lunes, 28 de diciembre de 2015

1966 - 1976 para finalizar...


ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO

 1966
 
         Hace 50 años se filmaron 98 películas mexicanas, permitiéndose la entrada de once nuevos directores a la industria cinematográfica. De esas 98 cintas, 55 fueron a colores porque ya se anunciaba la llegada de la televisión cromática que sería una gran competencia para el cine.



         Las mejores cintas del año fueron Estrategia matrimonio que sería la última cinta de su realizador Alberto Gout quien no alcanzaría a verla estrenada, donde narraba los intentos de una mujer por casarse con un millonario: un hombre que la seguía y a la que ella despreciaba era en realidad riquísimo.
 
 
La soldadera, del debutante José Bolaños, mostraba a la Revolución desde la perspectiva de las mujeres que iban con sus hombres a la lucha, anhelando en realidad una casa y una familia estable.
 
 
Juego peligroso, cinta en dos episodios dirigidos por Ripstein y Luis Alcoriza, destacando el de este último donde una millonaria descubría el placer que le provocaba asesinar para gozar con su amante posteriormente. En todas estas películas apareció Silvia Pinal.

 


         La cinta más ambiciosa del año que fracasó en taquilla pero que fue adquiriendo mayor importancia con el tiempo fue la versión fílmica de Pedro Páramo que permitió el ingreso a la industria de Carlos Velo;
 
la película ha ido ganando adeptos al ser descubierta (o redescubierta) muchos años después: la atmósfera fantasmal y un gran elenco permiten esa imagen del macho universal, cacique supremo, padre de todos.
 
 
Y la cinta más taquillera, aunque estrenada hasta el año siguiente, fue Los caifanes de Juan Ibáñez, donde llamó la atención el enfrentamiento accidental entre clases sociales y el sabroso descenso al mundo nocturno capitalino.
 

 

         Los viejos realizadores de la época dorada del cine nacional continuaron vigentes aunque con cintas frustradas artísticamente: Julio Bracho dirigió a Meche Carreño, argumentista y estrella, en Damiana y los hombres, acerca de una muchacha autóctona de Xochimilco que logra destacar como modelo y volver locos a los hombres.
 
 
Emilio Fernández quiso reverdecer sus laureles revolucionarios con Un dorado de Pancho Villa intentando recuperar los prestigios de su cine anterior.
John Carradine (1906 - 1988)
 
Ismael Rodríguez filmó una parodia fallidísima del cine de terror con Autopsia de un fantasma donde contó con las presencias de viejas estrellas de Hollywood: John Carradine, Basil Rathbone y Cameron Mitchell.

 
         Se filmaron cuatro películas con El Santo: dos con Jorge Rivero, protegido de Gregorio Walerstein quien deseaba imponerlo como galán estelar (y lo logró), como coestrella (Operación 67 y El tesoro de Moctezuma) y dos dirigidas por Alfredo B. Crevenna: Santo vs. la invasión de los marcianos y Santo vs. los villanos del ring. Sin embargo, Blue Demon y Mil Máscaras filmaron tres películas cada uno de ellos, para hacerle la competencia aunque sin alcanzar su prestigio.



         Otras cintas de interés fueron La mujer de a seis litros y ¡Adiós cuñado! de Rogelio A. González. El asesino se embarca de Miguel M. Delgado. El silencioso y Bromas, S.A. de Alberto Mariscal. El derecho de nacer de Tito Davison. Doctor Satán de Miguel Morayta. Domingo salvaje de Francisco del Villar, donde David Reynoso mostraba el trasero por quedarse encerrado fuera de su departamento, estando desnudo. Matar es fácil de Sergio Véjar. Cada una de ellas exploraba con gusto y buena factura técnica a los géneros en los cuales sus argumentos florecían.
 
 
El derecho de nacer comprobó su vigencia al ser un taquillazo importante como discurso en contra del aborto y a favor de la tolerancia racial.

 


         Cantinflas filmó una de sus peores películas: Su excelencia donde establecía un discurso político complaciente y acorde con la oficialidad para mantener contentos a autoridades y público nostálgico de sus mejores épocas ya bien olvidadas.
 
