domingo, 26 de diciembre de 2021

2022: ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO (3)

 

HACE 70 AÑOS…

Ninón Sevilla en "Aventura en Río"

         Se filmaron 101 películas mexicanas contra menos de 50 españolas y argentinas. Todavía México poseía mercados internacionales gracias al cultivo de melodramas interesantes, cintas folklóricas y comedias ligeras. Sin embargo, ya iban cambiando los gustos del público. En este año el cine cabaretil ya no tuvo el éxito de antaño. Toda la producción se consideraba igual, y solamente se destacaba a una cinta como la gran excepción del cine de “aliento” (El rebozo de Soledad) que no alcanzó a brillar internacionalmente.

 Stella Inda y Pedro Armendáriz en "El rebozo de Soledad"

         No obstante, el tiempo es el mejor juez: al revisar la producción de 1952 nos encontramos verdaderas joyas de los géneros establecidos y, en algunos casos, varias de las mejores cintas de sus realizadores, revalorados con el paso de los años como excelentes artesanos, y en muchas ocasiones, realmente inspirados para narrar una historia y darle sentido, significado y trasfondo. Testimonios en imágenes de toda una época (sería el año final del alemanismo e inicio de otra etapa con Ruiz Cortinez): metáforas indirectas de realidades que se vivían. Veamos ejemplos.

 Arturo de Córdova y Delia Garcés en la mejor película de 1952: 
"Él" de Luis Buñuel

         La gran película del año es Él donde Luis Buñuel adapta, junto con Luis Alcoriza, la novela corta de Mercedes Pinto (publicada en 1926), donde una mujer narra el infierno vivido al lado de un marido paranoico al cual simplemente nombra como él. La cinta le da cuerpo e identidad como Francisco (Arturo de Córdova), católico, fetichista, celoso, enfermo mental. Al casarse con Gloria (la argentina Delia Garcés), su estado alcanza extremos insólitos, crueles, desgarradores. Es el retrato de un esquizofrénico paranoide que, según se cuenta, era utilizada para ilustrar el caso clínico en escuelas de psiquiatría (dicen que hasta Lacan la ponía como ejemplo). Para Buñuel era una de sus cintas favoritas (“Quizá es la película donde más he puesto yo. Hay algo de mí en el protagonista”) y técnicamente es impecable en cuanto a fotografía, ritmo, edición. El propio Arturo de Córdova, tan igual a sí mismo (como toda estrella prestigiosa del cine mexicano –y universal, finalmente- que se respete) se siente distinto y sus poses, la voz engolada, las utiliza para apoyarle en su actuación: se le nota prepotente para luego cambiar a la vulnerabilidad, la imagen de niño desamparado.  “Él” pertenece a un grupo de películas insólitas en el cine mexicano de ciertos tiempos. Producto neto y sugerente de los años cincuenta.

 Pedro Armendáriz y Katy Jurado en "El bruto"

Buñuel también filmaría en ese año otras dos importantes películas: El bruto, donde habla acerca de la diferencia de clases, la explotación de los ricos terratenientes contra la población miserable, bajo la ironía de una infidelidad de la esposa del acaudalado con el macho deseable (Pedro Armendáriz, sin bigote) que le sirve como verdugo. Aparte, filmaría una coproducción con Estados Unidos, sobre el clásico de Daniel Defoe Robinson Crusoe, en colores y locaciones tropicales.

 Laura Hidalgo, Miroslava y Consuelo Frank 
en "Las tres perfectas casadas" de Roberto Gavaldón

         Roberto Gavaldón, otro de los grandes nombres del cine mexicano, ofreció, aparte de la mencionada El rebozo de Soledad que es una diatriba contra la insensibilidad producida por la explotación de la medicina como medio de lucro, en lugar de buscar el bien común, Las tres perfectas casadas, melodrama ejemplar acerca del matrimonio contra la indiferencia e infidelidad. Por otro lado, Acuérdate de vivir muestra otra variación sobre el mismo tema: la solterona Yolanda sublima el amor por un hombre casado atendiendo a sus hijos. Las tres películas están filmadas con el cuidado técnico que distinguía a su realizador. Aparte, le apoyaron en los guiones tanto José Revueltas como Mauricio Magdaleno.

