viernes, 25 de marzo de 2016

CENTENARIO DE UN GRAN ACTOR


STERLING HAYDEN
(26 de marzo de 1916 – 23 de mayo de 1986)

 


            Nació en Nueva Jersey y murió en California. Fue de espíritu aventurero y desde jovencito se empleó en barcos con los cuales recorrió el mundo en varias ocasiones. En 1941 fue contratado por la Paramount para iniciar una carrera de altibajos. Apareció en muchas cintas del oeste aunque los títulos que lo distinguieron se encuentran entre las mejores de la historia del cine. Sterling Hayden fue bautizado por los publicistas como El hombre más hermoso del cine o El hermoso y rubio dios vikingo, para explotar su juventud y buena apariencia. Por fortuna, con el tiempo demostró que era un actor capaz y se convirtió en presencia de culto.
 

Mientras la ciudad duerme

             Entre las películas que lo muestran con todo su esplendor y calidad histriónica pueden enlistarse: Mientras la ciudad duerme (The Asphalt Jungle, 1950, John Huston), ejemplo del mejor cine negro de la época al interpretar a Dix, un ladrón de joyas que se ve envuelto en un engaño por parte del tipo que había organizado el asalto. Fue la cinta donde Marilyn Monroe comenzó a llamar la atención.
 
Lágrimas amargas

            Lágrimas amargas (The Star, 1953, Stuart Heisler) es un melodrama sobre el mundo del cine. Una estrella en bancarrota (Bette Davis), ganadora del Óscar, insiste en seguir con sus poses de diva. Va descendiendo en sus intentos de retorno al mundo del cine. Debe refugiarse en su ex esposo (Hayden) que alguna vez fue actor pero dejó la carrera al darse cuenta de su falta de talento.
 

Mujer pasional

            Mujer pasional (Johnny Guitar, 1954, Nicholas Ray) en donde aparece como un ex pistolero profesional que llega para ayudar a su amiga Vienna (Joan Crawford) contra los terratenientes locales que quieren echarla del lugar. Una cinta del oeste que se centra en pasiones y deseos ocultos de sus protagonistas.

 

El vengador de su padre

            El vengador de su padre (Terror in a Texas Town, 1959, Joseph H. Lewis) es otra cinta del oeste aunque su trasfondo es oscuro debido a la ambición de un hombre por poseer un terreno que contiene petróleo. Al asesinar a su dueño, llega el hijo (Sterling Hayden) quien tendrá que tomar cartas en el asunto para sobrevivir.


Dr. Insólito

            Dr. Insólito (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964, Stanley Kubrick) donde interpreta al General Brigadier Jack D. Ripper, enloquecido y paranoico, que ordena que se lancen bombas contra la URSS ya que piensa que habrá una invasión del enemigo. Al no poderse detener la orden, inicia la 3ª. Guerra Mundial.

El padrino

            El padrino (The Godfather, 1972, Francis Ford Coppola) lo muestra como el corrupto Capitán McCluskey que paga su traición a manos de Michael Corleone. Es un papel corto, pero memorable. Cuatro años más tarde estaría en 1900 (Novecento, 1976, Bernardo Bertolucci) al lado de Burt Lancaster, como parte de tributo a sus personalidades por el realizador italiano.

1900
 
            Hayden utilizó al cine para obtener dinero y, de esa manera, cubrir los gastos de su gran pasión que era la navegación. En realidad detestaba al medio pero le era necesario. Fue testigo “amistoso” cuando la cacería de brujas en Hollywood, aunque nunca dio nombres de personas que no habían sido ya identificadas. Por otro lado, escribió su interesante autobiografía y una novela. Fue candidato a interpretar a Quint en Tiburón (1975, Spielberg) pero por problemas personales le fue imposible. No importa, tenemos más de 60 películas que nos permiten seguir disfrutándolo. Gran personalidad. Había que rendirle tributo en su centenario.
con Gloria Grahame
con Barbara Stanwyck
 
 
 
 
 

miércoles, 16 de marzo de 2016

ES LUPE, LUPITA MI AMOR...


AMOR A RITMO DE GO GO
1966. Dir. Miguel M. Delgado.




