sábado, 4 de marzo de 2017

UNA MUJER ATORMENTADA


AMAPOLA DEL CAMINO

1937. Dir. Juan Bustillo Oro.





         María (Andrea Palma), joven que ayuda a su familia dedicándose a la costura, es cortejada por Juan (Pedro Armendáriz) quien goza de mala reputación en el pueblo de Santa Cruz del Camino por lo que le dice que se irá para ganar dinero y regresar para desposarla. Sin embargo, la situación económica es tan grave que su padre Romualdo (Manuel Noriega) le informa que el viejo boticario del pueblo, Mauricio (Joaquín Coss), ha pedido su mano y que debe aceptar porque si no es así, perderán hasta su casa. María se resigna y lo desposará. Vuelve al pueblo el hijo de Mauricio, Antonio (Tito Guízar), quien se había exiliado en el extranjero por problemas políticos. Al joven le gusta la hermana menor de María, Amapola (Margarita Mora), y se le declara sin imaginar que la propia María también lo ama. Amapola se entera por propia boca de su hermana de esta situación y rehúye a Antonio quien se extraña de sus evasivas. Vuelve Juan quien se sorprende y enoja al saber que María lo ha traicionado. Al reclamarle, María le pregunta si se casaría con ella luego de divorciarse, a lo que Juan le responde afirmativamente y le propone que se vayan juntos. María, antes de irse, va a confesar su amor a Antonio quien primero se enoja, pero luego la comprende. Antonio se casará con Amapola.






Leopoldo Ortín y Aurorita Campuzano,
esposos en la vida real y padres
del comediante Polito Ortín.

Aparecen muchos actores de la época en esta cinta:
Paco Martínez, Joaquín Coss, Ricardo Mutio,
Aurorita Campuzano, Humberto Rodríguez
y Honorato Bassoco.


         Aquí está en pocas palabras de lo que trata la octava cinta sonora filmada por el Mtro. Bustillo Oro sobre un
argumento de Guz Águila al cual metió mano para alcanzar un guion alejado de exageraciones y simplezas. La cinta era otro intento de reproducir el gran éxito de Allá en el Rancho Grande (Fernando de Fuentes, 1936) que había traído fama y fortuna a su realizador (también con argumento de Guz Águila), además de ser la cinta que tendría éxito mundial y permitiría el inicio de la industria fílmica cinematográfica. Había pueblo, galán cantante, melodías rancheras, cómicos que apoyaban al elenco estelar, y tuvo su aprecio por parte de los espectadores aunque sin alcanzar jamás el de su antecesor. Por otro lado, trataba un tema audaz para la época: la protagonista, casada, abandonaba al viejo marido para irse con quien se tornaría en su joven amante, aunque bajo promesa de matrimonio (que nunca se sabrá si se cumpliría). En este caso, el personaje de María es el más atormentado -y principal, a pesar de que el título hable sobre su hermana menor- ya que debe aceptar un matrimonio por interés, enamorarse de un hombre que se ha convertido en su hijastro, sufrir la realidad de que su hermana está enamorada del mismo, para finalmente tomar la decisión de irse con el hombre que la cortejaba (y había dejado de amar), vivir el deshonor, más que seguir soportando realidades terribles (llega al grado de confesar la verdad a su hermana y pedir perdón de rodillas a Antonio antes de marcharse hacia la incertidumbre total).


María cose para ganarse la vida
y apoyar a la familia
El libertino Juan corteja
a María quien le corresponde,
ya que no ha vuelto a ver a Antonio
Don Romualdo le pide a María
que se case con el viejo boticario
para salvar su casa