 Columba Domínguez, Rosita Quintana y Andrea Palma 
en "Mujeres que trabajan" de Julio Bracho

         Julio Bracho filmó tres melodramas intensos, como era su gusto y tendencia: Rostros olvidados, La cobarde y Mujeres que trabajan. Los tres presentan retratos femeninos acosados por sus circunstancias amorosas: En el primero, una cantante retorna para reencontrarse con el hombre que fue su amante y dio lugar al nacimiento de una hija que no reconoce entre las tres que tiene. El segundo se muestra a una niña de origen desconocido quien, al crecer, se convierte en objeto del deseo de un hombre maduro y sus dos sobrinos. Finalmente, Mujeres que trabajan es el más redondo y sólido al presentar a personajes que desean sobresalir del mundo de hombres que les rodean y limitan: no es un discurso feminista, pero sí es emancipativo hasta cierto punto. Bracho prefería introducirse en los aspectos psicológicos de sus heroínas.

María Elena Marqués y Arturo de Córdova 
en "Cuando levanta la niebla"

         Emilio Fernández se dedicó a escudriñar la mente de un psicópata, Pablo (Arturo de Córdova), quien mataba a un compañero suyo en la clínica donde estaba internado, tomando su identidad, presentándose ante un tío acaudalado y la hermana menor (María Elena Marqués) que no lo recordaba. La muchacha se horroriza al enamorarse de quien creía su propio hermano. Todo esto ocurre en Cuando levanta la niebla, cinta que tuvo cierto éxito luego de varios fracasos comerciales de quien fuera realizador importantísimo en la década anterior.

 Carlos Valadez, excelente compositor y bailarín, 
de efímera presencia en el cine nacional

         Alejandro Galindo se dedicó a un cine urbano en las cuatro películas que filmó en ese año. Tanto Los dineros del diablo como Por el mismo camino eran cintas con tema policiaco: En la primera, un humilde trabajador (Roberto Cañedo) era llevado por la ambición y la necesidad a caer en la delincuencia, enamorarse de una rumbera (Amalia Aguilar), a su vez amante de un hampón (Víctor Parra, genial). La otra mostraba a un delincuente criminal (Carlos Navarro) en su intento por huir a la frontera, aunque conocía a una desahuciada joven (Celia D’Alarcón) de la cual se enamoraba y era el motivo de su caída. Sucedió en Acapulco es un divertimento sin mayor trascendencia. Su gran película del año es la subestimada El último round nueva incursión en el mundo del boxeo, pero a la altura de los años cincuenta: ahora el protagonista no era personaje de barrio, humilde, sino un cantante y bailarín (Carlos Valadez, usualmente villano en cintas de arrabal, en su debut y despedida estelar, en la que también sería extrañamente, su última película) que mostraba cualidades para usar los puños. Luego de varias desgracias, podía reintegrarse a la sociedad: ya no era comentario social ni radiografía del “jodido”, sino muestra de una etapa que se sentía próspera.

 Niní Marshall y Antonio Aguilar en "Amor de locura"
del debutante director Rafael Baledón

         En 1952 debutaron tres nuevos directores: Rafael Baledón, actor que tendría una nutrida filmografía en este puesto, al dirigir Amor de locura, graciosa paráfrasis de la pasión que enloqueció a Juana debido al amor hacia Fernando. Niní Marshall resultaba sublime ante un Óscar Pulido fenomenal, quien del presente, como potencial asesino de su amante esposa, se enteraba de su pasado. Rafael Portillo filmó una comedia artesanal acerca del amor entre un ser del otro mundo y una rica humana en El fantasma se enamora. Y el escritor, periodista y versátil Luis Spota, debutó con un guion propio Nadie muere dos veces, cinta de intriga policiaca acerca de un hombre que suplantaba a otro en el afecto de su esposa, supuestamente asesina, para que todo se complicara y luego resolviera de la manera más fortuita.

 Ninón Sevilla y Luis Aldás en la delirante "Aventura en Río"

         Alberto Gout filmó un melodrama delirante, única cinta del año para Ninón Sevilla quien así se despedía del género que la convirtió en reina desde 1946: Aventura en Río. Alicia, la esposa de un médico mexicano sufría un accidente en Río de Janeiro que la dejaba amnésica. Una confusión de identidades hacía que la policía pensara que el cadáver de otra mujer era Alicia, quien a su vez, era rescatada por un hampón que la metía a trabajar a un cabaret como Nelly, la hacía su amante y la mujer se tornaba en apasionada defensora de su hombre, al grado de llegar a la saña contra quien se interpusiera en su camino. Claro que Alicia recuperaría su memoria y se reintegraría a su vida familiar, sin que el moralismo de la época ni la justicia del melodrama, la condenaran por haber disfrutado de las mieles de la infidelidad y del crimen. Caso semejante a su inmortal Aventurera (1949) donde la protagonista se redimía de su pecado carnal por haber sido víctima. La cinta tiene varios números musicales de antología (“Moreno, moreninho, meu amor”).