            Luces de colores amarillas y rosas, que luego en tomas abiertas añadirán al rojo y naranja (aunque quizás se deba al deslave del tiempo sobre la copia que ha llegado hasta nuestros días) aparecen sobre un fondo negro mientras se escuchan los primeros compases de “Es Lupe” interpretada por Los Rockin Devils, cuyas sombras se proyectan antes de que podamos verlos físicamente. Escenas de jóvenes bailando á go go con los saltos rítmicos y los brazos moviéndose alrededor de sus cabezas. Desde una toma sobre su trasero con vestuario dorado aparece Rosa María Vázquez como la bailarina principal Lupe (precisamente) quien posteriormente estará sobre una tarima, lo mismo que su amiga Leonor (Leonorilda Ochoa) y el artista op art Héctor (Arturo Cobo), responsable de la escenografía (la frase “a go go” aparece multitud de veces, junto con notas musicales). De pronto la música del grupo se encadena con los acordes de la Orquesta de Leo Acosta para que termine la canción. Una panorámica al exterior del lugar nos informa que hemos estado en el “Cafe A Go Go”, con letras en neón, sobre uno de los edificios de los Estudios Churubusco que antes y después hemos podido ver (o veremos) en otras películas.
 


            Llega el millonario Guillermo de la Vega (Raúl Astor) que propone a la quejosa y cansada Lupe la entrega de un automóvil a cambio de su entrega. Ella reclama y el hombre, entonces, cambia su oferta: el auto por siete lecciones de baile, los domingos a las siete, por setenta minutos. Como Lupe no sabe manejar, Guillermo incluye lecciones en su pacto. Inmediatamente se corta a las notas de “Las rejas no matan” mientras se ven calles nocturnas de la Ciudad de México y se empieza a escuchar la voz de Raúl (Javier Solís) quien trae de compañero en su auto, con doble control (o sea con doble volante) a su socio Lucio (Eleazar García “Chelelo”) quienes son dueños de una escuela de manejo, con un único vehículo que, casualmente, se le adeuda al millonario Guillermo. Por este motivo, Raúl conoce a Lupe quien lo invita a pasar al café para que la vea, a lo que el joven se niega porque está negado para el baile. De todos modos entra y se nota su disgusto, sobre todo cuando Lupe aparece con un bikini rojo, con mechas, para bailar “Watusi Go Go” que cantan Los Hooligans. Raúl se encuentra con Guillermo quien le recuerda su adeudo, antes que el mismo grupo interprete “Oh, qué flojera”. Lucio, por su parte, conoce a Leonor y se prenda de ella cuando lleva al lugar a una vieja alumna (Carlota Solares) quien lo pretende románticamente cuando Los Rockin Devils interpretan “Si soy graciosa”.

 


            Al terminar las lecciones, Lupe y Raúl van a celebrarlo frente al Lago de Chapultepec donde le declara que le gusta. Siguen con otra cita “a la antigüita” donde se confiesan sus ambiciones y sueños. Lupe tiene veinte años, no ha tenido novio y no tiene nada de qué avergonzarse. Raúl le responde que no es muy viejo, algún día tendrá dinero y podrá casarse con una muchacha de veinte años que no tenga nada de qué avergonzarse. Pasan a bailar mientras Raúl le canta “Espera, espera”. Luego, Lupe está bailando “Bule Bule”, con un bikini blanco, mientras Lucio y Raúl, además de Guillermo, se encuentran entre el público, cuando llega una pandilla que se acerca hacia la bailarina para besarla y tocarla. Empieza una lucha campal. Lupe declara que todo fue su culpa y que se retirará del baile ya que no es su camino. Al quedar solos Raúl y Guillermo se enfrentan disputándose a Lupe quien se entera de ello y se enoja. Guillermo ejerce presión con el adeudo por lo que Leonor le entrega a Lucio sus ahorros, sin que Lupe lo sepa, para salvar la escuela de manejo. Raúl se siente herido en su dignidad, Lupe le reclama, Raúl le entrega los papeles de la escuela y se va a emborrachar cantando “Te necesito” hasta que va a verla para reconciliarse. Le pide que imaginen que están solos y entonces le canta “Infierno y gloria”. Leonor le cuenta a Guillermo que Lupe está enamorada de él y que lo mejor que puede hacer es alejar a Lucio y Raúl enviándolos a Veracruz a una de sus oficinas. Guillermo acepta, lo anuncia en un gran final donde todo el elenco canta “Amor a ritmo de go go”. Durante el mismo, las dos parejas escapan y dejan un recado a Guillermo agradeciendo su apoyo. En el auto con doble volante, todos se besan.