 
Ante la maravillosa noticia de que la patética pareja de Viruta y Capulina se desintegraba después de Dos pintores pintorescos, surgió la amenaza (que se cumplió) de que el gordo nefasto iniciaría su carrera en solitario: y así fue a partir del año siguiente donde repitió sus usuales gestos ridículos que se denominaban “humorismo blanco” cuando en realidad parecían homenajes a la incapacidad de pensar.



         En 1966 falleció Javier Solís pero dejó una comedia musical maravillosa, sintomática de su tiempo en ritmos, bailes y canciones, donde se unían lo moderno y lo tradicional, algo que el mismo título indicaba Amor a ritmo de go go donde Rosa María Vázquez era la Lupe de la canción “Es Lupe” que interpretaban los populares Rockin Devils, bailarina en un café a go go.
 
 
La cortejaba el humilde taxista Solís al mismo tiempo que un galán otoñal (Raúl Astor). La dirigió Miguel M. Delgado y sus productores insistieron en unir el pasado (Tongolele) con el presente, para satisfacer a todo público.

 
         Y Angélica María produjo otra comedia juvenil acerca de una chica que no sabía hacia dónde colocar sus sentimientos, dejándose influenciar por un taxista recio de Guadalajara (Jorge Russek), un artista beatnik de Guanajuato (Fernando Luján, graciosísimo) y un intelectual científico de Monterrey (Julián Pastor),
 
 
 
platicando todos estos dilemas con su psiquiatra capitalino (Mauricio Garcés) en Sólo para ti, la mejor película en la carrera de Ícaro Cisneros.

1976

Matineé, una de las obras magnas
de Jaime Humberto Hermosillo
 
         Hace cuatro décadas, en el último año del echeverriato, se filmaron 61 películas. 36 fueron con apoyo estatal, 20 de producción privada y 5 independientes. Fueron seis años de gran actividad fílmica y mucho apoyo del gobierno. No volvería a repetirse el caso ya que luego vendría la decadencia, la muerte de la industria y, con la llegada del nuevo siglo, la actual inundación de óperas primas que no tienen exhibición en su mayoría aunque siempre aprovecharán la salida por la televisión, el vídeo o la venta al extranjero.

 Las mejores películas de 1976 fueron:
Los albañiles – Jorge Fons


Cascabel – Raúl Araiza
La casta divina – Julián Pastor
Las cenizas del diputado – Roberto Gavaldón
Crónica íntima – Claudio Isaac


Fantoche – Jorge de la Rosa
El mar – Juan Manuel Torres
Matineé – Jaime Humberto Hermosillo
Lo mejor de Teresa – Alberto Bojórquez
Mil caminos tiene la muerte – Rafael Villaseñor Kuri
Nuevo mundo – Gabriel Retes
Pafnucio Santo – Rafael Corkidi
Pedro Páramo (El hombre de la media luna) – José Bolaños
Las poquianchis – Felipe Cazals


Raíces de sangre – Jesús Salvador Treviño
El viaje – Jomí García Ascot

Y dentro del cine privado, deben destacarse:


Las ficheras – Miguel M. Delgado (por lo que significaron para el género que proliferaría en años siguientes).

 
La hija de nadie – Tito Novaro (ejemplo del cine pirata, convencional, realizado fuera de los lineamiento sindicales, usualmente en la frontera norteamericana, perfecto para los paisanos en Estados Unidos)

 
La palomilla al rescate – Héctor Ortega (por lo que significó como cine infantil alejado de estereotipos).



         Y hasta aquí llego en mis resúmenes porque la producción de 1986 (Lo que importa es vivir de Alcoriza o El tres de copas de Felipe Cazals, serían lo destacable del “cine culto” siendo mejores las comerciales Masacre en el Río Tula, Verdugo de traidores o Mauro el mojado, por ejemplo) y 1996 (el año de la horrenda Profundo carmesí de Ripstein o de la ridícula Cilantro y perejil así como de varios engendros producidos por Televicine), además de la de 2006, deja mucho que desear. Muchos títulos fallidos serían entrañables por lo que significaron en el contexto de las vidas de sus espectadores, pero su revaloración queda pendiente todavía y creo que ya es suficiente para llegar al punto final.

