lunes, 28 de diciembre de 2020

2021: HACE 60 AÑOS

1961


Las cintas que serán sexagenarias este 2021 nos traen recuerdos de cuando éramos felices (antes de marzo 2020, claro). Tal como he repetido siempre desde mis primeros escritos amorosos hacia el cine mexicano: el tiempo es el mejor juez. Aquí hay ejemplos de lo que antes se consideraba malo y ahora son documentos en imágenes de toda una época.


•VIRIDIANA
Dirección de Luis Buñuel.
Coproducción con España.

La novicia Viridiana (La ahora nonagenaria Silvia Pinal en la gran oportunidad de su vida) deja el convento cuando cree que su tío Jaime ha abusado de ella. El hombre se suicida y deja su fortuna en dos partes. Una para Viridiana y la otra para su hijo bastardo Jorge quien vendrá a darle otro sentido a la vida de la ex novicia. Una imagen crítica de quienes piensan que el mundo se salvará de acuerdo con su voluntad, sin considerar a los otros con sus faltas y defectos. Los ideales de Viridiana están alejados de la realidad del mundo. Es una versión femenina del genial Nazarín (1959).


• LOS HERMANOS DEL HIERRO
Dirección: Ismael Rodríguez.


Principios de siglo veinte. Norte de la república. Un par de medios hermanos han crecido alimentados por el rencor de su madre contra quien asesinó al segundo marido. El menor (Julio Alemán) tiene problemas psicológicos que lo convierten en frío asesino. El mayor (Antonio Aguilar) debe cargar con sus culpas y defectos, además de protegerlo. Imagen del destino trágico en conjunto, de las consecuencias funestas de la violencia. Se comprueba la grandez del guionista Ricardo Garibay.


• TLAYUCAN
Dirección: Luis Alcoriza.

Los habitantes del pueblo llaman blasfemo a Eufemio (Julio Aldama) por haber robado la perla de la coronita de la virgen ya que pensó que era una señal milagrosa al ver los “flashazos” de las cámaras de unos turistas. Esto lo delata. Mientras tanto, su mujer (Norma Angélica) es el objeto erótico del mirón rico (Andrés Soler) del lugar; una solterona beata (Antia Blanch) se emborracha y copula con un mendigo ciego (Noé Murayama) que vendrá a ser su marido; los cerdos se tragan la perla y habrá que revisar sus excrementos; el erotismo y la ironía vendrán a ser los elementos que definen a un pueblo que todavía cree en el goce y en la solidaridad.


• EN EL BALCÓN VACÍO
Dirección: Jomí García Ascot

Cinta independiente, filmada por refugiados e hijos de refugiados españoles, que habla acerca del dolor de la separación, la historia que se trunca, los hechos absurdos de la política (sobre todo, la franquista). Nunca exhibida comercialmente, realizada en fines de semana, precursora del cine que se haría durante el Primer Concurso de Cine Experimental. Una mujer vuelve, en la imaginación, a la casa de su infancia para tratar de recuperar pedazos de vida: una vida que le fue arrancada contra su voluntad.



• PUEBLITO
Dirección: Emilio Fernández.

Luego de cinco años sin filmar, el Indio volvió a las andadas con esta relectura simple de “Río Escondido” donde ya no le importaba la violencia para acabar contra la tiranía, pero continuaba con su apología de la educación para ser libres: ahora era la misma ignorancia la que vencía al cacique (Fernando Soler) que añoraba a su mujer (Lilia Prado) y no podía leer la carta que le había escrito. La maestra (María Elena Marqués) quiere su escuela y un ingeniero (José Alonso Cano) buscará la manera de proveer, sobre todo cuando se une la autoridad analfabeta con la buena voluntad.


• ROSA BLANCA
Dirección: Roberto Gavaldón.

La película tardaría once años en estrenarse. La denuncia de compañías petroleras que llegaban al crimen con tal de apoderarse de terrenos donde estaba el oro negro pareció ofensiva a las autoridades gubernamentales para los países que luego sufrieron expropiación. Aparecía el personaje del gobernador de Veracruz (en la vida real, Miguel Alemán) y actuaba Christiane Martell (en la vida real, relacionada con los Alemán). Estos elementos que le dieron miedo a mentes chatas, pero poderosas, le quitaron el impacto que la cinta hubiera tenido en sus tiempos de producción al ser estrenada cuando llegó la “apertura echeverrista”.


• ÁNIMAS TRUJANO
Dirección: Ismael Rodríguez.

Un indio zapoteca, borracho y soberbio, quien desea ser el mayordomo de las fiestas, llegará a cualquier extremo para lograrlo. Retrato de las ambiciones pequeñas e inútiles; indicio de la persona que se marea con un poder prácticamente nulo e indiferente; imagen de quienes viven sumergidos en su propia ignorancia con el sueño de triunfar sin mérito; Rodríguez importó a Toshiro Mifune para darle mayor resonancia y Figueroa filmó en efectivo Cinemascope. Perfecto ejemplo de las mentes pequeñas actualmente en el poder.