            Amor a ritmo de go go fue la película que estableció a este tipo de baile en su etapa de salida, cuyo auge había iniciado gracias a la televisión y a los grupos musicales de moda. Vino a ser el equivalente, para otros ritmos, de Al son del mambo (Chano Urueta, 1950) o Twist, locura de juventud (Miguel M. Delgado, 1962). La marca disquera Orfeón producía el programa Discotheque Orfeón a Go Go desde 1965 explotando la moda impuesta en Nueva York con chicas en minifalda y botas que bailaban sobre tarimas, dentro de “jaulas”, dando paso al sucesor del popular Twist y del Surf (que de hecho, la propia marca Orfeón había alentado con un programa antecesor llamado Premiere Orfeón, donde aparecieron César Costa, María Eugenia Rubio o Bill Haley y sus Cometas en su etapa twistera mexicana). Ahí estuvieron muchos de los ídolos juveniles que Orfeón tenía en exclusividad (entre ellos Los Rockin Devils, Los Hitters, Los Belmont’s, entre otros). Una conductora fue la actriz Andrea Coto y una de las bailarinas estelares era Lucía Guilmáin. Fue un gran éxito entre los jóvenes de aquellos tiempos. Ya en 1965 el “a go go” había sentado sus reales en dos cintas de Gilberto Martínez Solares (Los perversos y Juventud sin ley). Al iniciar el año siguiente estaría, por ejemplo, Acapulco a go go (Arturo Martínez). Siguiendo esta moda llegó Amor a ritmo de go go, filmada en 1966 y estrenada ese mismo año para aprovechar el reciente fallecimiento de su estrella masculina Javier Solís (acaecido en abril de ese año).




            La película establece a la ciudad (Lupe, Leonor y Guillermo) contra la provincia (Raúl y Lucio), ya que se definen sus orígenes. Lupe es moderna, baila para ahorrar y conseguirse comodidades. Raúl, llegado de provincia junto con su compañero Lucio, se esfuerza por salir adelante para luego tener dinero y casarse con una buena muchacha. El conflicto es mínimo: los esfuerzos del poderoso Guillermo por seducir a Lupe se ven derrotados cuando la muchacha apuesta por su honradez y por la pasión que le despierta el simplote de Raúl. No es de extrañarse que en una pelea, Raúl derrote al millonario; luego sea engañado para emplear a los amigos provincianos en una sucursal mercantil ¡de provincia! a donde escapan las parejas enamoradas. Otra vez la perversa ciudad pierde su infernal batalla contra la pureza del interior del país.

 
Todo esto ocurre mientras se suceden los números musicales del ritmo de moda. El falso e inexistente Café a go go es un mero jacalón (algún foro inmenso de los Churubusco) donde los grupos, la orquesta y las mínimas escenografías se colocan sin mayor ciencia. Y ocurre algo que era común entre productores y directores ya maduros: colocar a figuras del pasado entre los elencos juveniles, quizás para darle gusto a todo público o con la idea de integrar a los más jóvenes a sus orígenes. De ahí que, sin mayor sentido ni justificación, aparezca Tongolele con sus movimientos tropicales adaptados a los acordes de la orquesta de Leo Acosta.




Fue la penúltima cinta de Javier Solís (1931 – 1966) que se había convertido en gran ídolo cantante del público latinoamericano. Rosa María Vázquez (1943) era estrella del cine nacional: había llamado la atención al lado de Cantinflas (El padrecito, 1964) y mantenía una carrera constante que terminaría con Besos, besos y más besos (José Díaz Morales, 1969) para casarse y retirarse a la vida privada. Raúl Astor (1925 – 1995) había sido productor y director de televisión, con bastante éxito, y solamente apareció en seis películas. Leonorilda Ochoa (1939) fue comediante surgida de la televisión (Chucherías) que haría este tipo de roles secundarios en comedias fílmicas para luego retornar con gran éxito al medio casero (Los Beverly de Peralvillo). Chelelo (1924 – 1999), cómico norteño, destacado en la popular Viento negro (Servando González, 1964), seguiría una larga carrera en el cine ranchero, de narcotraficantes, mojados e ilegales.


Los Rockin Devils

La trama y el guion se debieron al veterano Adolfo Torres Portillo (1920 – 1996) que había sido el argumentista de una delirante cinta sobre posible incesto de Emilio Fernández (Cuando levanta la niebla, 1949) y entre sus créditos se encuentran grandes éxitos taquilleros que van desde La llorona (Cardona, 1959) y Guadalajara en verano (Bracho, 1964) hasta que entrados los años ochenta escribió Lagunilla, mi barrio. Y la dirección fue de Miguel M. Delgado (1905 – 1994), prolífico realizador del cine nacional, cuya carrera incluye la mayoría de las películas de Cantinflas y varios títulos destacables (Cárcel de mujeres, 1951, entre varias cintas de intriga policiaca y suspenso psicológico de esa misma década de los años cincuenta).
 