         En su espléndida e interesante autobiografía Vida cinematográfica (Cineteca Nacional, 1984), el propio Bustillo Oro cuenta que luego de haber filmado siete cintas que no habían sido éxitos inmediatos (ni posteriores en algunos casos) para sus productores, pensaba que su carrera en el cine estaba terminada. Inició una campaña de anuncios de proyectos no aterrizados, sin mayores resultados. Acostumbraba asistir al Café Tupinamba donde se reunía con otros colegas y aspirantes a estrellas. Ahí llegaron los hermanos Grovas quienes pasaban de distribuidores a productores. Le ofrecieron el rescate de esta película porque ya estaban listas las escenografías, las estrellas, el equipo técnico. Chano Urueta y luego Gabriel Soria habían aceptado dirigirla inicialmente para declinar a la postre. Los Grovas le ofrecieron cinco mil pesos, más de lo usual para un director en esos años pioneros, con la promesa (nunca cumplida) de darle otros mil si la terminaba a tiempo.


Antonio llega a la Cruz del Camino
Las hermanas ven el retorno
de Antonio
María frente al espejo reflejando
su dolor



         A Bustillo Oro no le gustó el guion y se puso a corregirlo bajo la autorización y venia del autor Guz Águila, para darle cierta coherencia. Dejó lo que tenía como gancho para apoyar al cómico de la cinta, Leopoldo Ortín, quien aparecía como Margarito, el sirviente del boticario, enamoradizo con la joven hija del peluquero (Dolores Camarillo), además de ser objeto del amor de la sobrina del boticario, Pancha (Aurorita Campuzano). Tito Guízar estaba de moda y había aceptado participar en la película si se terminaba dentro de ciertas fechas ya que le interesaban más sus presentaciones personales en diversas ciudades norteamericanas. Andrea Palma era una de las actrices jóvenes de moda (tenía 34 años) y todavía le quedaría algo de tiempo antes de pasar a ser matrona característica. Margarita Mora era debutante en el cine mexicano donde tendría una corta pero popular carrera al aparecer junto a Cantinflas y Pedro Infante en sendas películas. Pedro Armendáriz era un joven galán (apenas 25 años, gran personalidad, a pocos años de su estrellato obligado) quien se reunía por primera vez con Andrea Palma (en 1943 vendría la gloriosa Distinto amanecer).


Antonio se enamora de Amapola
María casada con el viejo boticario
María confiesa su amor por Antonio
a su hermana Amapola



         La cinta posee todo el estilo de Bustillo Oro: diálogos cuidadosos con ingenio (el sirviente Margarito le confiesa al joven Antonio que le hace a la poesía y que en eso no le ganan “los amados nervios, los santos chocantes y los díaz fisgones” refiriéndose obviamente a Nervo, Santos Chocano y Díaz Mirón; luego, le hace un comentario irrespetuoso al muchacho cuando le habla sobre el casamiento de su padre: “niña que casa con viejo, es espejo despulido, pues como pasa seguido, todos usan de ese espejo, todos menos el marido”); atmósfera adecuada (al inicio de la cinta aparece la Cruz que le da el nombre al pueblo “del Camino”, para que tenga sentido el título de la película; luego hay imágenes que ofrecen sabor pueblerino al aparecer un organillero, el policía gordo, el borracho en el suelo, la fuente central; más tarde la fiesta de bodas, luego un jaripeo que celebraba el 75 aniversario de la Batalla de Puebla; la fiesta celebratoria con tríos cantadores y hasta la canción retadora); una trama con personajes inmersos en situaciones dictadas por las circunstancias, con pasiones arrebatadas (en este caso, el amor imposible, la coincidencia del amor por un mismo hombre, los comentarios que dan idea de gravedades políticas: nunca se definen los motivos que hicieron a Antonio salir del país, solamente se menciona que fue por una cuestión incómoda). Y sobre todo ello, la gracia. No hay cinta de Bustillo Oro sin que se tenga el elemento divertido.