• EL TEJEDOR DE MILAGROS
Dirección: Francisco del Villar.

Una pareja de indígenas miserables, donde la esposa está a punto de parir, llega en Nochebuena a un pueblo donde les da posada una comadrona y abortera. La situación que asemeja al nacimiento de Jesús permite explotar al fanatismo religioso de la comunidad por parte de los ricos y cínicos del pueblo ante la ira de un sacerdote (Pedro Armendáriz, ya mostrando su calvicie sin pudor) igualmente contrastante y ambiguo. Crítica de la ignorancia e imagen de la hipocresía. Un nuevo realizador que daría lugar a un vasto zoológico en sus títulos fílmicos.


• LA FURIA DEL RING
Dirección: Tito Davison.

Un honesto promotor de lucha libre es asesinado porque se niega a arreglar sus encuentros. Su hijo es golpeado y hereda el negocio pero no así la manera de ser de su padre. Regresa un amigo que desea ser luchador y logra triunfar. Entran en disputa afectos e intereses particulares para que se vaya desarrollando lo que en realidad es un melodrama acerca de la dignidad humana dentro del género. El realizador Davison era un hombre cuidadoso y la cinta se nota diferente a las de El Santo, sobre todo en las secuencias de lucha libre que ya no son imágenes de rutina sino escenas planeadas para su filmación.


• LOS FALSOS HÉROES
Dirección: Carlos Toussaint.

Un joven (Alfonso Mejía) es atropellado por una mujer mayor (Evangelina Elizondo) y ella lo protege y convierte, con toda razón, en su amante. Además, ella lo introduce dentro de un grupo de otros jóvenes vividores para hacerlo consciente de su situación personal: es pobre, hijo de alcohólicos y nunca ganará lo que ahora disfruta fácilmente. Se une con los otros para robar bancos. Interesante descripción de la perversión dentro de cierto grupo social que incluye tanto a ricos ociosos como las rémoras que solapan corrupción y aspiran a una vida fácil.



• JÓVENES Y BELLAS

• MUCHACHAS QUE TRABAJAN
Dirección: Fernando Cortés.

Dos películas generacionales que muestran retratos idealizados de la juventud y el desarrollo económico de la capital. Ya sea por idilios en el campo donde las tensiones sexuales están presentes entre jóvenes sanos y optimistas hacia muchachas urbanas, sin problemas; ya sea porque hay un centro comercial en la incipiente área suburbana de la capital para brindar otro tipo de oferta consumista; ya sea porque los repartos juveniles describen una etapa particular de nuestro cine (Gastón Santos, Alfonso Mejía, Erna Martha Bauman, Ofelia Montesco, Angélica María, Álvaro Ortiz, entre otros que pronto serían desplazados); ya sea porque son divertidas, tienen música entrañable y contrastan mundos ideales y realistas.


Y no olvidemos a Atrás de las nubes (Gilberto Gazcón), El barón del terror (Chano Urueta), Cielo rojo (Gilberto Gazcón), ¿Cuánto vale tu hijo? (Mauricio de la Serna), El fusilamiento (Carlos Toussaint), La maldición de la llorona (Rafael Baledón), Espiritismo (Benito Alazraki), Pecado de juventud (Mauricio de la Serna), Sol en llamas (Alfredo B. Crevenna) o Volantín (Sergio Véjar).



2021: HACE 70 AÑOS

 1951: un año excepcional.

 

Luis Buñuel dirigiendo a Fernando Soler
y Fernando Soto "Mantequilla"
en el set de "La hija del engaño" (1951)

         En el maravilloso año de 1951 se filmaron 101 películas y, de entre ellas, estupendos taquillazos que dieron fe de la que la industria estaba sana y el público atendía la oferta de cine mexicano. Al hacer un recuento de las películas filmadas, nos encontramos con verdaderas joyas que apenas el tiempo ha logrado colocar en su justo lugar. La mayoría de ellas se exhiben todavía con regularidad por la televisión o están en plataformas. Verdaderos retratos que reflejan toda una época de la sociedad mexicana por medio de melodramas o comedias con situaciones desaforadas.

