sábado, 24 de diciembre de 2016

ALGUNOS CENTENARIOS EXTRANJEROS


OTROS CENTENARIOS 2017 (2)



Danielle Darrieux (1917).




El 1° de mayo de 2017 Danielle Darrieux, la eximia actriz francesa, llegará al centenario. Sigue entera y lúcida. Actriz de Max Ophüls (El placer, La ronda del amor, Los aretes de Madame De…), además de infinidad de otros realizadores: Autant-Lara, Decoin, Techiné, Ozon. Apareció cantando en Las señoritas de Rochefort, la delicada comedia musical de Jacques Demy. Fue la voz de la abuela en Persépolis. En Hollywood apareció en Cinco dedos del realizador Mankiewicz. Celebremos su vida.



Jean Pierre Melville (1917 – 1973).


Fotograma de Bob el jugador


Un maravilloso realizador francés dedicado principalmente al cinema noir donde ofreció cintas maravillosas. Inició en 1949 con El silencio del mar con su mensaje antibélico. Luego vino la adaptación de Cocteau, Los niños terribles. En 1955 inició su serie de cintas con detectives y hampones que dieron títulos gloriosos (Bob el jugador, Morir matando, El samurái o El ejército de las sombras).



Serge Silberman (1917 – 2003).


El genial Buñuel con Silberman (derecha)


Un productor de excelencia y buen gusto. Le debemos una treintena de joyas universales. Su primera cinta fue precisamente Bob el jugador del otro centenario Melville. Entre sus producciones tenemos al Buñuel francés y con eso ya le estamos agradecidos eternamente (Diario de una recamarera, La vía láctea, El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la libertad, Ese oscuro objeto del deseo) o al René Clément tardío (El pasajero de la lluvia). Al Kurosawa límpido (Ran) o al Oshima delirante (Max mon amour), entre otras.



Fernando Rey (1917 – 1994).


Fernando Rey en Locura de amor (1948)
Con Buñuel y Ángela Molina (1977)


Un gran actor buñueliano (Viridiana, Tristana, El discreto encanto de la burguesía, Ese oscuro objeto del deseo). Tuvo su primer rol estelar como Felipe el Hermoso en Locura de amor. Apareció en cintas destacadas en tiempos franquistas (Cómicos de Bardem; Cielo negro de Manuel Mur Oti; Rogelia de Rafael Gil). En México estuvo en la entrañable Teresa. En Hollywood apareció en Los aventureros, Contacto en Francia, Luna sobre Parador. Hasta apareció junto a Marisol en La nueva Cenicienta. Sería interminable continuar con su carrera destacada.



Freddie Francis (1917 – 2007).


Albert Finney y Shirley Anne Field
en Todo comienza el sábado (1960)
Peter Wyngarde y Martin Stephens
en Posesión satánica (1961)


Fue director de fotografía en la época dorada del cine británico (Almas en subasta, Hijos y amantes, Todo comienza el sábado, Posesión satánica). Luego sería director, sobre todo, de cintas de terror (Las profecías del Dr. Terror, Las muñecas de la muerte, Las tijeras del diablo), para retornar en los años ochenta detrás de la cámara fotografiando joyas (El hombre elefante, La amante del teniente francés, Dunas, Tiempos de gloria, Cabo de miedo).



Jean Rouch (1917 – 2004).


Crédito inicial de Crónica de un verano (1961)
(filmada en el verano de 1960 pero
distribuida al año siguiente)


Importante documentalista (aunque también filmó cintas de ficción), creador del llamado Cinema Verité. Su obra fue poco conocida en nuestro país, pero en aquellos años maravillosos, gracias a la Alianza Francesa pudimos ver Yo, un negro; Crónica de un verano; París visto por…



Giuseppe De Santis (1917 – 1997).


Silvana Mangano en Arroz amargo (1949)


Guionista y director. Su segunda película Arroz amargo le dio fama mundial, colocó a Silvana Mangano entre las actrices de renombre y fue nominado al Óscar por el guión. Pedro Armendáriz apareció en Hombres y lobos bajo su dirección. Otros títulos que se pudieron ver en México fueron Días de amor, Destino de tres vidas o Ataque y retroceso.