María acepta a Juan para escapar
de su terrible destino
María pide perdón de rodillas
a su hijastro Antonio
María abandona el hogar
hacia la incertidumbre
Antonio y Amapola al final



         Este año se celebran los 80 años de la filmación y estreno de Amapola del camino, por lo que había que desenterrarla y hablar sobre ella. En 1937, Bustillo Oro filmó tres películas. Antes había hecho La honradez es un estorbo, sátira política que no fue entendida por el público. La siguiente que se llamaría Huapango sería un taquillazo inmenso y el inicio, ahora sí, de una carrera prestigiosa, razonada, fundamentada en su preparación académica (Bustillo Oro estuvo cercano al teatro y a la literatura de esos inquietantes años treinta) dirigiendo temas y argumentos que le eran cercanos y queridos, además de comprender lo que el público quería y esperaba. En el cine mexicano, Bustillo Oro sería, con toda proporción guardada, nuestro equivalente a Frank Capra en el cine de Hollywood.


Juan Bustillo Oro
(1904 - 1988)




        

domingo, 22 de enero de 2017

UN PRODUCTOR AUDAZ


GREGORIO WALERSTEIN Y EL CINE:
HISTORIA DE UNA PASIÓN
Francisco Peredo Castro
UNAM – Primera edición, 2015
476 pp. $400



         Luego de que el Fondo de Cultura Económica publicara en 2013 Gregorio Walerstein, hombre de cine por Eugenia Meyer, dos años más tarde apareció Gregorio Walerstein y el cine: Historia de una pasión de Francisco Peredo. El primer volumen tuvo mayor contenido autobiográfico y anecdótico, considerando que la autora era hija del personaje mencionado. El siguiente viene a ser un libro riguroso, centrado más que nada en la obra del inquieto, audaz e implacable productor del cine mexicano que cumple con el interés de su autor, importante historiador, en ofrecer un marco sociopolítico a la obra cinematográfica y, por ende, una descripción indirecta de las tendencias y objetivos personales de Walerstein (1913- 2002).


         En una industria irregular que fue conformándose por  intentos aislados y limitados de películas nacionales desde la segunda mitad de la década de los dieces hasta seguir con mayor intensidad en la desconocida década siguiente para que el sonido cambiara por completo la influencia del cine entre los espectadores y, como resultado, la búsqueda de temas y tramas que pudieran interesar a una sociedad semianalfabeta latinoamericana, el cine mexicano se consolidó durante los años treinta. De ahí que se fundaran compañías que tendrían continuidad, esplendor (y luego la decadencia, claro): Grovas, Producciones Raúl de Anda, Hispano-Continental Films, España Sono Films, entre otros.

Elvia Salcedo y Jesús Martínez "Palillo"
en "Lo que el viento trajo" (Benavides, 1941)

         Walerstein inició su compañía Filmex en 1941 con una cinta que fracasaría en taquilla (Lo que el viento trajo de José Benavides, donde la estrella era el cómico Palillo quien nunca alcanzaría en cine su triunfo en las carpas teatrales), pero lo que llama la atención es que a pesar de su inicio, el joven de 28 años se arriesgó a filmar cinco películas en ese año, sin saber cuáles serían los resultados económicos. Entre ellas, sus éxitos fueron Alejandra y El conde de Montecristo para que posteriormente viniera un grandísimo taquillazo (El baisano Jalil, actuada y dirigida por quien sería su estrella exclusiva, Joaquín Pardavé).


         El libro, riquísimo en detalles alrededor de cada película, va narrando su sistema estelar (María Félix, Arturo de Córdova, Pardavé), el descubrimiento de nuevos ídolos con el paso del tiempo (Hilda Aguirre, Jorge Rivero, Vicente Fernández), la realización de coproducciones para recuperar sus inversiones en otros países (España, Argentina, Venezuela), el apoyo a su propio hijo Mauricio para la creación de Cinematográfica Marte y la producción de Los caifanes como inicio de una serie de cintas que permitirían el ingreso de nuevos realizadores para el hasta entonces hermético cine mexicano.