Las mejores películas mexicanas de 1951

Anillo de compromiso – Emilio Gómez Muriel

El ceniciento – Gilberto Martínez Solares

La noche avanza – Roberto Gavaldón

Mi esposa y la otra – Alfredo B. Crevenna

Acá las tortas – Juan Bustillo Oro

Subida al cielo – Luis Buñuel

Mujeres sin mañana – Tito Davison

No niego mi pasado – Alberto Gout

A toda máquina – Ismael Rodríguez

Trotacalles – Matilde Landeta

Vuelva el sábado – René Cardona

La ausente – Julio Bracho

Manos de seda – Chano Urueta

Necesito dinero – Miguel Zacarías

La noche es nuestra – Fernando A. Rivero

Paco el elegante – Adolfo Fernández Bustamante

Cárcel de mujeres – Miguel M. Delgado

Carne de presidio – Emilio Gómez Muriel

La hija del engaño – Luis Buñuel

Una gringuita en México – Julián Soler

Ninón Sevilla y Kiko Mendive en el número
"Baila el mambo" 
de "No niego mi pasado" (1951)


 

 

 

 

 


domingo, 27 de diciembre de 2020

2021 – HACE 100, 90, 80 AÑOS…

 1921

Imagen de "En la hacienda" con Elena Sánchez Valenzuela

         Hace 100 años el cine mexicano filmaba largometrajes en poca proporción, pero de manera constante. 1921 vio la creación de En la hacienda que es un antecedente argumental de la que quince años más tarde será la piedra base de la industria cinematográfica nacional (“Allá en el Rancho Grande”). Fue dirigida por Ernesto Vollrath, productor y exhibidor argentino asentado en México, quien además realizaría otras tres cintas: Carmen y Amnesia protagonizadas por una de las divas nacionales de ese tiempo, Elvira Ortiz, además de la adaptación de La parcela, basada en la novela de José López Portillo y Rojas.

 "Amnesia" con Guillermo Hernández y Elvira Ortiz
"Carmen" con Guillermo Hernández y Elvira Ortiz
El director Ernesto Vollrath a la izquierda,
Guillermo Hernández a la derecha, en+
"La parcela"

         Miguel Contreras Torres sería un prolífico cineasta nacionalista ya en la época sonora, pero este 1921 filmó El caporal como autor completo, además de producir Con las alas abiertas de Luis Lezama y De raza azteca de Guillermo Calles. Todas ellas importantes títulos para el desarrollo del cine, aunque por desgracia ya perdidas. Existe la noticia de que en Jalisco, una mujer, María Cantoni, filmó una cinta llamada El que a hierro mata. Toda una cinematografía escasa, pero formal, que serían las primeras semillas de todo lo que vendría después.


1931

 Lupita Tovar en "Santa"

         Santa dirigida por Antonio Moreno, importado de Hollywood, cumplirá el nonagésimo aniversario de haber sido filmada, pero se estrenaría hasta marzo de 1932. La historia de la prostituta de buen corazón que se encuentra entre la pureza y la perversión, creación del escritor Federico Gamboa, ya había dado lugar a una versión silente en 1918 debido a que se basaba en una novela popular que ha seguido vendiéndose hasta nuestros días. Habrá otras dos versiones en 1943 y 1968, además de adaptación a teatro y televisión. Un personaje trascendente en los pininos de lo que será una industria importantísima.

Una imagen delirante de "¡Qué viva México!"

         Se filma en México la inconclusa ¡Qué viva México!, proyecto en cuatro episodios del soviético Sergei M. Eisenstein, que intentaría captar la esencia nacional en cuanto a tradiciones e idiosincrasias del mexicano. La cinta fue terminada muchos años después en versiones por otros realizadores aunque nunca se sabrá exactamente cuál hubiera sido el producto final por parte de su peculiar e inteligente realizador. Quedan, sin embargo, imágenes alucinantes que impactan.


1941

         Hace ochenta años sucedieron varios hechos trascendentes para el cine nacional:

1)    Se fundaron tres poderosas compañías productoras que serían constantes en su producción con el paso de los años: Filmex (Gregorio Walerstein y socios), Films Mundiales (Agustín J. Fink) y Posa Films (Cantinflas y Jacques Gelman).

2)  Debutó Emilio “Indio” Fernández, con La isla de la pasión, poco exhibida, donde mostraba sus afanes nacionalistas que serían mejor desarrollados en sus futuras películas.

 El inicio de Julio Bracho

3)  Debutó Julio Bracho, hombre de buen gusto, esteta con antecedentes teatrales, con ¡Ay, qué tiempos, señor don Simón! Exaltación, con dosis de comicidad y crítica, a los tiempos porfirianos. Lo que en Bustillo Oro era sentimentalismo, en Bracho se tornaba crítica, sin restarle méritos al otro realizador. Fue la primera película de la mencionada Films Mundiales.

4)  Se filmó ¡Ay Jalisco, no te rajes! de Joselito Rodríguez que se tornó éxito taquillero al nivel de “Allá en el Rancho Grande” y colocó a su protagonista en el plano estelar. Además, permitió el debut de Evita Muñoz “Chachita”, con apenas cinco años, quien sería la niña más trascendente del cine nacional.

5)  Se filmó Cuando los hijos se van de Bustillo Oro, otro taquillazo inesperado donde se exaltó el valor de la familia y el sacrificio filial. Nadie como su director para examinar lo que era el núcleo social más importante, en su versión tradicional.

