domingo, 4 de febrero de 2018

UNA CENICIENTA A LA INVERSA


LA PRINCESA QUE QUERÍA VIVIR

(Roman Holiday)

1953. Dir. William Wyler.





         En 1951 cuando la cacería de brujas en Hollywood alcanzó un punto insoportable, el director William Wyler se encontraba con la disyuntiva de abandonar el país. En su pasado había contribuido con asociaciones democráticas que, en este momento histórico, ya eran inadmisibles para los exacerbados políticos norteamericanos. Wyler se había interesado en el guion de Roman Holiday (que en México llevó como título La princesa que quería vivir que había sido escrito y vendido a Frank Capra quien finalmente lo desecharía: su plan había sido filmarla para la Paramount con Cary Grant y Elizabeth Taylor, pero finalmente no quiso llevarlo a cabo cuando le pusieron limitaciones presupuestales. Para Wyler era su oportunidad de retornar a la comedia, género no usual en su carrera cinematográfica, de la cual no se ocupaba desde 1935 al realizar Alegre mentira (The Gay Deception), además que le permitiría filmar en locaciones de Roma y alejarse del mencionado clima negativo que imperaba en Hollywood por las acusaciones constantes contra otros integrantes del medio, muchos de ellos amigos suyos. Otro factor importante era que por esos años, los norteamericanos que vivieran dieciocho meses en Europa no tenían que pagar impuestos sobre sus ganancias foráneas. De ahí que muchas producciones se hayan filmado en Europa por esos tiempos o que diversos actores y actrices hubieran aparecido en cintas extranjeras.





         Wyler también tuvo su restricción presupuestal hasta que Paramount accedió al uso de fondos que tenía bloqueados en Italia y que, de esa manera, podrían gastarse indirectamente: le dieron un millón de dólares, cantidad escasa para esos tiempos, y de ahí que filmara en blanco y negro, cuando sus intenciones habían sido filmarla en color. Otro aspecto es que deseaba utilizar a una actriz desconocida y ahí es donde surge Audrey Hepburn quien, a los 22 años, había debutado en la versión teatral de Gigi en Broadway, siendo recomendada por la propia autora Colette a Wyler que quedó fascinado con su personalidad aunque tenía sus dudas (todavía hizo pruebas a Suzanne Cloutier, la Desdémona en el Otelo de Orson Welles) ya que carecía de experiencia (solamente había aparecido en pequeñísimos papeles sin líneas) y le parecía, (¡increíblemente!) algo regordeta (Hepburn adelgazaría hasta permanecer delgadísima por siempre). Las pruebas fílmicas la mostraron como talentosa y vivaz. Como contraparte masculina y por exigencia de los estudios, para equilibrar a la desconocida Hepburn, se contrató al astro Gregory Peck de renombre y vasta experiencia.





         La princesa que quería vivir es un cuento de hadas, una especie de Cenicienta en sentido contrario. Anne es la princesa de un pequeño país no mencionado quien se encuentra de visita oficial en Roma. Hastiada de requisitos y exigencias de su corte, decide escapar. Al haber tomado un medicamento que le daría somnolencia, se queda dormida en la banca de un parque en donde la encuentra el periodista Joe quien ofrece ayudarla sin que ella revele su verdadera identidad, por lo que se hace pasar como simple ciudadana, y sin que el periodista la reconozca al principio; luego se da cuenta de su verdadera personalidad y solicita a un amigo fotógrafo que los siga, mientras él la pasea por Roma, para lograr un reportaje que le dará fama y fortuna. Ocurren muchas cosas amables que remiten a una bella historia de amor, aunque, por razones sociales y políticas, imposible de consumar.





         William Wyler fue un realizador prestigioso. Su método de trabajo era pragmático y perfeccionista. Hacía muchas tomas de sus escenas para finalmente encontrar y seleccionar con gran tino, la que era más adecuada y mostraba al actor o actriz en su esplendor. Muchas de sus cintas fueron aclamadas y recibieron premios. Sus tramas eran fuertes y trataban temas trascendentes o audaces. El patriotismo de Rosa de abolengo (Mrs. Miniver, 1942) o la realidad nacional de la posguerra en Los mejores años de nuestras vidas (The Best Years of Our Lives, 1946). El lesbianismo velado en Infamia (These Three, 1936) que volvería a filmar un cuarto de siglo después ya dejando en claro el sentimiento de una de sus protagonistas en La mentira infame (The Children’s Hour, 1961). La misma Ben Hur (1959) sugería la pasión homoerótica entre dos hombres. Y así se encuentran muchos otros casos entre sus 35 largometrajes sonoros.