 Marga López, Julio Villarreal y Andrea Palma 
en "Eugenia Grandet"

         Emilio Gómez Muriel filmó cinco películas, pero deben de destacarse dos de ellas: Eugenia Grandet, correcta adaptación de la novela de Balzac al medio rural de las primeras décadas del siglo veinte para mostrar el retrato del avaro miserable (Julio Villarreal, en una de sus mejores interpretaciones) que condenaba a su hija (Marga López) a la soltería y el dolor. Un divorcio es la adaptación de otra novela, ahora de Paul Bourget, escritor católico, que narraba la crisis existencial (y religiosa) de una mujer (nuevamente Marga López), divorciada, casada en segundas nupcias con un ateo, cuyos conflictos de madre se interponían con su situación marital.

         Y quedan otros títulos destacables de los cuales podremos ir platicando en el transcurso del año en que se tornarán septuagenarios: René Cardona y la cinta que introduce a El Enmascarado de Plata; Rogelio A. González con Un rincón cerca del cielo; Gilberto Martínez Solares con Me traes de un ala; Carlos Toussaint con Marejada; Adolfo Fernández Bustamante y la deliciosa Cuarto de hotel; Alfredo B. Crevenna y la última película de Leticia Palma para el cine, en Apasionada; Ismael Rodríguez con Del rancho a la televisión, Pepe el Toro, o la ingeniosa Dos tipos de cuidado: Roberto Rodríguez con la juvenil Una calle entre tú y yo, hasta llegar al infinito de delirios fílmicos nacionales como Canción de cuna, del padre del cine mexicano, Fernando de Fuentes.

sábado, 25 de diciembre de 2021

2022: ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO (2)

HACE 80 AÑOS…

Emilio Tuero y Marina Tamayo (esposos en la vida real) 
en "El ángel negro" de Juan Bustillo Oro.

         En 1942, México produjo 47 películas y contaba con el apoyo del presidente Manuel Ávila Camacho. Se fundó el Banco Cinematográfico y se creó Grovas S.A., productora y distribuidora que financiaría 20 películas con sus directores asociados. Fue el inicio del auge fílmico nacional: varias compañías se fundaron desde 1941 para consolidarse en los años siguientes y a ellas se deben los títulos más significativos que se tornarán octogenarios en este 2022, y es cuando debutó María Félix, entonces con 28 años, en El peñón de las ánimas (Miguel Zacarías), lo mismo que María Victoria en el cine (ya con tiempo en carpas y teatros) en Canto a las Américas (Ramón Pereda), lo que desmiente la leyenda de que nació en 1933, porque entonces tendría nueve años de edad, algo que la película no muestra: María Victoria tendría, cuando menos, unos 15 o 16 años, lo que la convierte en actual nonagenaria. También debutó Pedro Infante con un papelito en La feria de las flores (José Benavides Jr.) y luego aparecería ¡con voz doblada! en La razón de la culpa (Juan J. Ortega), pero habría de esperar cinco años para el gran estrellato con Nosotros los pobres (Ismael Rodríguez, 1947).

 Pedro Armendáriz entre sus secuaces, contra espías del Eje 
en "Soy puro mexicano" de Emilio Fernández

         Emilio Fernández filmó su segunda película: Soy puro mexicano, que reiteró su nacionalismo y vino a ser una denuncia contra el eje enemigo (Alemania, Italia y Japón) al narrar una historia de espías en suelo mexicano que eran derrotados por un representante del machismo extremo (Pedro Armendáriz), junto con sus secuaces. Ismael Rodríguez debutó como realizador, a los 25 años, con ¡Qué lindo es Michoacán!, drama de amores y rivalidades entre una rica terrateniente y un ranchero que tiene adeudos con ella. Julio Bracho creó dos grandes producciones: Historia de un gran amor y La virgen que forjó una patria: la primera, basada en una novela del siglo XIX donde se mostraba el amor que iba más allá de la muerte; la segunda, una compilación de historia patria centrada en la aparición de la Virgen de Guadalupe y su influencia sobre la fe del pueblo.