Dr. Francisco Peredo Castro

         Francisco Peredo nos ha ofrecido libros magníficos y esenciales para la historiografía del cine mexicano: la llamada Época de Oro que fue producto de las circunstancias socioeconómicas derivadas de la Segunda Guerra Mundial entre los países de habla hispana (Cine y propaganda para Latinoamérica); la filmobiografía de Alejandro Galindo, representante del mejor cine popular nacional (Alejandro Galindo, un alma rebelde en el cine mexicano). O ha coordinado otras obras que van desde la extraordinaria  reproducción facsimilar de crónicas de José María Sánchez García que ofrecen luz sobre la producción fílmica de los años dieces y veintes (Historia del cine mexicano (1896 – 1929) o la compilación de ensayos por diversos especialistas (Fernando Mino, Raúl Miranda, entre otros) sobre el trabajo fílmico del escritor José Revueltas (José Revueltas: obra cinematográfica 1943 – 1976) donde el Dr. Peredo descubrió su autoría del argumento original (sin crédito) de Río Escondido de Emilio Fernández (1947).


         Gregorio Walerstein y el cine: Historia de una pasión ofrece otra perspectiva sobre lo que fuera la aventura de producir cine en México. La investigación erudita y la visión en conjunto de una obra total permite conocer las motivaciones y las intenciones de quien fuera llamado el zar del cine mexicano, además de las condiciones y limitaciones alrededor del mismo (cuestiones de censura, problemas de recuperación económica, la situación de la exhibición, las políticas sindicales, las relaciones internacionales, los objetivos de las estrellas). Ya no es posible en estos tiempos mantener la crítica tradicional que, en su momento, negaba las cualidades de la mayoría de las películas mexicanas. Los villanos de la trama eran los productores cinematográficos sin considerar el aspecto de negocio que, en cualquier cinematografía, propiciaron diversos tipos de películas.



         En el caso de Gregorio Walerstein se nota su audacia y continuidad productora. Más de 300 películas entre las cuales destaca el producto llamado comercial (¿que no toda película es comercial?) y otro con aspiraciones “artísticas” (desde su inicio con la ostentosa producción de El conde de Montecristo, el apoyo a nuevos realizadores como Rogelio A. González y Luis Alcoriza además de los debutantes por Cinematográfica Marte, el riesgo de producciones con alcances distintos como Un extraño en la escalera, Los hermanos Del Hierro o Amor y sexo). El libro ofrece una justificación absoluta de su título: productor apasionado, persistente, visionario. Walerstein tuvo al historiador que se merecía para colocarlo en su punto justo.

Nota- Agradezco al Dr. Peredo Castro por su amabilidad al obsequiarme y hacerme llegar el ejemplar del libro.


jueves, 29 de diciembre de 2016

ANIVERSARIOS MEXICANOS 5


EL CINE EN MÉXICO: 1987



HACE TREINTA AÑOS

         En el sexenio de Miguel de la Madrid se fundó el Instituto Mexicano de Cinematografía que durante el período apoyaría a pocas producciones. Ya en estos tiempos se vuelve más difícil el registro de cintas realizadas porque el sistema original de clasificación era por año de producción. Se confunde de pronto entre la fecha de estreno y da lugar a algunos errores. Aparentemente se tuvieron más de 70 películas en 1987. Proliferan las cintas de cómicos, las de acción violenta y hay pocas producciones de búsquedas estéticas o de expresiones personales (con excepción de las cintas independientes, universitarias). En realidad, fuera de nostalgias o ciertos repartos, fue un año donde es difícil encontrar grandes logros.




         Los realizadores veteranos que permanecían eran Ismael Rodríguez (Solicito marido para engañar) y Gilberto Martínez Solares (Los gatos de las azoteas). Entre los realizadores surgidos en las décadas previas estaban Alberto Mariscal (La tumba de Matías), Felipe Cazals (La furia de un dios), Jaime Humberto Hermosillo (Clandestino destino), Sergio Véjar (La jaula de oro).




         José Luis Urquieta, un realizador prolífico que había filmado muchas cintas sobre ilegales además de los llamados “cabrito western” ofreció en este año dos cintas interesantes (Muelle rojo, Días de violencia). Mario Hernández, realizador de cabecera de Antonio Aguilar tenía al menos una cinta anual (Lamberto Quintero) lo mismo que Rafael Villaseñor Kuri, el director exclusivo de Vicente Fernández (El macho).