Amor a ritmo de go go no es una obra maestra pero tiene sencillez y no resulta pesada. El reparto tiene su carisma. Posee la ventaja de ser un documento de su tiempo: la atmósfera, la música, las tomas del Distrito Federal, muestran una manera de ser y una forma de entender los gustos musicales de esos tiempos (la mezcla de música ranchera y bolero al lado de los grandes éxitos juveniles del año anticipan el fenómeno que actualmente vivimos donde los gustos han expandido sus límites: lo que hace años resultaba ser música vulgar ahora se acepta sin discriminaciones por la mayoría clase media). Y es la apoteosis de un ritmo. Más adelante vendrían otras tendencias, otros bailes, los cambios de actitudes, las rebeldías extremas. Y es la culminación de la ingenuidad y los valores: una joven que rechaza un automóvil porque no quiere tener nada de qué avergonzarse, ya pertenecía al pasado.




¿Por qué seleccionarla para hablar de su cincuentenario? Porque es el recuerdo del Cine Elizondo donde se proyectó y todavía era símbolo de una ciudad amable y confiable. Porque todos alimentamos y nutrimos placeres que permanecen inexplicables (e inolvidables), aún con el paso del tiempo. Porque el cine, con su extraordinaria cualidad de levitación, nos transporta hacia experiencias que inflaman el alma. Porque nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Porque las películas nos suceden en algún momento de nuestra vida y se convierten en detonantes de recuerdos. Porque de Javier Solís se conmemorarán el 19 de abril las cinco décadas de haber fallecido. Porque “Lupe es la linda dueña de mi amor y todos los de la prepa la quieren conquistar…”.

 

 

jueves, 3 de marzo de 2016

EL PRECIO DE SER HOMBRE


TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS
(Ostre sledované viaky)
1966. Dir. Jirí Menzel
 


            En los años sesenta, los movimientos fílmicos en muchos países dieron lugar a la entrada de nuevas voces y variadas temáticas. Checosolovaquia no fue la excepción y sus películas comenzaron a deslumbrar en festivales de cine y a distribuirse por el mundo. A México nos llegaron las cintas que alcanzaban a colarse en la programación de la Reseña de Cine (antecesora de las siguientes Muestras Internacionales de Cine) que se celebraba en Acapulco y luego se repetía en la Ciudad de México. En Monterrey se pasaban por los extraños milagros de la distribución y de esa manera pudimos conocer, aunque en únicos días o pocas exhibiciones Un día, un gato (Vojtech Jasny, 1962), Los amores de una rubia (Milos Forman, 1965), La tienda en la calle mayor (Kadar y Klos, 1965), El niño y la guerra (Karel Kachyna, 1965) o Las pervertidas (Vera Chytilová, 1966), además de la que comento en este artículo.

Un día, un gato
 
Los amores de una rubia
 

            Jirí Menzel (1938) forma parte del grupo cuyas obras cinematográficas ahora han quedado en un momento brillante en la historia del cine checoslovaco. Nombres como Forman, Schorm, Nemec o Chytilová, brindaron al mundo tramas que mostraban cierta rebeldía ante el orden establecido, denuncia contra las injusticias del pasado, además de impartir cierto sentido transgresor del humor. Los legendarios Estudios Barrandov en Praga (considerados como el Hollywood del Este ya que todavía en nuestro tiempo sirven como base para filmación de cintas nacionales e internacionales: un ejemplo reciente sería Casino Royale) fueron la casa para su realización. Por otra parte, el hecho de que algunos títulos fueron seleccionados dentro de las nominaciones al Óscar, permitieron su mayor distribución (en 1966, La tienda en la calle mayor ganó el premio como mejor película extranjera; al año siguiente Los amores de una rubia estuvo entre las nominadas aunque perdió ante la taquillerísima Un hombre y una mujer, procedente de Francia). Trenes rigurosamente vigilados fue la mejor película extranjera, aparte de otras nominaciones (Los Globos de Oro o los ingleses BAFTA).

Cartel publicitario norteamericano donde
se exageran las situaciones sexuales


            Milos (un espléndido Václav Neckár) es un joven recién salido de la escuela que consigue el empleo como controlador de trenes en la estación de un pequeño pueblo checoslovaco durante la Segunda Guerra Mundial. De esta manera, su labor consistirá en pocas maniobras cotidianas, mínimo esfuerzo, para pensar sobre todo en el sexo y su gran deseo será perder la virginidad. Luego de un fallido intento con su amiga Masha, el joven decide suicidarse cortándose las venas ya que no puede ser hombre. Es rescatado a tiempo y un médico (el propio realizador) le aconseja que tenga ánimos, busque a una mujer experimentada y que piense en otra cosa mientras fornica para evitar la eyaculación precoz. Milos empieza su búsqueda hasta que cierta noche llega una mujer de la resistencia con una bomba que deberá colocarse en uno de los trenes rigurosamente vigilados por los alemanes ya que su cargamento consiste en armamentos. Milos pasa la noche con esta mujer y despierta satisfecho, con toda la intención de apoyar en el lanzamiento de la bomba. Lo logra, pero uno de los soldados alemanes le acribilla y muere.