 Isabela Corona en "El ángel negro"
El debut de María Félix en el cine, gracias a Miguel Zacarías

         Juan Bustillo Oro nos otorgó una historia de intriga e incesto mental en El ángel negro, con muchos ecos de la “Rebeca” de Hitchcock, al presentar a una joven y débil mujer (Marina Tamayo) que se deposaba con un viudo rico (Emilio Tuero), y era víctima de los celos y las envidias de un ama de llaves tenebrosa (Isabela Corona) que prácticamente ocupaba su lugar maternal, aunque siempre deseando el lecho conyugal: la cinta larga, con producción exquisita, fue un acercamiento gótico al cine nacional. Gilberto Martínez Solares ofreció dos comedias deliciosas: Las cinco noches de Adán, musical panamericano donde un millonario reunía a cinco hijos naturales nacidos de sendas relaciones internacionales para que se provocara un malentendido incestuoso (tema más recurrente de época), aunque todo se solucionaba bien y Mapy Cortés podía bailar la conga, ritmo muy de moda por estos años; y la otra fue Yo bailé con don Porfirio que ocurre a finales del siglo 19, sin que el personaje del título sea el venerable General Porfirio Díaz, sino un astrólogo. Una trama de confusión de identidades ante un par de hermanas gemelas, donde uno de los galanes era el muy atractivo Emilio Tuero.


         Otro debut, pero ahora como director, fue el de Joaquín Pardavé, para Filmex, con El baisano Jalil, donde se narra el amorío que surge entre una joven mexicana, de familia rica venida a menos, con el hijo (otra vez Tuero) de un acaudalado comerciante libanés, Jalil (el propio director). Todas las intrigas de los nuevos pobres para ingresar a las filas de los nuevos ricos se van desarrollando con mucha gracia y, cuando se requiere, con gran dramatismo. Aunque se adaptó una comedia argentina con personaje “gringo”, el argumentista Adolfo Fernández Bustamante junto con Pardavé, decidieron darle la nacionalidad libanesa, al considerar que había toda una colonia de esa etnia en el país que había llegado desde finales del siglo XIX, siendo ahora propietarios de grandes almacenes, según datos históricos. La cinta fue un grandísimo éxito de taquilla que daría lugar años más tarde a El barchante Neguib.

Mapy Cortés en "Yo bailé con don Porfirio"




viernes, 24 de diciembre de 2021

2022: ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO (1)

CINE MEXICANO: HACE 100 AÑOS…

Imagen de una filmación

         Como se ha expresado en otras ocasiones, el cine mexicano silente desapareció con escasísimas excepciones. La década de los años veinte no fue prolífica en producciones mexicanas. Al terminar la Primera Guerra Mundial, Hollywood se impuso contra otras cinematografías. El cine nacional solamente tuvo dos años intensos: en 1921 se filmaron 22 largometrajes, cayendo a 13 en 1922, entre ficción y documentales, para no volver a alcanzar esa cifra hasta entrada la década siguiente.

 Miguel Contreras Torres, a la derecha
en "El sueño del caporal"

         Dentro de lo que se puede comentar, todo basado en referencias de revistas y fotografías conservadas, es que el intenso y terco Miguel Contreras Torres continuó con su carrera fílmica, iniciada el año previo con El caporal. Ahora en 1922, filmaría una secuela (El sueño del caporal) y la que sería la primera cinta sobre los mexicanos que iban a Estados Unidos para ganar dinero: El hombre sin patria donde narraba la vida desobligada de un joven capitalino cuyo padre elimina sus privilegios por lo que se ve forzado a irse del país, hacer varios trabajos hasta terminar como bracero, para retornar cual hijo pródigo. El propio director fue el protagonista. Le acompañaba Carmen Bonifant quien sería luego cronista de espectáculos y crítica de cine.

 Fotograma de  "Fanny o el robo de los 20 millones"

         Una cinta “espectacular” fue Fanny o el robo de los veinte millones, de Manuel Sánchez Valtierra, en la que se contaban los ardides de una espía internacional (María Cozzi) y su socio, para conseguir los planos de un tesoro, encontrarlo y llevarlo hacia una potencia extranjera. En ella apareció Manuel Arvide, actor que tendría carrera importante, pero secundaria, en el cine sonoro.