Armando Trovajoli (1917 – 2013).


Disco de la banda original
de Ayer, hoy y mañana (De Sica, 1963)


Compositor italiano en más de doscientas películas. Fue colaborador de Ettore Scola (Nos amábamos tanto; Sucios, feos y malos; Un día particular; La cena; Pasión de amor). Dino Risi (Perfume de mujer, Veo desnudo, El profeta). Vittorio de Sica (Ayer, hoy y mañana, Matrimonio a la italiana). Y así al infinito…

ALGUNOS CENTENARIOS DE HOLLYWOOD


OTROS CENTENARIOS 2017 (1)



         Robert Mitchum (1917 – 1997).

Una de las grandes personalidades del cine norteamericano. Participante tanto en cintas del oeste con tonos psicológicos (Su única salida, Sangre en la luna) u obras maestras del cine negro (Encrucijada de odios, Traidora y mortal) en los años cuarenta, se consolidó en la década siguiente con cintas artísticas (La noche del cazador, El cielo fue testigo) para formar parte de la nómina de estrellas masculinas ya inmortales de Hollywood.



Ernest Borgnine (1917 – 2012).

Contra el tipo usual de Hollywood con galanes atractivos, Borgnine se ganó el Óscar en 1956 por Marty (Delbert Mann, 1955) donde interpretaba a un carnicero feo, bonachón, sin suerte, que se juntaba con otros amigos solitarios, intentando buscar el amor, hasta que se encuentra con una mujer fea, alma gemela, para sellar su destino. Filmó más de doscientas películas, usualmente como villano.



Susan Hayward (1917 – 1975).

Una magnífica actriz. Personalidad dura, ruda, al mismo tiempo sensible. Hayward no era la típica heroína dulce, sino una mujer que luchaba o sufría por las circunstancias que le rodeaban. De esta manera pudo ser la lisiada Jane Froman (Cuando el alma sufre), la alcohólica Lillian Roth (Mañana lloraré), la condenada a muerte Bárbara Graham (La que no quería morir por la cual se ganó un merecidísimo Óscar) o la astuta millonaria Lone Star (El jarro de miel).



Jane Wyman (1917 – 2007).

Inició su carrera a los 15 años y tardó tiempo para consolidarse. Fue la novia del alcohólico protagonista de Días sin huella (Billy Wilder, 1945) y tres años más tarde ganó el Óscar por Belinda (Negulesco, 1948). A partir de ahí intervino en cintas más prestigiosas (Desesperación, Selina) hasta que en la Universal filmó melodramas ya clásicos e inmortales (Lo que el cielo nos da, Sublime obsesión). En sus últimas etapas se tornó gran estrella de la televisión.



June Allyson (1917 – 2006).

Imagen de la chica dulce, estereotipo de la novia y esposa perfecta, creada por la MGM donde interpretó comedias musicales o papeles prestigiosos en cintas basadas en obras clásicas (Los tres mosqueteros, Mujercitas). Como tantas estrellas de la Metro, fue desechada en los años cincuenta para pasar a la Universal donde participó en éxitos taquilleros (Música y lágrimas, Interludio, Un extraño en mis brazos).



Steve Cochran (1917 – 1965).

Ejemplo del personaje masculino, pelo en pecho, rudo, con gran magnetismo. Usualmente actor secundario, comenzó gracias a un contrato con Samuel Goldwyn (Los mejores años de nuestras vidas, Nace una canción), para luego pasar a la Warner Bros. donde apareció en joyas del cine negro (Alma negra, Los condenados no lloran). En 1957 coprodujo y participó en una obra maestra de Michelangelo Antonioni (El grito), quizás su gran película. Falleció rodeado de mujeres en su propio yate rumbo a Guatemala.



Joan Fontaine (1917 – 2013).