 Galindo y Cantinflas no se entendieron

6)  Se filmaron Ni sangre ni arena de Alejandro Galindo y El gendarme desconocido de Miguel M. Delgado, por la Posa Films, para que comenzara la carrera formal de Cantinflas. Delgado sería su realizador de cabecera en el futuro, con pocas excepciones, ya que Galindo nunca se entendió con el protagonismo del cómico, pero le hizo una de sus mejores películas.

7)   Se filmó Virgen de medianoche por Alejandro Galindo, otra visión de cine de hampones a la mexicana donde su realizador insistió en la temática de su ahora invisible “Mientras México duerme” (1938) y que seguía los cánones impuestos por el cine norteamericano. Se nombra a los Estados Unidos como “Gringolandia”.

 Sara García no acepta al novio de la hija

8)  Se filmó La gallina clueca de Fernando de Fuentes que fue otra incursión en el cine de familia y en la exaltación de la madre. En realidad no pasan grandes cosas, ni tampoco se inscribe la cinta en el melodrama. Al maestro De Fuentes le interesó construir el retrato de una mujer de tesón y temple, interpretada por Sara García, siempre regida por los grandes valores humanos y su labor entre los hijos, única razón y fin de sus esfuerzos.

Y se tuvieron otros casos interesantes que, de vez en cuando, todavía exhiben por la televisión. Su mejor homenaje será su visión.

martes, 22 de diciembre de 2020

EL DIOS DEL MAL

 

CANAIMA

1945. Dir. Juan Bustillo Oro.

         La exitosa y taquillera adaptación fílmica de Doña Bárbara (1943, Fernando de Fuentes), popular novela del venezolano Rómulo Gallegos, dio lugar a que se creara el mito de María Félix y que se procediera a adaptar otras de sus obras al cine mexicano. Así surgieron La trepadora (1944, Gilberto Martínez Solares), Cantaclaro (1945, Julio Bracho) y Canaima, además de un guion original del escritor: La señora de enfrente (1945, Gilberto Martínez Solares). Las tramas que tenían que ver con el medio selvático y campesino de Venezuela, mostraban puntos en común con los temas folclóricos que nuestra cinematografía cultivaba con frecuencia y aceptación de los espectadores.

Alfredo Varela Jr., Jorge Negrete                                                                          y Bernardo Sancristóbal 


Andrés Soler como oráculo del destino

         Marcos Vargas (Jorge Negrete) retorna al hogar en Ciudad Bolívar luego de años fuera. Viaja por el Orinoco al lado de Gabriel Ureña y Arteaguita. Declara su amor por la aventura y su precaución ante la selva donde murieron sus hermanos Francisco, quien se ahogó, y Enrique, por una mordedura de serpiente. Gabriel le comenta que su tranquilidad no augura buenas noticias para Canaima. Entonces se les acerca el Conde Giaffaro (Andrés Soler), jugador que ha ganado dinero para luego derrocharlo y volver a empezar. Le explica que Canaima es el dios del mal, y del cual pudiera ser presa fácil. Además, le revela que su hermano Enrique fue asesinado por un vulgar criminal, el Cholo Parima, quien tiene una cicatriz sobre la cara. Así, ha sembrado el deseo de venganza en Marcos. Es una especie de oráculo, de voz que anuncia su destino...

Rosario Granados es la frágil Aracelis

         La trama de la novela, farragosa, elaborada, fue adaptada por Bustillo Oro tomándose algunas libertades para que tuviera una continuidad y coherencia fílmica. Compuso algunos momentos y otros los adelantó o retrasó en la narración. Marcos entrará en el negocio de transportación de carga por estar cerca de la bella Aracelis (Rosario Granados), sobrina del hombre que le ha vendido sus carros, Manuel, quien es a su vez padre de Maigualida (Gloria Marín), objeto de la pasión del cacique del lugar, Ardavín (Carlos López Moctezuma) quien ante su rechazo ha jurado que nadie será dueño de su amor. Además, Ardavín es rival en negocios de Marcos. Al apostarle sus carros contra sus clientes, Marcos ganará las partidas para provocar la ira del tipo. Así iniciará una serie de crímenes que irán alimentando la ira y el desdén en Marcos. Canaima se ha ido apoderando poco a poco de su voluntad, haciendo que se cumplan las palabras de Giaffaro.

Gloria Marín es la atormentada Maigualida

         La cinta va mostrando el cambio paulatino de Marcos Vargas. Del joven idealista, deseoso de aventuras y fines nobles, se va conformando un hombre pleno de rencor y deseos de venganza. Lo que inicialmente era su piedra de toque con la realidad y el romanticismo (el amor hacia Aracelis) se transforma en pragmatismo (las rivalidades, la ambición y la necesidad de supervivencia en un medio hostil). Marcos viene en primera instancia representando a la cordura y la civilización, pero el salvajismo y la negación de valores dentro de la selva le hacen integrarse a la violencia y al cinismo (le pide a Aracelis que lo siga sin casarse: ella acepta).