         La India María (María Elena Velasco) filmó su tercer largometraje como directora-guionista (Ni de aquí ni de allá). Raúl Fernández Jr. hizo de Rosa Gloria Chagoyán otro tipo de heroína aparte de su icónico rol como Lola la trailera (La guerrera vengadora), aparte de llevarla a aventuras durante la Revolución (La rielera). Valentín Trujillo, luego de su excelente “Ratas de la ciudad” ofreció otro ejercicio de suspenso y violencia (Violación).




         Francisco Guerrero, un discreto realizador industrial ofreció su visión acerca del desastre ocurrido en 1985 en el DF (Trágico terremoto en México). Marcela Fernández Violante, entre las escasas realizadoras mexicanas ofreció una historia de amor trágico (Nocturno amor que te vas). Alejandro Pelayo filmó su segunda cinta con trasfondo político (Días difíciles).




         Los cómicos populares fueron Alberto Rojas (Un macho en el salón de belleza), Rafael Inclán (Las movidas del Mofles), Luis de Alba (Los gatos de las azoteas), Polo Polo (La lechería), entre otros. Televicine, bastante poderosa, utilizando al cine para explotar a las estrellas exclusivas de su televisora, produjo aparte de la cinta mencionada de la India María, otras tres películas (Escápate conmigo con Lucerito y Mijares, Sabor a mí con José José, El rey de los taxistas con Luis de Alba y Maribel Guardia).










ANIVERSARIOS MEXICANOS 4


EL CINE EN MÉXICO: 1977



HACE CUARENTA AÑOS

         En el primer año del sexenio lopezportillista, se nombró a la inepta Margarita López Portillo (soberbia, ignorante, ególatra) como directora de Radio, Televisión y Cinematografía, dependiente de la Secretaría de Gobernación, pero siendo hermana del Presidente, no tenía limitaciones ni tapujos. Al menos, ese primer año tuvo que aguantarse y sus acciones estúpidas las llevaría a cabo en tiempos posteriores.



         En 1977 se filmaron 94 películas entre privadas, estatales, independientes o “piratas” (así llamadas porque eran filmadas en las fronteras de México sin que se consideraran a sindicatos). Es un año de veras memorable por muchos títulos interesantes que se indican a continuación.



EL CINE ESTATAL


La perversa Angélica Chaín seduce
a la virginal Alma Muriel



Cuando tejen las arañas – Roberto Gavaldón

         Cinta póstuma en la carrera del maestro Gavaldón que la heredó cuando el realizador y guionista original Francisco del Villar fuera nombrado funcionario estatal. La película es un melodrama crítico de la burguesía acomodada, falta de escrúpulos morales e hipócrita ante su manera de ser, pensar y actuar. La protagonista es Laura (Alma Muriel) quien sentía adoración por su padre ya muerto, y rechaza a su madre, quien fuera infiel. Laura cae en las redes de personajes que se mueven para conseguir sus propios fines perversos y ser absorbida para perpetuar su especie. Al no tener ya el control absoluto, ni el tiempo, ni la infraestructura del pasado, el maestro Gavaldón también cayó en las redes del sistema. No fue un gran final para su carrera eminente, pero no deja de ser gran melodrama.

        



Los amantes fríos

– Julio Bracho, Miguel Morayta y Julián Soler.