 

 

 

domingo, 27 de diciembre de 2015

1956


ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO

1956

         Hace sesenta años se filmaron 47 películas en Eastmancolor de las 101 producidas. Fue el año en que Alfonso Corona Blake inició una discreta e irregular carrera con la conmovedora El camino de la vida que tuvo distribución internacional al narrar la historia de unos huérfanos y sus tribulaciones. La segunda de sus cintas en el año fue Felicidad sobre la obra de Emilio Carballido donde un maduro Carlos López Moctezuma engañaba, e ilusionaba, a la empleada Gloria Lozano haciéndole creer que era viudo. Un retrato fresco y melodramático de la clase media nacional.

 


También fue el año en que se filmaron las dos últimas producciones con desnudos artísticos (o sea inmóviles). Una de las cintas fue La Diana cazadora de Tito Davison, en color, con Ana Luisa Peluffo como señora casada que tiene amante y posa para la famosa estatua. La otra fue Juventud desenfrenada en blanco y negro, con una joven Aída Araceli que mostraba sus pequeños pechos al aire.

 
 
Juan Bustillo Oro filmó la mejor actuación de Tin Tan en papel serio y picaresco en Las aventuras de Pito Pérez, conmovedora lectura de la novela que antes interpretara Manuel Medel y luego López Tarso. Tin Tan mostró su versatilidad e histrionismo evitando caer en sus usuales chistes y juegos corporales. Por su lado Cantinflas apareció en El bolero de Raquel, comedia taquillera como era usual en su cine, aunque ya mostrando su repetición y su alejamiento del personaje original del peladito para caer en sentimentalismos baratos.

 
 


         Emilio Fernández filmó Una cita de amor sobre la misma novela que había dado pie a “Historia de un gran amor” de Bracho (quien este año no hizo ninguna cinta) donde Silvia Pinal con cabello negro era impedida por su padre para vivir con el ranchero Jaime Fernández. Ismael Rodríguez realizó Tizoc que le daría a Pedro Infante el premio como ¿mejor actor? en el Festival de Berlín (hay festivales que fueron evolucionando en buen gusto: puede pensarse que gustó lo autóctono de su indio sumiso y ridículo), además de empatarlo con María Félix, a colores y en Cinemascope (que se perdió aún en el vídeo, con todo y que ahora tenemos la Alta Definición).

 

         Tulio Demicheli filmó una obra maestra bastante subvalorada llamada Dios no lo quiera, utilizando la misma base argumental con la cual había debutado en el cine argentino en 1950 bajo el nombre de “Arrabalera” y con Tita Merello en el rol que ahora interpretaba Silvia Pinal, nuevamente morena con vestido entallado (para leer esta comparación les invito a visitar esta dirección en uno de mis blogs http://robervil.blogspot.mx/2010/04/tita-merello-y-silvia-pinal.html). Una cinta de bajas pasiones y hombre bueno que salva a una víctima de las circunstancias. Otra cinta con Silvia Pinal, bastante rescatable, es La adúltera. Además filmó la desconocidísima Bambalinas con Libertad Lamarque y La herida luminosa (producción mexicana filmada en España).
         El rocanrol hizo que se filmaran tres películas incluyendo su nombre en este año: Al compás del rock’n’roll, Los chiflados del rock’n’roll, (ambas del vulgar José Díaz Morales) y La locura del rock’n’roll, del maestro Fernando Méndez que resultó ser la más graciosa y la mejor de las tres al presentar la rivalidad entre dos orquestas: una masculina y otra femenina, donde las atracciones principales son Juan García Esquivel y la pionera Gloria Ríos.