Gilberto González es el Sute Cúpira 


El Indio Bedoya es el Cholo Parima

         Una de las cualidades de la película es que muestra el ojo perfecto que tenía el director para sus repartos. Hay tres villanos: el Sute Cúpira, interpretado por Gilberto González, que representa al hampón de la selva, el que extorsiona para permitir el “uso de suelo” entre los caucheros que acampan. El Cholo Parima, en la persona de Alfonso Bedoya, es el guardaespaldas prepotente, bravucón, sin escrúpulos. Y en los roles femeninos, Rosario Granados es la dulce Aracelis, rubia, frágil, quien romperá con sus principios morales en pos del amor (algo que no sucede en la novela: digno de admiración para Bustillo Oro). O Maigualida, morena, decepcionada por la pérdida de un amor y la amenaza del amor no correspondido a quien será el tercer villano o sea Ardavín, cobarde que debe acceder a las armas o al cuidado de otros para sobrellevar sus acciones. Su destino será la locura debida a su inestable condición y a los constantes temores de los que huye mientras está sobrio.

Carlos López Moctezuma como Ardavín                                                            y su amante Juanifacia o sea, Carolina Barret

         El maestro Bustillo Oro cumplió con un compromiso contractual con Filmex y obtuvo uno de sus grandes éxitos. La película es magistral en su desarrollo y mucho se debe a que el fanfarrón y soberbio Negrete quedaba a la altura del personaje de Marcos Vargas. La última frase de la película es “Marcos Vargas, un hombre macho entre los hombres machos” que era la figura que él mismo se había construido (y que en estos tiempos no sería políticamente correcta). Canaima describe cómo el mal se va apoderando de los seres con intenciones nobles. Es una perfecta alegoría de toda la corrupción que se vino desarrollando en nuestro país luego de su filmación... Gran película que ha cumplido su 75 aniversario.

El director Juan Bustillo Oro



sábado, 28 de noviembre de 2020

RICARDO MONTALBÁN (1920 - 2009)

 

RICARDO MONTALBÁN

EN EL CINE MEXICANO

por Roberto Villarreal Sepúlveda.

         Se acaban de cumplir los cien años del nacimiento de Ricardo Montalbán quien llegó a la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1920, bajo los nombres de Ricardo Gonzalo Pedro, descendiente de emigrantes españoles originarios de la región de Castilla-La Mancha. Vivió en Torreón, Coahuila, durante su juventud y estudio comercio. Partió a Los Ángeles a finales de los años treinta para estudiar inglés y ahí comenzó en el teatro estudiantil donde se dio cuenta de lo que haría en la vida. Otros pininos escénicos en Nueva York y el retorno a México por enfermedad de su madre le obligaron a buscar oportunidades en la ya floreciente industria cinematográfica. En 1942 participó en papelitos sin crédito (Los tres mosqueteros, La virgen que forjó una patria), Luego una pequeña parte que viene a ser su debut formal en El verdugo de Sevilla (Fernando Soler) y como anunciador de variedades en un barco en La razón de la culpa (Juan José Ortega). Estos esfuerzos valieron la pena: se hizo distinguible entre su atractiva presencia y su extraordinaria voz. A finales de ese año filmó Cinco fueron escogidos (Herbert Kline) que tuvo versiones en español e inglés, aprovechando que dominaba el idioma, pero era un rol secundario que ya advertía su futuro estelar.

         A partir de ese momento, la carrera mexicana de Ricardo Montalbán se vuelve excepcional en muchos sentidos y por diversos motivos. Dirigido por Norman Foster, un importante realizador norteamericano que vino a México gracias a los estudios RKO de Hollywood que establecieron una filial en México, personifica a dos toreros: el Jarameño de la tercera Santa (1943) y el Rafael Mejía de La hora de la verdad (1944). En la primera, apasionado por la angelical prostituta cuya vida se deslizaba entre la culpa y la pasión carnal, cierra los ojos ante el pasado y desea redimirla; la segunda es más verosímil en cuanto se evita elevar al torero como súper hombre. La hora de la verdad (1944) narra el ascenso, la decadencia y el final de un hombre dividido entre el amor a una mujer y el amor a su profesión. El temor está presente todo el tiempo: al toro-muerte, a la mujer-locura, al fracaso-caída. Rafael se casa con una mujer que enloquece por temor a verlo morir; tiene relaciones con una joven de sociedad quien le oculta, por temor a perderlo, la existencia de un hijo; fracasa en su carrera por miedo a la soledad y finalmente muere porque esa angustia ha debilitado todo lo que podía sustentarlo.

