pide a su marido que ya no le pegue, para ser escuchada en el exterior de la vivienda. En sus tertulias generales o en sus reuniones confesionales con el sacerdote Artemio Familiar (Antonio Bravo, en el mejor papel de su carrera fílmica), Gloria ha creado toda una ficción en contra del manso y sometido hombre quien es el blanco de sus frustraciones.

 El Dr. Morales en uno de sus momentos felices, discutiendo con sus amigos de cantina sobre la posibilidad del crimen perfecto...

         La adquisición de su cámara viene a darle un remanso de paz y felicidad. Todo va bien hasta que Gloria, dentro de sus constantes reclamos e ira, la destruye gratuitamente, como ha acabado con los sueños de Pablo. Toda paciencia tiene un límite y el taxidermista decide envenenarla, pero con toda la inteligencia y calma que su discusión sobre el crimen perfecto le ha permitido reflexionar. Anuncia que Gloria se ha ido de casa y, a pesar de los reclamos de sacerdote, vecinas y hasta la hermana de la mujer, él no se inmuta. Cierto día, aparece un esqueleto con la artrosis de la rodilla, provocando gran escándalo y todo tipo de acusación.

 La anhelada cámara fotográfica que la Sra. Morales destruirá para que se derrame la gota del vaso de la paciencia del Dr. Morales...

         Ejemplo de comedia con humor negro en el cine mexicano, El esqueleto de la señora Morales es una delicia. Equívocos y guiños para el espectador: Pablo tiene como dulce cómplice a la sirvienta Meche quien lo compadece y comprende porque ella misma es víctima de Gloria. Crítica sutil hacia los santones de vecindad: La mujer pertenece a una cofradía que incluye a un ridículo historiador, además de las dos solteronas, y otra mujer, que trabajan para la restauración del altar de Santa Rita. Retrato conmovedor del marido sometido: Pablo sufrirá abuso verbal por el sacerdote y físico por su cuñado (Luis Aragón); su felicidad es ajena al ser testigo de la vida familiar, normal, en la persona de la dependienta (Elda Peralta) que le vende la cámara. Y, a pesar de un conveniente final regido por la moral y las buenas costumbres de la época (no hay crimen sin castigo), no deja de ilustrar las ironías del destino.

 El sacerdote Artemio (Antonio Bravo, genial) descubriendo el esqueleto con la artrosis de rodilla que también padecía Gloria...

         Algo que debe destacarse (y que es muy notorio en la copia de alta definición) es la extraordinaria fotografía de Víctor Herrera. Todavía se estaba en la etapa de cuidado técnico y filmaciones en estudio (aunque hay un par de secuencias en locaciones) que permitían calidad de imagen, además del contraste nítido del blanco y negro. Por otro lado, la escenografía de Edward Fitzgerald es impecable: las imágenes religiosas, los cuadros llenos de “milagros”, el taller de taxidermia con su buñueliano horno (que aquí crema: no hornea cerámica ni derrite maniquíes de cera) o los exteriores de la casona en una especie de callejón que tiene edificio en malas condiciones, al lado de la casa de las solteronas y otros comercios. Por su parte, tanto Arturo de Córdova como Amparo Rivelles están soberbios. De Córdova confirmaba su estatus como actor prestigioso, ya en galán otoñal (tenía 50 años al filmar esta cinta). La española Rivelles había iniciado su carrera muy joven, con gran éxito, en 1941, a los dieciséis años de edad, como Amparito Rivelles, haciendo pareja con los galanes de moda (Alfredo Mayo o Rafael Durán, entre otros). El esqueleto de la señora Morales fue su segunda cinta mexicana y, a partir de ella, inició una carrera estelarísima e importante tanto en la televisión como en el cine de México, porque en España ya había descendido en los roles que interpretaba.

Las solteronas y el sacerdote, escandalizados ante el esqueleto que afirman  que debe ser de la Sra. Morales. Una extraordinaria composición fotográfica de Víctor Herrera,  y usual en el director.                     

         1959 fue el primer año del sexenio de Adolfo López Mateos, a quien la industria del cine mexicano le rindió una bienvenida espectacular ya como candidato electo a la presidencia. Su período tendría este tipo de intentos diferentes al grueso de la producción usual (Macario o Días de otoño o El ángel exterminador, entre otras) y cerraría con la convocatoria del Primer Concurso de Cine Experimental. Luis Alcoriza fue el argumentista y adaptador de esta película en el mismo año que crearía el guion de otra obra excepcional (El toro negro), y un año antes de su debut como director (Los jóvenes). Rogelio A. González tendría siempre una carrera fílmica de vaivenes en cuanto a calidad, discurso, o por mera supervivencia. En esta cinta encontró el tono preciso, exacto, con gran sentido de humor oscuro que le era querido y cercano: la risa y el asombro surgían de situaciones que, en el fondo, eran terribles porque ¿qué puede causar risa al mostrar a una pareja que se vive flagelando hasta llegar al crimen por parte de uno de ellos? Se requiere talento para lograrlo (basta con revisar su filmografía), y esta película es un gran ejemplo. Una de las Opus Magnum del cine mexicano.

 Un guiño del director, mostrando a una desnudista por televisión, algo imposible para esos años...

...y aquí está el regiomontano Rogelio A. González, Jr.
Uno de los grandes realizadores del cine nacional



 

 

 

 

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