Hermana menor de la ya centenaria Olivia de Havilland, siempre estará en la memoria colectiva gracias a su personaje de Madame De Winter en Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940). Ganó el Óscar al año siguiente por otra cinta de Hitchcock La sospecha (Suspicion) al lado de Cary Grant. Fue dama joven y señora de sociedad. Gracias al apoyo de sus maridos productores tuvo gran presencia en las décadas siguientes.



Y quedan muchos otros del Hollywood de antaño: Desi Arnaz, Jan Clayton, Dean Martin, Celeste Holm, Mel Ferrer, Audrey Totter, Raymond Burr, que ya surgirán en su momento.




viernes, 23 de diciembre de 2016

CENTENARIOS MEXICANOS 2017


ICONOS DEL CINE NACIONAL 1917 - 2017



         Inicio el ritual anual de recordar aniversarios del cine con una pequeña muestra de grandes celebridades que serán centenarias el próximo, amenazante, año. Estoy seguro que Genaro Saúl Reyes y Fernando Gaona se encargarán de otros datos interesantes y minuciosos según vayan pasando los meses. A ellos dedico, por su pasión y entrega al cine mexicano, este mínimo acercamiento.




         1917 celebrará a verdaderos iconos del cine nacional. Los más importantes serán, sin duda, Pedro Infante y El Santo, dos figuras emblemáticas, puntos de referencia para diversas etapas de nuestra cinematografía, motivos de idolatría permanente que ha trascendido generaciones, aunque se note más auténtica la del sinaloense y carismático actor y cantante, que la del hidalguense luchador que se tornó en pose social cuando fue “revalorado” por la intelectualidad. No hay mucho que agregar a las historias de estos dos personajes. En sus respectivos meses de aniversario (noviembre, Pedro; septiembre, El Santo) habrá seguramente exceso de semblanzas y homenajes.


Ernesto Alonso en Ensayo de un Crimen



         Ernesto Alonso (febrero), originario de Aguascalientes, fue actor importante dentro de la prestigiosa Clasa Films de los años cuarenta en papeles secundarios (La corte de Faraón, El monje blanco) hasta que tuvo el estelar en la subestimada e interesante San Felipe de Jesús (Bracho, 1949) para filmar poco posteriormente (se dedicaría más que nada a la televisión) pero títulos ya imprescindibles como Otra primavera (Crevenna), Trotacalles (Landeta), Abismos de pasión (Buñuel) para coronar todo con la extraordinaria y siempre excitante Ensayo de un crimen, una de tantas obras maestras del propio Luis Buñuel.


David Silva en el rol que le dio el Ariel



         David Silva (octubre), capitalino, que inició como extra a los 20 años de edad para ir escalando su lugar como joven galán, participar en las primeras cintas del Indio Fernández (La isla de la pasión; Soy puro mexicano), entre muchas otras, hasta consolidarse como actor de importancia en Campeón sin corona (Galindo, 1945). A partir de ahí, se tornaría en el intérprete de personajes cotidianos, populares, ya permanentes en la memoria (Una familia de tantas, ¡Esquina bajan!, Anillo de compromiso, Ventarrón, Espaldas mojadas) para luego llegar a la cuarentena y caer en los papeles secundarios o especiales (El hombre de papel, La noche del jueves) y ser recuperado por los nuevos cineastas de los años setenta (El topo, Ángeles y querubines, Alucarda, Los albañiles).


Abel Salazar comiendo cerebro
ya que era El barón del terror



Abel Salazar (septiembre), también capitalino, fue más bien galán que buen actor, sobre todo de comedia, que se fue consolidando en los años cuarenta, para llamar la atención en El conde de Montecristo (Urueta, 1941) e ir adquiriendo fama hasta llegar a títulos ya muy conocidos (Los tres García, El pecado de Laura, Del can can al mambo, Quiéreme porque me muero). Su etapa como productor fue muy exitosa (El vampiro, El barón del terror, La maldición de la llorona) hasta que decidió entrar a la dirección de películas que fueron muy vapuleadas por la crítica de su tiempo al tratar temas que pensaba trascendentes aunque sin una mirada incisiva, sino complaciente o simplemente de regaño moralista (Los adolescentes, Paula, Rosas blancas para mi hermana negra, Una mujer honesta y sobre todo Tres mujeres en la hoguera).   