         La fuga (1943), también de Norman Foster, ocurre durante la Intervención Francesa. Basada en “Bola de sebo”, el cuento de Guy de Mauppasant, lo presenta como otro ser vulnerable: un teniente francés que se enamora de una joven que se le entrega solamente para que la deje, junto con otros pasajeros de una diligencia, a continuar su viaje para la atención médica de una niña. La consecuencia es el enamoramiento de la pareja, pero será imposible su felicidad ya que la única salida será la muerte porque la guerra entre naciones no permitía la traición. Fantasía ranchera (1943) lo encuentra como el compositor Carlos quien va a lograr la escenificación de una ópera ranchera para poner en alto el nombre de Lagos de Moreno, Jalisco. Dirigida por Juan José Segura, con toda lo inverosímil de su trama y muchas secuencias cantadas entre Pedro Vargas, Manolita Saval y Chacha Aguilar, entre otros, resulta insoportable y requiere mucha pasión cinefílica para aguantarla hasta el final.

         En Cadetes de la Naval (1944) fue dirigido por Fernando A. Palacios (quien fuera el descubridor de María Félix además de efímero realizador: solamente tres películas) donde aparece como apuesto marinero, junto con Abel Salazar, que se enfrentará con un submarino nazi y deberá permanecer fiel a su novia Susana Cora contra la tentación que significaba Chela Castro. 


Nosotros (1944) es la joya del realizador Fernando A. Rivero en donde encarna a un ladrón salvado por el amor de la prostituta Marta (Emilia Guiú). Un malentendido hace que el gran amor entre ellos se pierda. Armando se casará con una chica de sociedad, pero habrá sacrificado a la mujer-brújula que le cambió el rumbo.

La casa de la zorra (1945), lujosa producción del director Juan José Ortega para celebrar el cincuentenario como actriz de Virginia Fábregas, en su último rol dentro del cine nacional, donde conjuntó a un elenco estelar de primera categoría (Andrea Palma, Isabela Corona, Susana Guízar, Julio Villarreal, Andrés Soler, entre otros). Aquí aparece como Alberto, el hijo disipado y vividor de la dueña de una casa de juego a la cual apodan “La zorra”, pero a quien nadie conoce. El hombre, que ha estado lejos de su lado por muchos años, le confiesa que no tiene trabajo y que su vida ha sido el vicio, a lo que su madre le revela su verdadera ocupación. Alberto se enamora de una mujer casada, que le corresponde, y cuando van a escapar, la madre se entera de que es hija del hombre con el cual tuvo a Alberto por lo que debe impedir un incesto. Montalbán aparece con canas pintadas sobre las sienes, quizás para darle el aspecto de hombre de mundo, mayor de treinta años, y más cercano al físico que presenta doña Virginia (quien ya era septuagenaria), quien no era muy agraciada en sus rasgos faciales, además de vestir trajes elegantes, resaltados por su buen físico. [como dato anexo, el pasado 17 de noviembre se conmemoraron los 70 años de su fallecimiento]

         Pepita Jiménez (1945) de Emilio Fernández, basada en la conocida novela de Juan Valera acerca del seminarista que levanta la pasión de la inmaculada Pepita y a la cual se le entregará finalmente, es una de las obras maestras menospreciadas de nuestro nacionalista realizador. Con esta cinta, Montalbán se despide por primera vez del cine mexicano para iniciar una exitosa carrera en Hollywood. Su imagen en este período enfatiza la vulnerabilidad, la debilidad de carácter, la tragedia, la fatalidad del destino. Tan acostumbrado nuestro cine a encasillar actores en ciertos personajes, lo veía como galán fatídico, expuesto a los juegos del amor para perder en la mayoría de las ocasiones. Tenía personalidad y un excelente timbre de voz.


         Montalbán, inteligente, supo aprovechar esos papeles para llamar la atención y elevarse sobre las calidades de los materiales. Por fortuna, si se realiza una valoración conjunta, sale ganando en cuando a que filmó pocas cintas nacionales, pero en su mayoría rescatables y de calidad. De aquí que, junto con su figura y dominio del inglés, sus relaciones personales con Norman Foster (quien era su concuño), además de la moda del panamericanismo en las cintas de Hollywood, dio el salto a la internacionalización: en la MGM, cantó y bailó con Cyd Charisse, Lana Turner o Esther Williams, entre otras damas, luego diversos estudios de cine y películas con temas y géneros disímbolos, para llegar más tarde a la televisión. Fuera de dos retornos a México, toda su carrera, actividad y fallecimiento ocurrirían en Hollywood.