         Este compendio de tres guiones de Hugo Argüelles, con su especial sentido del humor, sirvió para dar trabajo a viejas glorias del cine nacional. También serían las últimas intervenciones fílmicas de los tres: Julián Soler moriría tres meses luego del rodaje; Bracho, el mismo mes en que sería estrenada la película un año más tarde. Morayta, quien entró a este proyecto sustituyendo a Rafael Baledón, viviría hasta los 105 años pero se retiraría luego de esta cinta. Soler nos cuenta cómo un artesano logra sus mejores obras cuando su esposa se asusta, grita y sufre un accidente. Bracho narra una infidelidad postmortem cuando la viuda se acuesta con su compadre luego de prepararlo para el velatorio. Morayta trata sobre la confirmación de un adulterio más allá de la tumba. La cinta mantiene vicios del peor cine realizado por estos realizadores pero nadie puede negarle su importancia al haber sido una obra de senectud y despedida.





Las apariencias engañan – Jaime Humberto Hermosillo

         Una producción independiente filmada en Aguascalientes acerca de Rogelio (Gonzalo Vega) un actor que es contratado para hacerse pasar como el hijo largamente ausente de un viejo millonario. De esta manera permitirá casarse a su sobrina Adriana (Isela Vega), a la cual no ha dejado irse de su lado por no quedar solo. Rogelio se enamora de la mujer sin imaginar que en realidad se trata del hijo, ahora transgénero, del millonario, con la cual se casa para vivir felices. Tardó cinco años en estrenarse y es una de las cintas con las imágenes más insólitas del cine nacional. Aguascalientes con un puerto o Isela Vega con un falo enorme sometiendo a Gonzalo Vega sexualmente, por ejemplo. Ese mismo año Hermosillo filmaría otra de sus cintas cumbre Naufragio, donde habla del dolor de la ausencia.


Roberto Cobo en una de sus más
grandes actuaciones



El lugar sin límites – Arturo Ripstein

         Indudablemente la mejor película de Ripstein basada en una novela de José Donoso y guion por Manuel Puig. Es una historia de decadencia social y moral: La Manuela (Roberto Cobo, estupendo) es el homosexual del burdel pueblerino de La Japonesa (Lucha Villa). Por una apuesta con el rico del pueblo, don Alejo (Fernando Soler) seduce a Manuela y queda embarazada. La acción inicia en el presente, cuando La Japonesita (Ana Martin) es ya una joven veinteañera, se encarga del burdel venido a menos junto con su padre. Cuando Pancho (Gonzalo Vega) quiere poseer a La Japonesita, La Manuela interviene para seducirlo, alejarlo y hacer que lo bese. Al ponerlo en evidencia, Pancho explota furioso y persigue a Manuela para matarla. Denuncia de la homosexualidad latente, aparte del paso implacable del tiempo que todo deteriora y termina. Ripstein también filmaría La viuda negra para hablar acerca de la doble moral y la hipocresía religiosa de los habitantes de un pueblo.


El inútil Rosendo acostumbrado
a la buena vida ahora sufre la decadencia
de su familia venida a menos



Los indolentes – José Estrada

         También es la mejor película del malogrado Estrada (1938 – 1986) donde narra la decadencia de una familia como metáfora social. Los Alday (abuela, madre e hijo) sufren las consecuencias de la reforma agraria. Su hacienda ha sido disminuida por el reparto de tierras y sus ingresos ya son mínimos. El joven Rosendo (Miguel Ángel Ferriz en el que sería su mejor papel) es un inútil que no quiere trabajar y pide a su madre (Rita Macedo) que vendan lo que queda de la hacienda a lo que se niega la abuela (Isabela Corona). La cinta mostrará el derrumbe final de seres que pertenecen a una clase social acostumbrada a la indolencia, al ocio, a ser servidos. En la tradición de la mejor narrativa al estilo Visconti, con imágenes tristes y sórdidas.





Los pequeños privilegios – Julián Pastor

         Otra apasionante visión de las diferencias sociales. Dos parejas acomodadas viajan a Michoacán y en un pueblo, una de ellas ofrece trabajo como sirvienta a una joven que atiende (Yara Patricia) dejándole una tarjeta. La chica acepta y va hasta el Distrito Federal donde inicia como sirvienta. Está embarazada. Al mismo tiempo su patrona descubre que espera un hijo. Mientras la sirvienta desea abortar, la otra recibe toda clase de mimos. Finalmente, la joven se practica un aborto que la deja estéril. La película muestra, sin exageraciones ni lugares comunes, una situación usual entre la clase acomodada contrastándola con su personal de servicio. Estrujante, contenida y sardónica. Pastor también filmó El vuelo de la cigüeña, una comedia audaz, con cierto interés.