El extraordinario Vacláv Neckár
como Milos
 
La madre ayuda al hijo en su
primer día de trabajo
 
Milos encuentra a su amiga Masha
con la cual desea tener sexo
 

            La película muestra a un joven común y corriente, con los deseos naturales de experimentar el sexo. Milos es un muchacho sencillo, sin mayores ambiciones, pleno ejemplo de la inocencia sin experiencia que, como suele suceder, se aterra ante la primera posible experiencia. Su fracaso le hace pensar, dentro de esa simpleza emocional, que no habrá futuro para sus anhelos y llega a la apresurada convicción de que es mejor quitarse la vida a ser virgen por siempre. Como contraste, su supervisor en la estación, Hubicka (Josef Somr) es un delicioso cínico, sensual y hedonista, que llega al grado de seducir a la joven telegrafista del lugar, marcándole nalgas y piernas con los sellos oficiales, antes de pasar al coito. Hubicka es, sin que se sepa hasta el final, alguien que participa en una velada resistencia antinazi. De esta manera, sexo y heroísmo se conjugan para mezclar una forma muy particular de definir el término de hombría.

El libidinoso Hubicka, supervisor
del joven Milos
 
El torpe jefe de estación de trenes


            Menzel muestra lo cotidiano en este lugar contrastante: una condesa que goza de privilegios ante un jefe de estación torpe que ambiciona subir de puesto dentro de sus limitaciones naturales. Por otro lado está la historia familiar de Milos: el abuelo, creyendo poseer el don del hipnotismo, fue aplastado por un tanque al intentar detenerlo con la mirada; su padre es un holgazán que se pensionó tempranamente de su empleo, también en los trenes, heredando el sentimiento al jovencito. No se siente la invasión nazi en este pueblo, pero se encuentra en la atmósfera. El requerimiento de héroes está disfrazado ante las pasiones humanas. Cuando sucede el fallido encuentro entre Milos y Masha en el estudio fotográfico de un tío de la muchacha, ocurre un bombardeo que destroza el espacio: una metáfora paralela de la derrota entre el oprimido ciudadano, impotente ante la situación política, y el joven aniquilado por la disfuncionalidad sexual. Por eso, las cosas cambian: el éxito sexual de Milos le dan la fortaleza para ser, y considerarse, hombre. No le importa nada: hay que vencer al enemigo, pero la realidad es más amarga. Ser hombre tiene su precio.

 
Milos en el hospital luego de su intento
de suicidio, el médico (el director Jirí Menzel)
le aconseja buscar una mujer mayor
 
Las nalgas con el sello oficial
 
La mujer que hará "hombre" a Milos
 
Luego de la explosión del tren,
se desata un fortísimo viento


            A México llegó hasta 1970. En el Distrito Federal estuvo muchas semanas en la llamada Sala de Arte Regis (que se destruyó con el terremoto de 1985) y a Monterrey nos llegó al Cine Rex. Ahora cumple su cincuentenario. Menzel continuó filmando, aunque la invasión soviética a Checoslovaquia mermó posibilidades de expresión. Su siguiente película internacional Verano caprichoso llegó a la última reseña de Acapulco pero tuvimos que esperar muchos años para disfrutarla por el videocassette. En los años noventa llegó otra de sus cintas a nuestro país Pájaros en el alambre que había filmado en 1969 pero fue prohibida por la censura soviética y tuvo que esperar años para su estreno. Sigamos honrando a 1966, un año maravilloso para la producción cinematográfica mundial.

Verano caprichoso (1968)
 
Pájaros en el alambre (1969 ), estrenada hasta 1990.

domingo, 28 de febrero de 2016

CINCUENTA AÑOS DE LA PELÍCULA CINCUENTA DE HITCHCOCK


CORTINA RASGADA
(Torn Curtain)
1966. Dir. Alfred Hitchcock.

 


            El profesor Michael Armstrong (Paul Newman) viaja en un barco noruego hacia Estocolmo a un congreso de física. Lo acompaña su asistente y novia, la Dra. Sarah Sherman (Julie Andrews). Ya en tierra, la mujer se entera que Michael hará otro viaje y le pide a ella que se regrese a Estados Unidos. No hace caso y lo sigue hasta Alemania Oriental donde se impacta al saber que va a desertar de Estados Unidos para ir a vivir tras la Cortina de Hierro ya que el gobierno le ha impedido continuar con sus investigaciones sobre armamento antimisil.  En realidad, Armstrong está fingiendo esta situación para arrancarle un secreto a un viejo científico en la Universidad de Leipzig por lo que la mujer decide seguir adelante con su juego. Luego de embaucarlo para que le confiese una fórmula, es descubierto y ambos deben escapar hacia Suecia, luego de varias peripecias.