Emilio Fernández, Pedro Infante
e Ismael Rodríguez



Ismael Rodríguez (octubre) fue en su momento, el director más joven del cine nacional, debutando a los 25 años de edad con ¡Qué lindo es Michoacán! para ir construyendo una carrera interesantísima, audaz en algunas temáticas, aguda para saber llegarle al público. Junto con Pedro Infante ofreció varios de los títulos más entrañables del cine nacional (Los tres García, Nosotros los pobres, A toda máquina, La oveja negra, Dos tipos de cuidado, Los tres huastecos, Tizoc). Buscó la internacionalización con temas arriesgados (Ánimas Trujano, El niño y el muro) o provocando la curiosidad (morbosidad) del público (La cucaracha, Los hermanos Del Hierro).


Vianey Valdez, Norma Suárez,
Rómulo Lozano y Polo



Y podremos añadir a nuestro actor y locutor Rómulo Lozano, Rafael Banquells, Víctor Alcocer, Víctor Junco, Ramón Gay, Fernando Torre Lapham, Stella Inda, los cantantes Eva Garza y Chucho Martínez Gil, la pintora Leonora Carrington, el director  Federico Curiel, entre muchos otros, pero ya habrá tiempo y oportunidad si la vida nos lo permite.

Feliz Navidad a todos.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LECCIONES MORALES


GLENN FORD: OTRO CENTENARIO
(1916 - 2006)





         Antes de que acabe 2016 es necesario rendir tributo a Glenn Ford. Nacido en Québec en 1916, pero trasladado a California desde los 8 años, comenzó en el cine en 1939 luego de haber actuado en obras estudiantiles y formar parte de un grupo de teatro donde fue descubierto por un buscador de talentos de la Fox. Ahí comenzó en una cinta de bajo presupuesto que se filmaba para acompañar a grandes producciones en los programas dobles de los cines de esos tiempos (Heaven with a Barbed Wire Fence, Ricardo Cortez, 1939, no exhibida en México),


Su primera película

pero no tuvo éxito y cuando la Columbia Pictures lo contrató, inició una larga asociación con dicha compañía donde llegaría a ser una de sus presencias importantes. Luego de varios roles que fueron impulsando su carrera, Ford llegó al estrellato, pero en 1943 se enlistó en la Marina para ir a la guerra. Ahí permanecería posteriormente en la reserva norteamericana alcanzando el rango de Capitán.


 El joven actor

         1945 marcó el año de su retorno y la dificultad de volver a empezar. Bette Davis le ofreció el rol de Bill Emerson en la única cinta que la actriz produjo dentro de la Warner Bros. (Vida robada, Curtis Bernhardt, 1946);




y en la Columbia llegó uno de sus papeles emblemáticos, Johnny Farrell, el aventurero que encuentra el amor con una polémica y seductora mujer en Argentina (Gilda, Charles Vidor, 1946).



Gracias a estas dos películas Ford se colocó entre las estrellas de primera categoría en Hollywood cuya fama crecería en las siguientes décadas. Llegarían otros grandes títulos: Fritz Lang lo dirigiría en dos joyas del cine negro (Los sobornados, 1953; La bestia humana, 1954).
En ambas películas de Lang actuó al lado de Gloria Grahame

Richard Brooks filmaría un gran éxito acerca de la rebeldía juvenil donde se introducía “Rock Around the Clock” de Bill Haley y sus cometas para establecer una era que llegaba (Semilla de maldad, 1955) para no detenerse.



 Entra el rock and roll al cine

         Sin embargo, Ford se ha distinguido por haber filmado muchas cintas del oeste. En los años cincuenta estuvo en una trilogía con el realizador Delmer Daves (1904 – 1977), versátil y extraordinario guionista, luego director de cintas de acción, vaqueros y melodramas (del cual nos ocuparemos en algún momento el año entrante),

Delmer Daves: un director que merece revaloración

con el cual actuó en producciones exitosas de la Columbia Pictures, El hombre pacífico (Jubal, 1956), El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, 1957) y Cowboy (Cowboy, 1958) donde demostró su calidad actoral al interpretar tres personalidades muy distintas en cintas del oeste con toques psicológicos y humanos: verdaderas lecciones de moral dentro de un universo perfecto para este tipo de cuestionamientos y dilemas. Mucho tuvo que ver la mano de Daves; por otro lado, la presencia recia de Ford.