 

         El maestro Juan Orol nos brindó dos de sus delirios ahora con su nueva musa Mary Esquivel: Plazos traicioneros donde Orol cuenta a una mesera cómo lanzó al estrellato a una mujer (Sonia Furió) que le pagó con traición. Luego hacía que la mesera también triunfara para que le volviera a engañar. Te odio y te quiero hace que Mary Esquivel se ponga a vengar el suicidio de su hermanita seducida por un mal hombre. Todo dentro de una atmósfera irreal con el estilo ingenuo de Orol quien creía en lo que hacía y de ahí la respuesta exitosa de su público.
 
 

         Rogelio A. González filmó la que sería la última película de Pedro Infante, Escuela de rateros, donde el ídolo nacional interpretaba doble papel. Aparte dirigió una comedia picaresca con Mary Esquivel, alejándola de su marido Orol como mujer despechada y de cascos ligeros en Mujer en condominio. También realizó una crítica a la hipocresía de la clase alta en su versión de una obra teatral de Salvador Novo, La culta dama. Sin embargo, su obra soberbia del año fue Vainilla, bronce y morir, basada en una novela premiada, donde mostraba a Elsa Aguirre como víctima de las maquinaciones de su dipsómano novio José Gálvez que la forzaba a casarse con él por mero capricho, evitando su romance con el modesto escultor López Tarso. González muestra una escena espectacular de delirium tremens como relectura de la mostrada por Billy Wilder en “Días sin huella”.
 


         Alejandro Galindo, en plena etapa moralizante, filmó dos buenos melodramas: uno aleccionador acerca del amor entre esposos Esposa te doy donde un maduro David Silva debía luchar contra una suegra terrible y la inmadurez de su joven mujer; el otro, Tu hijo debe nacer, es un excesivo discurso contra el aborto cuyas cualidades caen en la recreación de los años veinte y treinta. No obstante, filmó dos cintas graciosas con el cómico Resortes resaltando el espíritu rural (Hora y media de balazos) y urbano (Policías y ladrones).



         Benito Alazraki pudo debutar en el cine industrial, luego de la independiente Raíces (1953) con Los amantes, melodrama inspirado en un argumento de Francisco Rojas González (el autor de “El diosero”) acerca de un joven (Carlos Baena) que se infatuaba por una prostituta (Yolanda Varela) y se alejaba de su condición de buen estudiante con futuro promisorio para vivir una relación de altibajos emocionales. Su segunda cinta en el año fue ¿A dónde van nuestros hijos?, en colores, basada en una obra teatral de Rodolfo Usigli, para mostrar cómo la corrupción citadina se comía a una familia clasemediera, aunque daba esperanzas de redención. El reparto prestigioso incluía a Dolores del Río como la madre sufriente de una familia con 5 hijos y otro fallecido.



         Chano Urueta filmó El Ratón como homenaje al boxeador que fue campeón mundial de peso gallo en una trama de personaje de barriada que se descubría bueno para los golpes y, por lo tanto, su entrada a dicho mundo. Miguel Morayta filmó una deliciosa película basada en “Los hermanos corsos” de Alejandro Dumas llamada Alma de acero donde Luis Aguilar hace doble papel como gemelo idéntico para que uno sea de campo y el otro urbano en una intriga de hampones y venganzas. Tito Davison filmó La dulce enemiga con Silvia Pinal como mujer frívola y coqueta que produce la muerte de sus maridos quienes como fantasmas narran sus historias en una relectura de la misma obra que sirvió como base argumental para una cinta del maestro Ophüls en Francia, en los años treinta.

 
         Y las cintas más prestigiosas del año fueron la independiente Torero donde Carlos Velo repetía la acción cometida por Alazraki: filmar fuera de la industria una película que ofrecía sustancia a bajo costo: mezcla de documental y ficción donde el torero Luis Procuna recordaba su vida y su constante miedo ante el toro;
 
 
y La muerte en este jardín, coproducción francomexicana donde Luis Buñuel muestra la represión en un país latinoamericano donde los mineros son explotados.
 
 
Al causarse una revuelta varios personajes huyen pero la tensión entre ellos resultará trágica. Actuaron Simone Signoret, Charles Vanel, Georges Marchal y Michel Piccoli junto con Tito Junco, Jorge Martínez de Hoyos y Luis Aceves Castañeda.
 