Su primer retorno fue para participar en Sombra verde (1954), uno de los puntos altos del cine de Roberto Gavaldón, financiada por Producciones Calderón, a punto de lanzar sus cintas con desnudos fílmicos. Historia de pasiones tropicales, con momentos álgidos dentro de los peligros de la selva, en donde un ingeniero capitalino conoce el amor en la figura de una joven nativa (Ariadne Welter) y se enfrenta con los problemas de poder y ambición para finalmente alejarse aunque con la promesa de que volverá. Una década más tarde, el productor Carlos Amador lo trae a México para estelarizar una exuberante cinta que aprovechó la enorme popularidad de Silvia Pinal como actriz buñueliana y vedette de categoría, como su pareja. Buenas noches Año Nuevo (1964) de Julián Soler, es una superproducción, para la época, que reúne a varias estrellas de la música internacional (Chile, Brasil), además de un elenco equilibrado: ante la experiencia de Pinal, una incipiente Fanny Cano. La gracia de Sergio Corona, aparte de la unión de Nacho Contla con Héctor Lechuga. Una pareja casada de director y estrella viven de pleito como imagen pública pero en la intimidad juegan a ser amantes por lo que refuerzan su pasión. Un malentendido creará conflictos y todo se narra entre números musicales con cierta fastuosidad. Fue un gran éxito taquillero y así terminó la carrera cinematográfica mexicana del actor.

         La imagen de Ricardo Montalbán es, en resumen, la de un hombre que supo aprovechar su prestancia para interpretar tanto a personajes vulnerables como socialmente fuertes. Desde el ladrón sin esperanza hasta el marinero heroico, desde el seductor consciente hasta el amante lúdico. Supo trascender dichos papeles para traspasar fronteras, usar el arquetipo hollywoodiense para afianzar su talento actoral y diversificarse en roles que lo alejaron del estereotipo. Ricardo Montalbán es otro de los casos únicos, incomparables, de la historia de nuestra cinematografía. Estas notas sólo han querido recordarlo, describirlo y darle su merecido lugar como personaje inclasificable: ¿cuál hubiera sido su destino de proseguir su carrera en México? Por fortuna, nunca lo sabremos.



        

 

jueves, 12 de noviembre de 2020

AHÍ VIENE EL GATO LOCO...

SERENATA EN NOCHE DE LUNA

1965. Dir. Julián Soler.

 

    Alberto Montes de Oca y Martínez de la Rivera (Alberto Vázquez), hijo del agregado cultural de México en Israel, llega a una nueva universidad en México (a todas luces la UNAM sin darle crédito), acompañado por su chofer Hugo (Guillermo Rivas), porque el trabajo de su padre le ha hecho mudarse una y otra vez sin poder terminar una carrera. Es un hombre multifacético que destaca en deporte (decathlón, esgrima) y en sus clases. Por tal motivo causa disgusto entre una palomilla de estudiantes comandados por Raúl (Alfonso Mejía) a los cuales siempre reta y gana. Alberto se enamora de Silvia (Tere Velázquez, hermana de Raúl, aunque no deja de coquetear con otras damas, como sucede con una secretaria llamada Julia (Adriana Roel), así como con las amigas de Silvia para provocar sus celos ya que la chica se muestra, en apariencia, indiferente al muchacho. Lo mismo sucede con Raúl quien no acepta a Alberto a pesar de sus esfuerzos por ser parte de su grupo. Raúl entra en malos pasos por una vedette rubia y famosa, Laura (Gina Romand) que lo trae enloquecido y le hace fallar en sus estudios. Para ayudarlo, debido a una petición de Silvia, Alberto empieza a coquetear con Laura para alejarla de Raúl. Sin embargo, Silvia se enoja por el mismo motivo. Todo se complicará cuando Raúl quiera robar el temario del examen final de derecho y sea sorprendido, pero no identificado por su maestro (Antonio Bravo). Raúl se topa con Alberto y el maestro los encuentra. Al exigir el nombre del culpable, Alberto se echa la culpa. De esta manera, las actitudes de Raúl y Silvia cambiarán hacia Alberto.

Alberto Vázquez y Tere Velázquez

    Un argumento tan simple y sin graves conflictos era mero pretexto para el lucimiento del entonces popularísimo cantante Alberto Vázquez quien había demostrado cierta solvencia como actor (dentro de lo convencional, claro). Todo resulta nimio, sin mayores consecuencias ni trascendencia. Los personajes son estereotipados pero lo más destacable es que se continúa la tradición de mostrar a una juventud inventada por el cine nacional, e interpretada por actores cuyas edades ya se encontraban más allá de la segunda década. En este caso, Alberto es un estudiante idealizado (no en vano, Tere Velázquez le apoda “Superman”), quien tanto brilla en la academia como en los esfuerzos físicos. Bien viajado, conocedor de idiomas y estudiante de las Universidades de Cambridge o Salamanca, entre otras, viene a mostrar una imagen que quisiera ser modélica para los espectadores de la película. Sin embargo, queda en la intención, en la mera mención de hechos sin demostrar nada (es muy fácil expresar deseos: el problema es tener la posibilidad, capacidad o voluntad para tornarlos realidad). Hay un ánimo de esperanza porque los jóvenes universitarios se están preparando para las próximas Olimpiadas que serían en México 68. Esto no es un juego ni un pasatiempo, está de por medio el prestigio de nuestro país y debemos responsabilizarnos... es lo que les indica el entrenador a la palomilla de Raúl.