         El hombre pacífico lo muestra como Jubal Troop, un hombre que ha vivido sin afecto, siempre rodando por diversos empleos, seguro de que es portador de la mala suerte, quien de pronto se encuentra ante un hombre bondadoso, Shep (Ernest Borgnine) que le ofrece un empleo en su rancho donde vive con su joven esposa Mae (Valerie French). Entre los vaqueros del lugar está Pinky (Rod Steiger), tipo malicioso, ambicioso, quien ha tenido una aventura con la esposa de Shep y se siente desplazado con la llegada de Jubal al cual se le insinúa Mae, rechazada por el agradecido hombre. En algún momento, Pinky calienta la cabeza de Shep haciéndole creer que hay algo entre su esposa y el flamante capataz (algo que también le duele al intrigante tipo) por lo que Shep enfrenta a Jubal y por defenderse, éste mata a su benefactor.




         El tren de las 3:10 a Yuma es el caso contrario. Glenn Ford ahora interpreta a Ben Wade, cabecilla de una banda de ladrones, que al principio de la cinta detiene y asalta una diligencia que cargaba el oro del magnate Butterfield. Al querer defenderse uno de los conductores, Wade mata al tipo y a uno de sus hombres. Todo esto lo presencia el ranchero Dan Evans (Van Heflin) junto con sus hijos. No interviene para salvar su vida, hecho que posteriormente le será reclamado por su esposa Alice (Leora Dana). Los forajidos se marchan y llegan al pueblo de Bisbee donde Wade quien se siente atraído por la cantinera del pueblo, Emmy (Felicia Farr), con la cual permanece para tener una aventura mientras sus hombres se dirigen hacia la frontera. Este retraso hace que el sheriff del pueblo detenga a Wade. Butterfield ofrece 200 dólares a quien lleve al bandolero hacia el pueblo donde pasará el tren que lo transportará a Yuma para que la justicia lo castigue. Evans acepta porque necesita esa cantidad para salir adelante en su rancho.




         Cowboy viene a ser una mezcla de personalidades. Ford es el rudo vaquero Tom Reese que traslada ganado desde lugares salvajes hasta la gran urbe, acompañado de su séquito de colaboradores. Llega a un lujoso hotel de Chicago donde vende sus animales y luego pierde las ganancias en el juego. Uno de los recepcionistas del hotel, Frank Harris (Jack Lemmon, muy joven y carismático), quiere invertir en ese negocio porque está enamorado de una joven mexicana que vive en la frontera. Ante la necesidad, Reese acepta el dinero de Harris quien se considera su socio. De esta manera Harris empieza su aventura como vaquero y ganadero, dándose cuenta de la frialdad de Reese ante la muerte y otros sentimientos que esconde. Harris sufre una decepción al encontrar a su amada ya casada con otro hombre. Empiezan enfrentamientos que lo endurecen. Reese intenta hacerle entrar en razón. Una cosa es ser rudo y duro: otra es ser miserable.


Una joven le da esperanzas al inseguro Jubal



         Las tres películas muestran a un Ford polifacético que, además, era aceptado por el público en cualquiera de ellas. En su larguísima carrera (más de cien títulos en 56 años que estuvo vigente) Ford fue principalmente héroe ante la adversidad, pero en este trilogía de casos, no le importó pasar del personaje bueno y redimible al villano frío y criminal que, no obstante, mostraba cierta comprensión a la realidad que le rodeaba. O interpretar a un tipo rudo que, en realidad, tenía sentido de humanidad, como un matiz gris entre extremos.