Celso platica con Rutilo (Enrique Lucero) 
sobre sus inquietudes ante la guerra
que no comprende



La guerra santa – Carlos Enrique Taboada

         Más identificado por sus ejercicios del género de terror, en este caso el interesante Taboada ofrece otra variante: basándose en la historia de la guerra cristera, muestra a los sacerdotes como villanos que envían a la muerte a sus fieles bajo el símbolo de Cristo Rey. Los grandes absurdos y la terrible crueldad que vive a su alrededor el personaje principal Celso (José Carlos Ruiz), humilde alfarero que entra a una batalla que no entiende, teme por su vida, pone en duda sus creencias, es lo que hace cruda y terrible a esta visión contradictoria del fanatismo: matar en nombre de Dios para salvar la fe faltando a uno de los mandamientos básicos (entre otros).


Marcela como alter ego de Meche Carreño,
que busca la perfección, o sea, la libertad



La mujer perfecta – Juan Manuel Torres

         Uno de los mejores realizadores de los años setenta filmó su última cinta (moriría tres años más tarde en un accidente automovilístico) para dejar claro su amor hacia Meche Carreño, su estrella y pareja en la vida real. Marcela es una vedette de origen humilde que se casó con un hombre rico, Alfonso (Ricardo Blume). A pesar de que sabía sobre su profesión, el hombre le reprocha ser motivo de vergüenza para su hijo pequeño. Ella se sacrifica abandonando su carrera, pero sufre por la imagen que se ha creado. De esta manera, Torres quiso explicar que Marcela/Meche era una mujer libre en su interior, reprimida por factores externos a ella. Es la menor de su cuadrilogía con Carreño, pero no deja de tener su gran interés.





         Otros títulos de interés del cine estatal fueron Bloody Marlene (Alberto Mariscal), A fuego lento y Divinas palabras (ambas de Juan Ibáñez), El complot mongol (Antonio Eceiza), Crónica roja (Fernando Vallejo), Deseos (Rafael Corkidi), Flores de papel (Retes), Los japoneses no esperan (Rogelio A. González), El recurso del método (Miguel Littín), Las mariposas disecadas (Sergio Véjar).







EL OTRO CINE

        



Muerte a sangre fría – Gilberto Gazcón

         Utilizando el recurso de la narración en retroceso que tanto utilizó en su debut (El boxeador) Gazcón nos cuenta la persecución de Primitivo (Valentín Trujillo) tanto por el padre (David Reynoso) del joven al cual mató, quien busca venganza, como por los federales que lo tienen como asesino. Es la razón por la cual busca la manera de redimirse y explicar el motivo por el cual tuvo que balear a su amigo. La cinta tiene su interés formal por un realizador que siempre buscaba la novedad y tenía cuidado en su técnica.





Triángulo diabólico de las Bermudas - René Cardona Jr.

         En esos años se puso de moda el hecho de que en cierta área geográfica del Caribe habían ocurrido misteriosos sucesos y desapariciones de aviones. En este caso, Cardona Jr. decidió darle un tono macabro a través de una muñeca diabólica que viene a ser la causante de la desaparición de un yate alquilado por un magnate aficionado a la fotografía submarina para pasear con su familia. Lo más destacable de esta cinta reside en la presencia de John Huston, Marina Vlady, Claudine Auger, Gloria Guida, estrellas internacionales que permitieron coproducción y, por ende, buen taquillazo foráneo. Más adelante el mismo realizador filmaría Ciclón, menos popular, pero con otro reparto extranjero: Carroll Baker, Arthur Kennedy y Lionel Stander.