 Alfonso Mejía

    Dentro del mundo ficticio juvenil que imponía el cine nacional, los problemas de debatían entre la moralidad (la deshonra de robar un examen; la búsqueda de una pareja inapropiada), el romance (había que encontrar a la pareja ideal) y la promesa de un futuro que será laborioso y redituable. Así lo demostró la etapa de los ídolos juveniles (César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y el mencionado Alberto, sobre todo) que siguieron una carrera paralela en el cine e intervinieron en temáticas de crueldad violenta, acechanzas de vedettes sensuales o galanes abusivos, problemas económicos, pero siempre con esperanza y mensajes de redención. Más cercanos a las idealizaciones de Bustillo Oro (Mil estudiantes y una muchacha, 1941) o de Roberto Rodríguez (Una calle entre tú y yo) que a la etapa Díaz Morales de pecado, droga y sensualidad en la segunda mitad de los años cincuenta (Juventud desenfrenada; Mundo, demonio y carne; Estos años violentos, entre otras), sin acercarse a las posibilidades de las aproximaciones más realistas, aunque menos contundentes de Alejandro Galindo (La edad de la tentación, 1958) o Luis Alcoriza (Los jóvenes, 1960) que pudieron haberle dado otros matices al género (aunque la tendencia fue mundial: los cantantes se tornaron ídolos de la pantalla en Argentina, España, Inglaterra, etc., en asuntos ligerísimos, con la gran excepción de Los Beatles, claro). Fueron los primeros, felices años sesenta. (Por supuesto, jamás podrá tomarse en cuenta a la gran excepción de Los olvidados de Luis Buñuel).

 Gina Romand

    Sin embargo, todas estas cintas son cálidas, acogedoras, por muchos o pocos de sus elementos. Por supuesto que las canciones: en esta película, Alberto canta “Uno para todas” o “Yo sin ti”; Tere Velázquez canta (algo que no hará en otras cintas) “Ya no te extraño” pero sigue en su rol de chica mimada y caprichosa; Aparece el grupo de Los Hooligans, ya en su segunda etapa, con Johnny Ortega como vocalista, e interpretan  “El gato loco”, además de ser estudiantes compañeros de Alberto (lo mismo que Polo Salazar y Guillermo Herrera). Gina Romand interpreta dos composiciones poco explotadas de Armando Manzanero, bastante rítmicas: “Así, así” como bossa nova y “No estás aquí”, en tiempo de jazz que anuncian el genio del compositor yucateco pero también muestran unas horrorosas coreografías que ejecuta la vedette. Aparece Alfonso Mejía, uno de los grandes lanzamientos de la mencionada cinta buñueliana, quien compensaba en personalidad y gran atractivo físico lo que carecía de talento histriónico. Una rarísima curiosidad es la “presentación”, que fue debut y despedida, de Miss México 1965, Janine Acosta, quien era hija en la vida real de Rodolfo Acosta (que se tornó centenario este año), el inolvidable villano de Salón México (Emilio Fernández, 1948), pero quien aparece como amiga de Tere Velázquez, sin pena ni gloria, perdida entre el montón de ignotas y desconocidos extras.

Janine Acosta, en medio, entre Guillermo Herrera, a la izquierda, y Polo Salazar, a la derecha. En el extremo izquierdo está Humberto Cisneros y arriba de ella, Johnny Ortega, ambos integrantes de Los Hooligans.

 Los Hooligans

    Ante la trivialidad argumental (original del prolífico guionista, adaptador Fernando Galiana, con más de 180 películas en su haber, quien nos daría otras tramas mucho mejores) están los recuerdos de otros tiempos, las presencias fabulosas, las canciones que emocionan. La película terminaba, aparentemente, cuando los estudiantes levantaban en sus hombros a la pareja estelar y la sacaban de los campos deportivos de la UNAM. Tal vez por la corta duración (difícilmente llega a los 80 minutos), se nota un añadido “sorpresa”, otro final, un giro inesperado, en una secuencia que involucra al joven cantante y su chofer, que le otorga un total sinsentido y niega muchas cosas que nos ha propuesto el argumento. Uno se ríe ante el absurdo, pero se da cuenta de que al público no le importaba: era ir a la sala oscura para disfrutar de canciones e ídolos en situaciones distintas a lo que ocurría en la realidad. Era la extensión ensoñada de la radio o de la televisión, o de los acetatos de 45 rpm, lo que no nos ofrecían esos medios. El goce de escuchar por enésima vez, en otros terrenos, lo que era divertida poesía… ahí viene el gato loco, le patina el coco…

 El director Julián Soler (1907 - 1977)