María Cozzi, intérprete de
"Fanny o el robo de los 20 millones"

CINE MEXICANO: HACE 90 AÑOS…

         En marzo de 1932 se estrenó Santa (Antonio Moreno, 1931), primera película mexicana con sonido sincronizado dentro del mismo celuloide e inicio de lo que devendría gran industria en unos cuantos años más. Y la producción nacional consistió solamente de 6 largometrajes que dieron oportunidad al inicio de sus carreras fílmicas a Fernando de Fuentes, Arcady Boytler y Miguel Zacarías, así como el paso dentro del cine sonoro a Miguel Contreras Torres, ya mencionado en el silente. Los otros realizadores, extranjeros, caminarían efímeros pasos dentro de la filmografía nacional. Estas primeras películas, elementales, dan idea de los géneros que se desarrollarían más adelante con mucho éxito, emblemáticos de nuestra industria. De ellas, solamente se conservan cinco. Revisemos a cada una.

 Una escena frívola de "Águilas frente al sol"
El final feliz de "Águilas frente al sol"
El debutante Joaquín Pardavé (en el cine sonoro), a la izquierda,
al lado de Hilda Moreno y Joaquín Busquets.

         Águilas frente al sol fue la segunda y última cinta de Antonio Moreno en México, quien partiría a Hollywood para seguir una larga carrera como actor (con algunas intervenciones en España y Cuba), para participar ya mayor, en la clásica El monstruo de la laguna negra (Jack Arnold, 1954). La cinta narra una trama de aventuras internacionales donde una joven (Hilda Moreno) es vendida a un chino (Joaquín Pardavé, en su debut fílmico dentro del cine sonoro) y enviada a Shangái para que cante y baile en su cabaret. El joven Richardson (Jorge Lewis) será quien se encargue de salvarla. La cinta, muy al estilo Hollywood, tiene imágenes de aviones y persecuciones. Igual que Santa, se ha preservado, pero no se exhibe regularmente, por desgracia.

 Dos fotogramas de "Revolución (La sombra de Pancho Villa)"

         Revolución (La sombra de Pancho Villa) fue la primera cinta sonora mexicana de Miguel Contreras Torres quien ya había realizado otros largometrajes con sonido en Hollywood y España. También fue el inicio del género revolucionario que más adelante ofrecería obras maestras. Aquí, un joven ranchero era encarcelado por el cacique del pueblo quien violaba a su hermana. Al escapar de la cárcel, el joven se tornaba revolucionario para luchar contra la gente abusiva y casarse con el amor de su vida.

 Anuncio publicitario de "Una vida por otra"
Sofía Álvarez y Nancy Torres en "Una vida por otra"

         Una vida por otra fue la tercera producción de la Compañía Nacional Productora de Películas, misma responsable de Santa y Águilas frente al sol. La película es un melodrama de cárcel y juicio, con revelación final sorprendente. Una chica (Nancy Torres) se hace pasar como asesina de un tipo para conseguir el dinero que necesita su madre enferma, quien finalmente muere. Un abogado la defiende y se comprueba su inocencia, pero la culpable era ¡la propia esposa del abogado! Dirigida por un joven húngaro que había sido asistente en Hollywood, John H. Auer, sería su única cinta mexicana: tendría una larga y prolífica carrera en la Meca del cine, sobre todo en los estudios Republic, que se especializaba en cintas con bajos presupuestos y repartos con estrellas secundarias, de las que nunca alcanzaron otras cimas. Muchas de sus cintas pueden encontrarse en YouTube.

Adolfo Girón como Juventino Rosas; a su lado, Joaquín Coss.

         Sobre las olas permitió el debut de Miguel Zacarías quien sería importante productor y director dentro de la industria al dirigir la primera cinta de María Félix y el mayor éxito de Libertad Lamarque, luego de su fallido debut bajo el mando de Luis Buñuel en Gran Casino (1946), entre muchos otros hitos y fallas. Se narra una versión romántica de la vida atribulada del compositor Juventino Rosas, su decepción amorosa, su dignidad impoluta, ya que no se hace mención de ningún defecto o vicio. Es una cinta que todavía se exhibe con cierta frecuencia, en los canales de señal abierta de televisión, aparte de haber sido editada en DVD, como Santa.

 Miguel Ángel Ferriz y Carmen Guerrero en "Mano a mano"

         Mano a mano es un mediometraje de cincuenta minutos que se exhibía, en ocasiones, por televisión. Fue el debut de Arcady Boytler, ruso emigrado a México quien daría, al año siguiente, una de las cintas más delirantes en la historia del cine mexicano (La mujer del puerto). En este caso, la trama se refiere al intento de estafa que quiere realizar un joven (René Cardona) quien se hace pasar por muerto. Un malentendido pone en jaque al romance entre un amigo y la hermana del falso difunto, hasta que todo se soluciona. Cardona ya había actuado en cintas sonoras habladas en español, producidas en Hollywood para públicos latinos ya que todavía no se utilizaban subtítulos, y después y aparte, porque la analfabetización era rampante. Sería director de muchísimas películas, además de cuñado de Miguel Zacarías, creando una dinastía significativa para la industria nacional del cine.