         Lo que distingue a La princesa que quería vivir es su frescura. Mucho se debe a la misma Audrey Hepburn quien con cabello largo luego pasa al corto para afianzar su personalidad, expresando los deseos que tiene: ir a ver aparadores, visitar un café o caminar bajo la lluvia. La secuencia de la visita a la Boca de la Verdad que ofrece uno de los momentos ya icónicos del cine norteamericano. Su sonrisa pícara al enterarse que pasó la noche en un departamento junto con el hombre que la ha sacado de su formalidad real. La vuelta a la realidad. La cinta nos habla acerca del descubrimiento personal (la princesa aburrida se da cuenta que en realidad tiene un trabajo importante por realizar), de la experiencia del amor (aunque tendrá que romper su corazón, habrá pasado por un hecho inolvidable), de la ética (el periodista se convence del significado de la caballerosidad en esos tiempos modernos).


La boca de la verdad



         Wyler nos ofrece una constante general (con excepciones mínimas) en sus películas: la imposibilidad de la pareja. Siempre existe un obstáculo que impide la consumación del amor. Es interesante establecerlo cuando se recuerdan los tiempos en que los realizadores trabajaban bajo las órdenes de imperativos de los grandes estudios. Gracias a su prestigio y a sus rendimientos en taquilla, Wyler pudo ser fiel a sí mismo, seleccionando aquello que deseaba filmar. William Wyler fue uno de los mejores directores de Hollywood en sus míticos tiempos. La princesa que quería vivir es uno de sus más grandes logros. Ahora, en su 65° aniversario, podrá disfrutarse en pantalla grande en la Cineteca Nuevo León: no puede desaprovecharse la oportunidad.

William Wyler (1902 - 1981)

domingo, 31 de diciembre de 2017

CENTENARIOS DEL 2018

ALGUNOS CENTENARIOS DEL MUNDO EN 2018

En este 2018 podremos conmemorar los aniversarios de actores y estrellas que nos heredaron un legado de entretenimiento aparte de que sus películas nos devuelven a experiencias de vida: por eso los recordamos y nos son entrañables; alrededor de esas vueltas a las salas de cine teníamos a nuestros seres queridos, una ciudad que nos era entrañable, las vicisitudes de la escuela o la universidad, los problemas amorosos o existenciales, y todo lo que nuestra memoria todavía nos permite colocar en este presente. Luego de México, patria nuestra vapuleada, saqueada y lastimada pero siempre optimista, con todos esos recuerdos que les compartí en seis entregas previas, hay que llegar obligatoriamente a Hollywood porque es innegable su hegemonía desde ayer y hasta ahora, para luego pasar al mundo. Aquí destaco algunos centenarios muy importantes. En el año irán revelándose otros.





*William Holden-

Gran personalidad que mezclaba rudeza y dulzura. Desde el primer estelar Conflicto de dos almas (1939) hasta su atormentado escritor en El ocaso de una vida (1950), su Óscar por Infierno en la tierra (1953) y su atractivo vagabundo en Picnic (1955). Unos cuantos títulos distinguidos.







*Robert Walker-

         Malogrado actor (murió a los 33 años) que presentaba una personalidad rebelde, polifacética, en el mejor estilo posterior de Brando y Dean. Desde el novio trágico en Desde que te fuiste (1944) o el joven empleado departamental en Venus era una mujer (1948) hasta el sociópata que desea intercambiar crímenes en la cinta de Hitchcock Pacto siniestro (1951), el rol que lo inmortalizó.

        



*Rita Hayworth-

         Una mujer hermosísima que pasó de muñeca de aparador en Las modelos (1944) a vulnerable esposa de hampón en Gilda (1946) para ser sublime mujer de misterio en La dama de Shangai (1948) y ya con la edad, belleza madura en Drama de primera plana (1959).





*Ida Lupino-

         Una bella actriz fuera de serie: desde la esposa criminal que enloquece en La pasión manda (1940) y la hermana ambiciosa en Una mujer perdida (1943) hasta la esposa engañada en El bígamo (1953) o la esposa cansada de los problemas por su esposo actor en Intimidades de una estrella (1955). Fue de las pocas directoras en el Hollywood de antaño.