            Esta cinta cincuentenaria (filmada a finales de 1965; estrenada hasta 1967 en Monterrey) marcó también el título número cincuenta en la filmografía del gordo mago del suspenso. El guión original de Brian Moore no le gustaba tanto al realizador. Lo envió a diversos escritores para que le dieran opinión (entre ellos, los populares italianos Age y Scarpelli, guionistas de El bueno, el malo y el feo o Casanova 70 o Seducida y abandonada entre muchos otros títulos), que le indicaron la falta de humor. Sin embargo, Hitchcock tuvo que iniciar rodaje. Siempre estuvo de acuerdo con Paul Newman quien demostró gran interés por su rol (le envió un memorándum indicando 14 diversos puntos, a los cuales Hitchcock respondió con sarcasmo) pero tenía dudas con Julie Andrews, oscareada por Mary Poppins y recién salida del rodaje de La novicia rebelde, aunque finalmente la cinta funcionó.
 
 

            Dentro del estereotipo que era común en el cine norteamericano de antaño, al principio resulta poco creíble que Paul Newman sea científico y profesor universitario, como pasaba en El premio (1963, Mark Robson) donde era un joven escritor laureado con el premio Nobel de literatura. Lo que viene a salvarlo es cuando inicia la intriga: hay una secuencia del asesinato de un agente enemigo que lo perseguía. Está filmada sin fondo musical y la forma en que se resuelve es tan elaborada que uno termina por aceptarla. Newman estaba en el imaginario colectivo como aventurero seductor y cínico: de hecho Hitchcock aprovecha el pretexto de una caída para quitarle la camisa mientras se le pone un vendaje por sus costillas lastimadas y así ganarse al público admirador del magnetismo que poseía este actor en dicha edad (40 años). Lo que resulta contrastante es mostrar a Julie Andrews en cama con Newman donde han hecho el amor y se disponen a continuar, después que ella se había distinguido por papeles blancos donde cantaba (algo que aquí no hace). No olvidemos a las rubias frías de Hitchcock, pero este era un caso extremo.

 

            En su momento fue un fracaso crítico pero no así de taquilla (el eterno divorcio entre lo exquisito y lo popular) y vista ahora, resulta ser un resumen de la filmografía previa de su realizador. La película tiene elementos de espionaje como sucedió en Corresponsal extranjero (1940) o Saboteador (1942); hay una pareja que finge desprecio amoroso para esconder un secreto como en Tuyo es mi corazón (1946); aparece una secuencia en el campo que es variante de Intriga internacional (1959); hasta hay un momento en un teatro como pasaba en En manos del destino (1956). Además, ese buen resultado con el público es ahora más notorio con el paso del tiempo. La cinta está filmada sobre todo dentro de la Universal, y se nota, pero son esos toques y esa manera de narrar con sus formas fotográficas, que la equiparan a lo mejor de su producción. Fue la primera película donde ya no tuvo a sus colaboradores de cabecera: el musicalizador Bernard Herrmann se enojó cuando Hitchcock no aceptó la partitura propuesta por solicitud de la Universal, el fotógrafo Robert Burks pasó a otros proyectos y el editor George Tomasini murió repentinamente luego de Marnie.



            Cortina rasgada fue filmada durante la llamada Guerra Fría entre los países socialistas y los Estados Unidos. Era buen pretexto para mostrar la falta de escrúpulos de quienes eran considerados enemigos y amenaza para la paz mundial por medio de un cuento de espionaje con sus dosis de crueldad, al presentar a un personaje que atravesaba la Cortina de Hierro. Hitchcock aprovechó, paradójicamente, la presencia de dos personalidades laterales del cine norteamericano, pero ¡de ascendencia rusa!: la bailarina Tamara Toumanova quien había hecho un papel estelar en Días de gloria (1944, Jacques Tourneur) donde había debutado Gregory Peck, además de otros papeles pequeños; aparte Lila Kedrova quien había ganado el Óscar como actriz secundaria por Zorba el griego (1964, Michael Cacoyannis). Una buena experiencia que vale la pena repetir por su cincuentenario.

Tamara Toumanova
Lila Kedrova



Como en todas sus películas, Hitchcock
aparece en el lobby del hotel al cual
llegan los protagonistas en Suecia,
cuidando a un bebé.