 Anuncio publicitario de "El anónimo", primera película, perdida para siempre del maestro Fernando de Fuentes
Julio Villarreal y Gloria Iturbe en "El anónimo"

         La sexta y última cinta nacional de 1932 fue El anónimo, debut de Fernando de Fuentes quien sería el primer gran director de nuestro cine, creador de géneros, hombre de ideas y reflexión que utilizó al cine para discutir ideas y buscar la participación del público. Las referencias hablan de un melodrama de posible adulterio: una mujer (Gloria Iturbe), casada con un médico (Carlos Orellana) y la presencia de un amigo (Julio Villarreal). El anónimo del título seguramente se refiere a un chantaje. Esta cinta se perdió: no quedaron copias ni negativos, por desgracia. Todas estas cintas llegarán a su nonagésimo aniversario durante el año que estaremos estrenando, con el deseo imperioso de que ya se extinga el maldito coronavirus.


martes, 24 de agosto de 2021

COMEDIA ESPAÑOLA

 

VACACIONES PARA IVETTE
1964. Dir. José Ma. Forqué

         Una familia española va a recibir a un niño francés dentro de un programa de intercambio veraniego, mientras su hijo irá a Francia. Al sufrir un accidente, llega la hermana mayor, la adolescente Ivette (Catherine Diamant) en su lugar. Mientras el niño español va sufriendo las travesuras de su nuevo amiguito francés, Ivette se divierte con el hijo mayor de la familia, Miguel (Carlos Piñar), así como con sus compañeros, en lo que vendrá a ser una mezcla de vacaciones con aprendizaje del idioma. Cada uno obtendrá algún incentivo de esperanza gracias a las familias con las cuales le tocó vivir…

La joven Ivette conoce a Miguel. En medio, el genial 
José Luis López Vázquez

Esta es una simple sinopsis de lo que, en su momento, se clasificaba como una “españolada”: las comedietas simples, ligeras, sin mayor pretensión que entretener al público. De entre la vasta producción fílmica de España, esta cinta se estrenó en las pantallas mexicanas, tal vez porque el patriarca de la familia española de la trama era interpretado por José Luis López Vázquez, ya popular por otras comedias. Además, en el reparto estaba un atractivo joven de 19 años que en poco tiempo se incorporaría al cine mexicano, además de establecerse en este país, o sea Carlos Piñar, quien había aparecido como el hijo mayor en la popularísima La gran familia (Fernando Palacios, 1962), además de ser el soldado callado del muro de Berlín en la exitosa El niño y el muro (Ismael Rodríguez, 1964).

La familia española hablando a París con su hijo. En la foto: José Luis López Vázquez, Gracita Morales, Catherine Diamant, Guadalupe Muñoz Sampedro, Carlos Piñar y Luchy Soto.

Fuera de su ligereza, la cinta permite una crítica social entre las formas de pensar, ser y hacer de las familias españolas y francesas, aunque con todas las limitaciones impuestas por la censura franquista. Estas películas permitían el acercamiento hacia las juventudes españolas, dentro de las exageraciones y situaciones que también surgían en la representación de la juventud mexicana en nuestro cine. Al menos, pueden verse calles y grupos de personas, modas, automóviles, edificios de lo que era el Madrid cerrado e idealizado de esos años que, al inicio de la democracia, provocó suspiros entre sus viejos habitantes, acostumbrados al orden y la disciplina excesivas.

Una imagen de la familia clase media, siempre próspera...

Ivette es una joven simple y libre, pero cuyo sentido de la vida es más libre que las de sus contrapartes españolas. No era posible mostrar alguna situación de intimidad, por lo que solamente se sugería la inquietud entre ella y Miguel, al cual se le presentaba como atleta nadador. En el otro polo, el hermanito de Ivette era un pequeño travieso que, primero le hacía la vida pesada a su amigo español, al grado de hacer que se extraviara en París, para luego comprender que era una persona cabal. La imagen de la familia española reflejaba la abundancia, a pesar de vivir en un departamento relativamente chico, tenía sirvienta, y no faltaban medios para subsistir, tal y como era el mensaje que Franco quería dar al mundo: en España se vivía muy bien, a pesar de estrecheces. Hay una secuencia donde Ivette puede disfrutar de una verbena, feria de juegos mecánicos, y otra donde acompaña a Miguel a su entrenamiento y competencia, para que pueda bailar junto con los amigos del joven. Así se mostraba la libertad y la manera en que los jóvenes se divertían.