*Teresa Wright-

         Actriz consumada que pasó del teatro al cine para demostrar su calidad. Ganadora del Óscar por Rosa de abolengo (1942) llegó a ser la sobrina que pasa de la admiración y afecto por su tío a la decepción de saberlo criminal en la cinta de Hitchcock La sombra de una duda (1943). Luego fue hija idealista en Los mejores años de nuestras vidas (1946) y víctima de la sospecha en Su única salida (1947)

        



*Ingmar Bergman-

         Uno de los mejores directores en la historia del cine. Sus películas, reflejos de la problemática existencial de los seres humanos iba más allá de las dudas religiosas, la simbiosis de personalidades, la fragilidad de la vida, la entrega erótica. Sus películas trascendieron sobre todo en los años cincuenta y sesenta ganando todos los premios más prestigiosos y legítimos del mundo: El séptimo sello (1957), El silencio (1963), Persona (1966), Gritos y susurros (1972) y se queda uno corto. Seguiría adelante aunque con menos producciones al paso del tiempo.





*Massimo Girotti-

         Una de las personalidades más atractivas del cine italiano que interpretaba a galanes con sustancia bajo las órdenes de grandes directores: Obsesión (Visconti), Crónica de un amor (Antonioni), El amor de una mujer (Grémillon) o Teorema (Pasolini).

sábado, 30 de diciembre de 2017

ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO 2018 (6)

1978, 1988



         Un vistazo rápido a los últimos cuarenta y treinta años de nuestro cine mexicano para cerrar estos recuerdos.  ¿Cuáles películas merecen destacarse de tiempos que fueron nefandos y que posteriormente traerían la caída de la industria? Les ofrezco una corta selección de títulos. Cada uno por distintos motivos merece distinguirse. Algunos casos les parecerán extremos pero siempre habrá diversidad de opiniones ¿verdad? Los ejemplos de hace veinte y diez años todavía requieren de mayor perspectiva o nostalgia para mencionarlos.  



1978


*Amor libre (Jaime Humberto Hermosillo)

         Dos mujeres que se complementan porque son opuestas (una es desparpajada y promiscua; la otra es recatada e inocente) descubrirán sus verdaderas naturalezas al encontrar razón a sus vidas. Homenaje de Hermosillo a la comedia (y a la comedia musical).





*Cadena perpetua (Arturo Ripstein)

         Un ex ladrón y vividor que ha deseado reformarse no puede liberarse del acoso de un comandante que lo obliga a continuar con su vida de antes. Un guion exacerbado sobre la novela de Luis Spota permite al espectador adentrarse en el mundo de la violencia y la corrupción.





*En la trampa (Raúl Araiza)

         Un hombre cae en la trampa del matrimonio y todos sus ideales se derrumban. Su supuesta libertad es controlada por la esposa, el hijo, la suegra, la madre y sus requerimientos monetarios. Visión del pobrediablismo a la mexicana; de la mujer manipuladora.





*Muñecas de medianoche (Rafael Portillo)

         El cine procaz y vulgar del cabaret se redime por la gracia de sus protagonistas travestidos (el grandote Jorge Rivero y el genial Rafael Inclán) para evitar la muerte acordada con un implacable criminal. Ambos caen en el mundo del cabaret que da lugar a deliciosas confusiones.





*El tren de la muerte (Juan Orol)

         Última cinta en la filmografía de un realizador fiel a sí mismo: hombre-orquesta (guionista, productor, director) que narra la venganza de un pistolero contra tres tipos que asesinaron a su familia. Todo elemental (nunca cambió), un estilo de actuación sin reacción ni emoción: gran diversión, gran delirio.



Otros: A paso de cojo – Luis Alcoriza; Anacrusa – Ariel Zúñiga; Ángela Morante ¿crimen o suicidio? – José Estrada;

El año de la peste – Felipe Cazals; Del otro lado del puente – Gonzalo Martínez; Erótica – Emilio Fernández; Estas ruinas que ves – Julián Pastor; El gran perro muerto – Rogelio A. González; María de mi corazón – Jaime Humberto Hermosillo; Oficio de tinieblas – Archibaldo Burns; Ratero – Ismael Rodríguez; La sucesión – Alfredo Gurrola; Te quiero – Tito Davison.



1988


*El camino largo a Tijuana (Luis Estrada)

         Un hombre vagabundo se encuentra con una chica que está huyendo de unos traficantes. Cuando la chica es secuestrada, el hombre decide rescatarla. Ejemplo de cine negro a la moda del narcotráfico y del México moderno. Una cinta fuera de serie.





*La ciudad al desnudo (Gabriel Retes)

         Una pareja con problemas sentimentales y económicos se topan con un grupo de asaltantes en el motel de paso donde llegan a pasar la noche antes de irse a otra ciudad. La humillación y la venganza harán que la pareja sea llevada a extremos impensables para unirse más contra la crueldad del mundo.