           

 

domingo, 21 de febrero de 2016

EL ARTE ES ILUSORIO


BLOW UP
(Deseo en una mañana de verano)
1966. Dir. Michelangelo Antonioni.


            Al mismo tiempo que se ve a un grupo de mimos que viaja ruidosamente en un automóvil por las calles londinenses, alternamos la visión de Thomas (David Hemmings) quien es un importante fotógrafo. Lo conocemos al salir, temprano por la mañana, de un albergue, vestido con ropa sucia y sin afeitar, con una bolsa de estraza. Camina unas cuadras y aborda un Rolls Royce convertible para dirigirse a su estudio, sacando una cámara de la bolsa. En su trayecto se topa con los mimos, que ahora andan caminando, pidiendo dinero a la población. En el estudio lo espera una modelo (Verushka) con la cual lleva a cabo una apasionada sesión fotográfica. Luego pasa a otra toma de fotos con unas modelos, pero se desespera y las deja. Visita a un vecino, pintor (John Castle) que tiene problemas de creación y otros maritales con su mujer (Sarah Miles). Luego va a una tienda de antigüedades que desea adquirir pero al no encontrar a la dueña, pasa a un parque cercano para tomar fotografías.


            Ahí encuentra a una pareja que se mueve amorosamente por el lugar, los sigue, la mujer abraza al hombre, y todo lo va fotografiando Thomas hasta que ella se da cuenta de su presencia al cual se dirige para exigirle que le entregue el rollo de la cámara. Thomas se niega y la mujer se va. El fotógrafo pasa entonces a un restaurante donde se encuentra con su agente Ron (Peter Bowles) al cual muestra su portafolio de imágenes con miserias humanas cuando se da cuenta, por un ventanal, que un hombre se acerca a su automóvil, intentando abrir la cajuela. Thomas sale y el tipo se aleja. Más tarde, al llegar a su casa, aparece la mujer del parque quien vuelve a pedirle las fotos del parque. Thomas le entrega un rollo distinto y luego tiene un escarceo amoroso con la mujer quien se va. Intrigado, revela las fotos y empieza a estudiarlas. Nota algunos detalles que lo llevan a ampliarlas y hasta a retomarlas para lograr mayores dimensiones. Entonces descubre que hay una pistola que apunta al hombre mientras abraza a la mujer.


            En ese momento llegan dos jovencitas que deseaban que Thomas les hiciera una sesión fotográfica y quienes se desnudan para seducirlo y tener relaciones sexuales. Al terminar, Thomas se dirige hacia su estudio y encuentra que se han robado todo: rollo y fotografías sin dejar huella alguna de su descubrimiento. Busca a sus vecinos para contarles la situación pero los encuentra haciendo el amor. Sale de casa para ir a casa de su agente, pero en el camino ve a la mujer del parque que se mete por un callejón. La sigue, entra a un espacio con jóvenes que escuchan a un grupo musical (The Yardbirds), pero no logra encontrarla. Thomas va al parque donde encuentra el cuerpo del hombre que acompañaba a la mujer de las fotografías. Más tarde va hacia la casa de Ron pero tiene una fiesta donde todos los asistentes están drogándose. El mismo agente no está en condiciones para escucharlo y Thomas mismo queda dormido. Por la mañana, va al parque. Ya no está el cuerpo. Llegan los mimos del prólogo que entran a una cancha de tenis donde representan un imaginario juego. De pronto, la inexistente pelota sale de la cancha y la mima jugadora le pide a Thomas que se la devuelva. El hombre recoge el objeto imaginario y lo lanza para que se retome el juego, ahora con sonido de raquetas y golpeteos. Thomas se queda mirando. De pronto desaparece de la pantalla.

            Blow Up fue la primera cinta en inglés del maestro Michelangelo Antonioni (1912 – 2007) luego de haber alcanzado premios y fama por festivales del mundo. Su cine, dirigido hacia los circuitos denominados “de arte”, tenían gran aceptación en muchos países. Gracias a ello, el productor Carlo Ponti le ofreció un contrato por tres películas que serían distribuidas por la poderosa MGM. Antonioni había leído el cuento Las babas del diablo de Julio Cortázar, incluido en el libro Las armas secretas (1959) y se interesó por lo que significaba el mecanismo de la fotografía y no en la trama final (un fotógrafo captaba – y evitaba – la seducción de que era víctima un jovencito por una mujer mayor por lo que se ufanaba de su victoria. Más tarde, al revelar las fotos, se daba cuenta que el muchachito seguía atrapado en ellas). Inspirado en este relato, Antonioni quiso hablar de la ilusión y la realidad en nuestras vidas, además de aprovechar los comentarios sobre la vigencia londinense al ser, por ese tiempo, líder en la música juvenil y la moda, (entre otras ventajas económicas), por lo que escribió su guion final al lado de su colaborador constante Tonino Guerra (1920 – 2012) con el cual había escrito sus cuadrilogía sobre la incomunicación (La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo), con la traducción al inglés del dramaturgo Edward Bond (1934) quien así iniciaba una distinguida, aunque limitada, carrera de guionista al lado de realizadores de la talla de Tony Richardson, Nicolas Roeg, Volker Schlöendorff o Franklin Schaffner.