Los jóvenes inquietos sin la posibilidad de sexo


El realizador José Ma. Forqué (1923 – 1995) inició su carrera fílmica con cintas que trataban temas sociales: su cinta más aclamada es de 1957 (Amanecer en puerta oscura) que le brindó un Oso de Plata en el Festival de Berlín. No obstante, la falta de apoyo y de éxito de público, le orilló a cultivar un cine más comercial, derivando hacia la comedia (Maribel y la extraña familia, 1960; Atraco a las tres, 1962, que tuvo grandísima taquilla; Tengo 17 años, dirigiendo a Rocío Dúrcal para entrar al ámbito juvenil como pasó con la cinta que ahora estoy comentando). Forqué pertenece a una generación surgida en los años cincuenta, al lado de Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga o Manuel Mur Oti, con sus mismas inquietudes innovadoras. Mientras que estos decidieron irse por un cine con mayores obstáculos y dificultades, aunque con mejores intenciones, Forqué prefirió contar historias más convencionales, con la maestría y dominio técnico que también demostraron otros realizadores como José Antonio Nieves Conde y José Luis Sáenz de Heredia, que han sido recuperados paulatinamente por los teóricos e historiadores del cine español (como ha sucedido en la nuestra y otras cinematografías).

Los amigos de Miguel: en el Seat deportivo están Antonio Mayans y Conchita Goyanes; en la moto Vespa, Emilio Gutiérrez Caba y Esther Vázquez, que representan a la juventud española, feliz y desparpajada de esos años...


Vacaciones para Ivette no es una obra maestra. Su carga nostálgica de esos años sesenta (aquí la vimos en el monumental Cine Juárez) con jóvenes y música y actitudes particulares, nos trae el recuerdo del cine juvenil nacional. La ingenuidad y la descripción de épocas que eran más simples (en todos los aspectos, naturales y científicos) siempre despertarán al recuerdo. Los buenos momentos que representó esta película, produce esta necesidad de compartirla para los ojos que la desconocen, aunque sus circunstancias ya no existan, aunque esas imágenes nos lleven al país extraño que es el pasado…

El director José Ma. Forqué (1923 - 1995)



domingo, 11 de julio de 2021

JUNIOR AL CINE...

 

GASTÓN SANTOS
O LA BUENA VIDA

         En sus memorias, Churubusco Babilonia, (El Milagro-Alameda Films, 2007), el productor Alfredo Ripstein cuenta que, debido a su afición por las armas, cierto día, en casa de una persona que le iba a mostrar algunas en venta, notó el retrato de un joven rejoneador. Se enteró de que se llamaba Gastón Santos y le llamó la atención porque era muy bien parecido, montaba a caballo, y podría funcionar en el cine. Lo contactó y el muchacho aceptó su oferta, aunque no tenía necesidad ya que era riquísimo. Así comenzó una carrera que se extendió por una docena de años y a la cual abandonó porque estaba descuidando sus negocios y ya no le interesaba. Esa riqueza se debía principalmente a la herencia paterna, ya que Santos fue hijo del Gral. Gonzalo Natividad Santos, quien fuera gobernador de San Luis Potosí de 1943 a 1949, además de cofundador del PNR, antecedente del PRI, amigo del poder, de Obregón, Elías Calles, Maximino Ávila Camacho, y cacique de su estado donde era quien decidía a los candidatos políticos. Todo cambió con la llegada de López Portillo a la Presidencia, ya que no había sido su “tapado” preferido. A pesar de los intentos del presidente por acercarlo a su lado, Santos se negó, aduciendo enfermedad, por lo que, como reacción inesperada, uno de sus vastísimos ranchos fue expropiado. El cacique murió en 1978.

 Gonzalo N. Santos, padre de Gastón, del cual heredó la mirada.