El buenazo Shep (Ernest Borgnine, en rol contrario al usual)



         La reciente visión de la trilogía confirma que ninguna de ellas ha perdido vigencia. Mucho se debe a la buena mano del realizador Daves (guionista en las dos primeras), pero también a los temas universales que toca. La tragedia de Jubal se acerca a la trama de “Otelo” donde un vulgar Yago calienta la cabeza del gran señor, aunque en este caso hay una infiel Desdémona. La cinta muestra al hombre a merced del destino: la muerte de Shep no permite que haya una explicación y la culpabilidad se asume por la gente envenenada por las maquinaciones de Pinky. Jubal tiene como aliados a la caravana de seres religiosos que fueron cobijados en sus tiempos adversos. Ahí está la joven que lo ama y le apoya. Finalmente la justicia triunfa: Pinky ha golpeado y dejado como muerta a la infiel Mae quien le había aseverado falsamente a Shep su infidelidad con Jubal, incrementando la rabia del buen hombre. No obstante, ella alcanza a confesar la verdad antes de morir y dejar a Pinky en manos del enojo comunitario.


El extraordinario Van Heflin en el rol del afable ranchero
que desea heredar lecciones morales a sus hijos



         El interés principal de la cinta sobre el criminal Wade radica en la necesidad del ranchero Evans por hacer lo que siente correcto: su responsabilidad social. Ante su inacción frente al robo de la diligencia, queda la urgencia de hacer lo que cree importante para reivindicarse. Llevar al criminal a Yuma le redimirá de lo que pensó inicialmente como correcto: salvar su vida cerrando los ojos al mal, permitiendo que la corrupción siguiera su curso. Prácticamente emboscado por los hombres de Wade, Evans asume su destino pero tiene la esperanza. La reafirma el alcohólico del pueblo quien ofrece su vida para alertarlo. Se da cuenta que es más importante afirmarse como ser humano y dejar una lección moral a sus hijos.


El joven ingenuo (Jack Lemmon) al inicio de sus aventuras
como vaquero al lado de su socio Reese.



         Al vaquero Reese no le gustan las ataduras de ningún tipo. El joven Harris tiene sueños de gloria. Al ser forzado a aceptar el dinero del muchacho, tiene que cumplir con una obligación moral ya que no acepta contratos, pero tiene sentido de la responsabilidad hacia el otro. La cinta viene a ser una serie de parábolas que van registrando el crecimiento en experiencias y emociones del joven Harris. Su colega a fuerza se dará cuenta que ha creado un monstruo y será necesario volverlo al buen camino y demostrar su categoría como ser humano.



Un Yago vulgar e insolente (Rod Steiger como Pinky)

El criminal Wade es atrapado por la justicia

El ya endurecido Harris confronta al arrepentido Reese


         Puede notarse que en las tres cintas se habla precisamente de seres humanos con valores universales innatos que, de alguna forma, se van transformando, adormilando o perdiendo con el tiempo y las experiencias de vida. Jubal recuerda el afecto y coraje de su padre junto al rencor de su madre. Evans recupera lo que debe heredar a sus hijos más allá de la vida gracias al ejemplo contrario de Wade quien, de todas formas, sabrá ser agradecido. Reese tendrá que sobreponerse a la rudeza de su existencia para comprender al prójimo. Son estas características las que hacen imprescindibles a algunas películas que se tornan en ejemplos para los espectadores. Sobre todo en estos tiempos cuando se ha perdido el respeto en muchos aspectos.


Glenn Ford interpretó al padre de Clark Kent (Christopher Reeve)
en "Superman: la película" (Richard Donner, 1978).



         Glenn Ford moriría en 2006 a los 90 años. Quince años antes había filmado su última cinta para la televisión,  Veredicto final (Jack Fisk, 1991), donde mantenía su personalidad y fuerza.

Glenn Ford en su última película, filmada para la televisión (1991)


1946 fue el año en que entró al verdadero estrellato; 1956 fue el año en que inició su trilogía con Delmer Daves; 2006 sería su fallecimiento. Ahora en el ya agonizante 2016, luego de haber cumplido su centenario, era necesario recordar sus películas como un recordatorio de cuando el cine era edificante y hablaba de las bondades del ser humano.