            Blow Up es una cinta que se anticipó a nuestros tiempos. Un comentario sobre esta película es que parte de su temática es la incertidumbre que crea la tecnología. El artista piensa que ha captado la verdad a través de su cámara pero al desaparecer todo indicio de sus registros, nada es comprobable. Si lo extrapolamos a nuestros tiempos con la hegemonía de la imagen, la realidad virtual y el Photoshop, podemos establecer a Antonioni (y por ende, a Cortázar) como gran visionario (en su cuento, Cortázar escribe:Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros”: en nuestros días todo mundo toma fotos con el celular, el Ipad, la propia computadora). Esta película nos habla de un crimen que queda en el misterio: la idea inicial del fotógrafo es que logró evitarlo al pensar que llegó en el momento apropiado, sobre todo al descubrir la pistola entre arbustos, apuntando al hombre. Luego, al encontrar el cuerpo (que posteriormente desaparecerá) todo cae por tierra. Entonces, al involucrarse en el imaginario juego de tenis donde participa devolviendo una pelota que no existe, Thomas comienza a dudar de la realidad, de la verdad. La última escena lo desaparece antes de la palabra Fin para que el espectador reflexione: el arte, como la vida misma, es ilusorio. En la secuencia donde Thomas visita a su vecino pintor, le ofrece comprarle un cuadro. Mira uno de ellos que tiene elementos puntillistas. Más tarde, cuando amplifica la fotografía donde descubre a la pistola se tiene una semejanza: mientras más se hace grande una imagen, menos definida se vuelve (algo semejante a las fotos pixeleadas de nuestros tiempos actuales que producen confusión).




            El personaje de Thomas es muy interesante y redondo: un hombre joven que ha alcanzado una posición económica desahogada que lo ha llevado a una existencia superficial donde una sesión fotográfica adquiere el valor de una relación sexual (la secuencia de tomas de fotos con su modelo lo hace tomar posiciones sugestivas y al terminar, yace al lado de la mujer como si hubieran terminado de hacer el amor); donde tiene el dinero suficiente para desear la compra de una tienda de antigüedades en la cual encuentra una hélice de avioneta que adquiere por consumismo; donde la posesión de un objeto no tiene mayor relevancia que captar la atención momentánea (en el antro juvenil, uno de los miembros del grupo musical destroza su guitarra cuando ésta falla. La avienta al aire y cae en manos de Thomas quien no la suelta y debe huir de la multitud que la anhela. Al salir a la calle, libre de la gente, simplemente la tira al suelo). Y por otro lado, está el mundo artificial placentero: la droga que prolifera en el ámbito social. Así, Antonioni retrata las características de una era: dinero, música, sexo y drogas.


Y quiero reproducir, como homenaje a nuestras deliciosas experiencias del pasado, algunas de las palabras que escribió el crítico Roberto Escamilla Molina, en el suplemento cultural del periódico El Porvenir al ser estrenada en Monterrey: “…nos permitimos insistir que el protagonista no es un hippie ni mucho menos. Recórtesele el cabello y póngasele corbata y saco, y tendremos un joven y próspero hombre de negocios. Tan floreciente que posee un Rolls con teléfono privado. Es tan convencional como cualquier otro patrón que le grita a sus empleadas. Y ahí radica el eje del conflicto central del film. Es tan moderno, que se abstiene de participar. Denunciar el crimen es tomar conciencia de las cosas… La secuencia final tampoco es gratuita. Los enharinados (mimos) no son ficción. El problema consiste otra vez en aceptar una situación. Cuando el protagonista recoge y lanza nuevamente la imaginaria pelota, se oyen sus golpes en las supuestas raquetas. Antes de finalizar la película, él mismo desaparece. ¿O se participa? ¿O se aísla? El famoso compromiso…”



            Blow Up ganó el premio en Cannes, fue seleccionada entre las mejores películas de su año y la única cinta que recaudaría muchísimo dinero entre las realizadas por Antonioni. Aquí, a México, nos llegó en 1968, luego de haber estado en la reseña de cine. Otra de las maravillosas aportaciones que el cine mundial, hace cincuenta años, legó a la humanidad en su afán por comprender al ser humano y el mundo que lo rodeaba.