*El costo de la vida – Rafael Montero

         Ahora es otra pareja con problemas económicos debidos a la crisis social. Uno pierde su trabajo, ella está insatisfecha con el suyo que no resuelve nada. No queda más que una vida de delincuencia. Imagen de la situación político-económica del país.





*El fiscal de hierro (Damián Acosta)

         Sobre un hecho de la vida real y un corrido popular, tenemos la historia de un hombre que fue enviado por la ley a limpiar la ciudad que se encontraba bajo el influjo y amenaza de una mujer desgradada e infeliz. Fue tan taquillera que dio lugar a tres secuelas.





*Dos tipas de cuidado (Ismael Rodríguez).

         Una mujer se inventa a una gemela para poder conseguirse un marido rico. Ante tiempos adversos y por seguir filmando, el maestro Rodríguez recurría a tramas gastadas sin dejar de lado sus preocupaciones sociales. Signo de los tiempos que se estaban viviendo.



Otros títulos: Diario íntimo de una cabaretera – Gilberto Mtz. Solares; Historias de ciudad – Cervantes, Montero, Lara, Novaro; El jinete de la divina providencia – Óscar Blancarte; El secreto de Romelia – Busi Cortés; El verano de la Sra. Forbes – Jaime Humberto Hermosillo; El violador infernal – Damián Acosta.






jueves, 28 de diciembre de 2017

ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO 2018 (5)


1968

         Hace 50 años se filmaron 103 películas en un año marcado por dos eventos completamente opuestos en sus resultados: la modernidad y optimismo de las Olimpiadas en México contra la represión y muerte en Tlatelolco. Los dos hechos fueron filmados: Tlatelolco de manera clandestina e independiente (El grito. Leobardo Lópoez Aretche) y los Juegos Olímpicos con derroche presupuestal y tecnológico (Olimpiada en México, Alberto Isaac). Debutaron los realizadores Manuel Michel, Tito Novaro y Jorge Fons (quien será octogenario en 2018). Fallecieron actrices secundarias que tuvieron una carrera abundante y expresiva en el cine nacional: Maruja Grifell (puede identificarla como la “llorona” loca en Del can can al mambo), Paz Villegas (viuda de Carlos Orellana y, por ejemplo, mamá de Marga López en Nazarín), Enriqueta Reza (la sirvienta en Una familia de tantas), María Valdealde (la anfitriona de la fiesta donde llega Tin Tan como cantante flamenco, “El niño de pecho” en El rey del barrio), además del cómico José Jasso (Chema, el tendero rival de Piporro en El rey del tomate) y el actor, luego popular director en telenovelas, Jesús Valero (Carlos V en La virgen que forjó una patria).

         Y aquí va una selección mínima de varias películas que deben destacarse:

*¿Por qué nací mujer? (Rogelio A. González). Un melodrama soberbio donde se presenta una tipología de los personajes femeninos en el cine mexicano: desde la madre abusiva que se finge enferma para no ocuparse de la casa hasta la hija solterona que se convierte en la responsable de familia pasando por la tía soltera que tuvo hijo fuera de matrimonio o la hija mimada e insoportable. El epítome es la abuela esclavizada por un marido opresivo y tacaño o la otra abuela que ya de tan mayor se ha vuelto incontrolable. 


*El oficio más antiguo del mundo (Luis Alcoriza). Una cinta que intentó darle otro rostro al típico burdel del cine mexicano. Al encontrar a un cura asaltado y acuchillado en la puerta del lugar, dos de las pupilas lo meten a la casa. Ahí, la dueña (Gloria Marín) les permite que se quede hasta que se recupere. Mientras tanto, las mujeres empiezan a confesarse y sentir que tienen redención hasta que se descubre que el tipo no era sacerdote. Alcoriza jugó con las motivaciones y los traumas de las mujeres para llegar a un común denominador. Además, puso a una intelectual (Maricruz Olivier) y a su vulgar contraparte (Isela Vega). Queda como una curiosidad con reparto significativo de la época.


         *Santa (Emilio Gómez Muriel). Cincuenta años después de la primera versión de la popular novela de Federico Gamboa (todavía éxito de ventas) se llegó a la cuarta, en colores, con otra narración bajo retrocesos en el tiempo y una Santa más cínica por su propia circunstancia que desprecia. Julissa vino a ser la heredera contemporánea con su fiel Hipólito (Enrique Rocha), su seductor, su torero y otro personaje no considerado previamente en el cine, otro cliente que la saca del burdel para que ella no soporte los celos y provoque su enojo.