La hora del jaguar – Alfredo B. Crevenna

         Una trama cercana al género del cine negro en cuanto hay un personaje discutible moralmente y mucha perversión oculta. Héctor (Jorge Luke) es agente policiaco al cual despiden luego de cometer varios errores en diversas misiones: una de sus víctimas lo demanda. Le llama un oscuro abogado (Wally Barrón) que le ofrece darle dinero a cambio de que realice algunas investigaciones que, en realidad, son asesinatos de personas indeseables. Todo va hacia un final sorpresivo que no traiciona el espíritu de la cinta. Crevenna ya filmaba sin ton ni son, pero de pronto surgía alguna de sus cualidades tan bien expresadas en las décadas previas.





Que te vaya bonito – Alejandro Galindo

         Biografía velada de José Alfredo Jiménez en la historia de Miguel Fernández (David Reynoso), compositor afamado, quien va al hospital por su dipsomanía en la víspera del homenaje por sus 25 años de carrera. Dos amigos que lo buscan: su amante Lupe (la extraordinaria Rosenda Bernal) y su amigo Rosendo, recuerdan el pasado desde que Miguel (entonces Felipe) niño escapó de su casa para irse al Distrito Federal buscando su destino. Su posterior casamiento, sus infidelidades, su grandioso éxito. El ciclo se cierra al estilo de El último cuplé donde hay que cantar y redimirse antes de morir.





Noches de cabaret – Rafael Portillo

         En la línea de sus anteriores y exitosos taquillazos (Bellas de noche, Las ficheras), Cinematográfica Calderón filmó otra de sus comedias burdas y grotescas que, no obstante, se han convertido en testimonios fílmicos de lo que fuera la noche cabaretil extrema (en el D.F. sobre todo). El cine mexicano ya permitía los desnudos integrales y así puede verse a muchas vedettes. La trama ya era muy vieja en el cine mexicano: la mujer (Sasha Montenegro) que se viste como hombre y pone en duda la sexualidad del macho imponente (Jorge Rivero) quien llega al grado de quererse matar por ser homosexual. Cómicos y vedettes: albures y desnudos. Inicio de Francis en el cine. Aparición incidental de Irma Serrano. ¿Cómo no iba a ser taquillazo?





Ratas del Asfalto – Rafael Villaseñor Kuri

         Denuncia, al estilo setentas, de la problemática juvenil debida a la indiferencia paterna (uno recuerda las cintas con “denuncias” morales y regaños idealizados del cine de Díaz Morales o Alejandro Galindo en los años cincuenta). Unos juniors que juegan carreras y provocan la muerte de espectadores, o entre ellos mismos, por lo que deberá vengarse el deceso del amigo, viven sus vacíos existenciales por medio de sensaciones y caprichos, rebeldías y audacias, solamente por llenar el tiempo. Se muestra a los padres indolentes y se habla de la gran liberación sexual.





El amor de mi vida – Joselito Rodríguez

         Por haber sido la última película de su realizador, pionero de nuestro cine sonoro, es necesario destacar a este melodrama que mezclaba al cine de ilegales fronterizos con los romances obstaculizados por el destino. Así, el ilegal Eulalio (Toño Zamora) sufrirá el rompimiento de su relación con la joven Lupita (Mayra Vanessa) quien resulta embarazada luego de una violación, hecho que le oculta. Una mujer que no desea tener hijos le “compra” a su bebé y lo hace pasar como suyo ante su esposo, un ingeniero que se fue por meses al Brasil. Lupita queda como sirvienta que cuida, amorosamente, al bebé, por razones obvias. Todo un melodrama a la vieja escuela con malos actores y atmósfera forzada pero el final de lo que fue una carrera, en muchos casos, admirable.





         Otros títulos que merecen destacarse son La banda del polvo maldito (Gilberto Martínez Solares), Los dos amigos (Rubén Galindo), La muerte de un gallero (Mario Hernández) o Rarotonga (Raúl Ramírez) si acaso por el debut de la verdaderamente escultural Gloriella.