         Sin embargo, regresando a 1956, en el cual Gastón Santos inició su carrera fílmica, el joven de 25 años ya llevaba tiempo como rejoneador, además de dedicarse a asuntos ganaderos y a la cría de caballos lusitanos. Tal vez, como juguete de niño rico, pensó que entrar al cine le traería nuevas emociones, además del acercamiento con muchas chicas guapas. Lo que demuestran las películas son las limitaciones actorales de Santos, algo esperado, pero lo que les ofrece un espacio y una dimensión singular, es que cumplieron los objetivos del productor Ripstein quien deseaba cultivar el género del oeste, adaptado al ambiente mexicano. En total fueron nueve películas bajo la venia de Alameda Films, la compañía del productor: seis del oeste, una extraña incursión en el cine de terror (Misterios de ultratumba) y dos dentro del ámbito juvenil, donde alterna con la nueva generación de jóvenes estrellas del cine mexicano (La edad de la tentación y Jóvenes y bellas), que cubren la etapa 1956 – 1961. Su retorno al cine fue cuatro años más tarde, otra vez en el oeste a la mexicana, con El indomable, producción de Abel Salazar (sin embargo, bajo distribución de Alameda Films) y ya la cinta final, El silencioso (producción de Sotomayor), cinta alabada por el crítico Jorge Ayala Blanco en su libro La aventura del cine mexicano (1968) que sirvió para distinguir al realizador Alberto Mariscal como innovador del género en el cine nacional, aunque en realidad, fue más bien artesano calificado que supo adaptar las tendencias europeas del género a nuestra industria, luego de una carrera discreta surgida desde los Estudios América, y que daría cintas eficientes, sobre todo.

 Alejandro Ciangherotti Jr., Mapita Cortés, Gastón Santos, Alfonso Mejía, Fernando Luján, en "La edad de la tentación" (Galindo, 1958)
Alejandro Ciangherotti Jr., desconocido, Gastón Santos (vestido como mujer para engañar a los otros), Álvaro Ortiz y Polo Salazar en "Jóvenes y Bellas" (Cortés, 1961)

         Del joven héroe que llegaba a los pueblos para enfrentarse con seres fantásticos o con bandoleros disfrazados, apoyando a rancheros amenazados o a jóvenes indefensas, terminaría su carrera con dos personajes que emularían al justiciero que prefería sacrificar su posible felicidad por razones morales y éticas. En todos los casos, partía, sin quedar comprometido con ninguna dama, tal vez porque la continuidad de su saga le llevaba a una vida libre y aventurera, además de nómada. De hecho, en la última cinta se insinúa su muerte, que sería metafórica para su carrera fílmica. Solamente en sus cintas alejadas de este género del oeste, le permitirían parejas, aunque en condiciones muy diversas y limitadas. En realidad, al productor Ripstein le llamó la atención un joven atractivo, con ojos claros, que sabía montar a caballo (de hecho, fue quien bautizó al caballo de Santos como “Rayo de plata”). Todas sus películas (con excepción de la cinta de terror) fueron en color y ninguna perdió dinero, a pesar de que Santos cobraba $125,000 por película, cantidad excesiva para esos tiempos que solamente se pagaban a las estrellas consolidadas. Sin embargo, tuvo otra aparición efímera, a los quince minutos previos del final de Bang, bang… y al hoyo (1970), donde aparece momentáneamente frente a César Costa, para huir desaforado, antes de un enfrentamiento que ocurrirá entre los personajes de la película. Puede pensarse que fue un favor o un chiste personal hacia el director de la película, René Cardona Jr.

 Gastón Santos y Emily Cranz en 1966
Gastón Santos Jr. (quien heredó los buenos rasgos del padre) y Gastón Santos, a los 77 años de edad, en 2008.

         Gastón Santos se retiró a su rancho para seguir con sus negocios y su cría de caballos, además de darse su buena vida. Tuvo un hijo que también se tornó rejoneador y luego, político. Hace cinco años fue noticia cuando baleó a un abogado, en un arranque de ira, mostrando su carácter tormentoso, heredado del padre admirado, que debió haber sido su ejemplo. Al término de las memorias de Gonzalo N. Santos, Gastón expresa en el epílogo: "Al tigre le entraron por derecho, cuando ya estaba viejo y escopeteado. Papá vivió hasta los 83; vestía como un dandy a la moda; se perfumaba, como Obregón; no fumaba, era gran bebedor de whisky, y rendía homenaje a la cocina huasteca". Repito: la buena vida, el poder, todo aquello que fue mejor que el efímero período de existencias ficticias en el cine. Y ahí quedaron las películas. Gastón Santos cumple 90 años.