         *Trampa para un cadáver (Francisco del Villar). Ingenioso melodrama de intriga y suspenso acerca de un empresario (Guillermo Murray) que hereda la fortuna de su difunta mujer ante el enojo de sus hijastros que no podrán tocarla hasta que cumplan la mayoría de edad o se casen. Contratan a una mujer (Rosa María Vázquez) que es la amante del padrastro sin que éste lo sepa. A partir de esta premisa inicia un juego de gato y ratón donde empieza a haber giros interesantes. Tiene guión de Luis Alcoriza.


         *Remolino de pasiones (Alejandro Galindo). Una radionovela de Manuel Canseco Noriega (el mismo autor de Corona de lágrimas que Galindo filmara con éxito el año previo, sirvió para que este melodrama narrase la obsesión erótica de una mujer casada por el hombre que le recordaba a su fallecido amor de juventud. Al consumar su pasión provocaba el derrumbe familiar por lo que la pasión amorosa se tornaba en vengativa. Amparo Rivelles en gran dama a quien el sexo doblega.

*Todo por nada (Alberto Mariscal). En estos años se pusieron de moda las cintas europeas que replanteaban el género del oeste. Una buena muestra mexicana, copiando el estilo extranjero, resultó ser esta saga, bastante popular y taquillera, que le dio mayor presencia a los hermanos Mario y Fernando Almada, guionistas, productores y actores, al presentarlos como justicieros contra una banda de asesinos salvajes que habían exterminado a su familia.


*Trampas de amor (Jorge Fons, Manuel Michel y Tito Novaro). Cinta ómnibus que permitió el debut de dos de sus tres realizadores: Michel ya había filmado el largometraje, ese mismo año, Patsy mi amor. Tres cuentos eróticos donde lo pícaro y sorpresivo se deja como revelación final. Un par de chicas que agotan sexualmente a un conquistador; una pueblerina que quiere ser estrella y maneja al vividor que desea abusar de ella; un mecánico que sirve como objeto sexual de una dama rica recibe una sopa de su propio chocolate.


*Vagabundo en la lluvia (Carlos Enrique Taboada). El mismo año en que filmó su icónica El libro de piedra, para continuar el éxito de Hasta el viento tiene miedo y La trinchera, otro giro de tuerca sobre el tema revolucionario, Taboada filmó este inquietante ejercicio de suspenso y erotismo donde un tipo acosaba a damas ricas, ociosas y adúlteras como una especie de venganza natural.


*La manzana de la discordia (Felipe Cazals). Distinguido por sus cortometrajes previos (que extrañamente se exhibieron en las salas de cine como complemento cuando había programas dobles), Cazals filmó su primer largometraje de manera independiente, torpe por la falta de oficio, pero con mucho brío. Fue una cinta mítica e icónica para quienes éramos jóvenes y solamente sabíamos de ella por reportajes. Pasaron muchos años para que finalmente apareciera por televisión esta saga acerca de tres machos crueles, bebedores y violentos, como imágenes simbólicas de lo que estaba viviendo la sociedad en su momento. Uno de ellos era el extraordinario Jorge Martínez de Hoyos.


*Santo en el tesoro de Drácula (René Cardona, 1968). Una divertida y absurda aventura del luchador que inventa una máquina que permite el viaje al pasado. De esta manera se descubre al malvado vampiro y entre el ayer y el hoy se intenta buscar su tesoro. Restaurada hace un par de años (como El vampiro y el sexo) con secuencias que eran para exportación con chicas que mostraban pechos y nalgas viene a ser otro ejemplo de los recursos para que los productores recuperaran sus inversiones en el extranjero. Gran curiosidad. En esta cinta debutó el actor regiomontano Alberto Rojas quien tendría una exitosa carrera dentro del cine pícaro.


         En otros casos están cintas de las cuales ya he platicado en otras ocasiones y pueden encontrar en mis blogs como Patsy mi amor o El terrón de azúcar. Ya se ha hablado mucho de El libro de piedra o Al rojo vivo, filmada en Monterrey. Los veteranos Emilio Fernández, Ismael Rodríguez o Miguel Zacarías realizaron cintas no muy afortunadas: El crepúsculo de un dios, Los cuernos debajo de la cama y Estafa de amor, respectivamente. Una disímbola cinta formada por dos cuentos de Alcoriza y Chano Urueta: La puerta y la mujer del carnicero. Quedan algunas cintas por discutir que fueron populares y ya eran realizadas por los hijos de las viejas dinastías como Raúl de Anda Jr. y René Cardona Jr. con Vuelo 701 y El despertar del lobo. Siempre queda la intención de tratarlas con mayor extensión en el futuro, como otras no mencionadas.