Hubo otras grandes curiosidades pero aquí ponemos punto final a las películas sexagenarias.

 

        

 

        

 

 

 

 

sábado, 26 de diciembre de 2015

1946


ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO

1946

 
         Hace 70 años fue el debut en el cine mexicano de Luis Buñuel al filmar Gran casino que también marcaría la entrada al cine mexicano de Libertad Lamarque quien tendría mejor suerte al seguir filmando en nuestro país. Buñuel tendría que esperar tres años para la siguiente película. Gran casino es una cinta para el lucimiento de su estrella, el charro cantor, que tiene muchas cualidades: Meche Barba a quien doña Liber enseña a cantar el tango El choclo, además de una escena final que involucra a un espejo surrealista y la famosa imagen de una vara que juega con el lodo para evitar el beso que el charro da a la argentina.

 


         También debutó en el cine mexicano la nueva musa de Juan Orol, o sea Rosa Carmina, en Una mujer de oriente. Roberto Gavaldón filmó una cinta del género negro que fue técnicamente resuelta de manera impecable al presentar a dos Dolores del Río en La otra.
 
 
Ismael Rodríguez brindó un par de cintas entrañables donde se sublimaba el amor maternal (en este caso a la abuela) y se consumaba una justa venganza en Los tres García y Vuelven los García con una Marga López rubia y una machorra Blanca Estela Pavón, además de la presentación estelar de quien se tornaría excelente director mexicano, o sea Rogelio A. González.

 
         Buster Keaton apareció en su única cinta mexicana como un soldado que no sabía que la guerra había terminado y pensaba que nuestro país era territorio oriental. Ya sin su fama del cine silente donde creó obras maestras, fue un triste debut y despedida en El moderno Barba Azul (Jaime Salvador).
 
 
Un melodrama moderno, escrito por quien sería popularísima escritora de historietas Yolanda Vargas Duché,  con galán maduro (Arturo de Córdova) que recibía la visita de una hija desconocida por lo que recordaba a las mujeres de su vida, permitió el debut en México de las argentinas Pepita Serrador y Tita Merello, además de la española Ana María Campoy en Cinco rostros de mujer (Gilberto Martínez Solares) donde también aparecía otra debutante previa el mismo año llamada Miroslava en Bodas trágicas.
 
Pepita Serrador
Ana María Campoy
Tita Merello
Miroslava
 
         Y siguieron los debuts en este año porque la cubana Ninón Sevilla apareció en dos números musicales en la cinta Carita de cielo (José Díaz Morales) donde aparece delgadita pero con tanto sabor que tendría una carrera productiva, mítica y honrosa dentro del cine nacional. Un cómico carpero, con treinta años de edad, vino a debutar en la pantalla grande en Voces de primavera (Jaime Salvador) para iniciar una larga trayectoria interpretando a personajes populares: Adalberto Martínez Resortes.
 
 
 
         Otros realizadores que tendrían una vasta filmografía realizaron cintas destacables: Emilio Gómez Muriel filmaría una cinta de suspenso con la joven Carmen Montejo Crimen en la alcoba y una divertida comedia con Pardavé y Sara García en El ropavejero. Chano Urueta realizó un melodrama con ladrones elegantes y señoras seducibles en La noche y tú. Raúl de Anda ofreció un tema considerado todavía tabú con Los cristeros (Sucedió en Jalisco). Miguel Morayta ofreció una comedia con ecos panamericanos en El pasajero diez mil.

 
         Y los directores de prestigio ofrecieron películas importantes para sus carreras: Emilio Fernández filmó una de sus obras maestras Enamorada, con Armendáriz y Félix, donde se destaca una hermosa fotografía de Gabriel Figueroa y un humor basado en Shakespeare. Julio Bracho ofreció La mujer de todos, también con María Félix, una elegantísima historia sobre una amante profesional ya que vuelve locos a todos los hombres y donde ocurrió otro debut: el español Armando Calvo quien haría carrera en México, alternando en ocasiones con su país natal. Y María Félix, además, sería La devoradora gracias a Fernando de Fuentes.


         Ya para terminar con este año tan interesante habrá que añadir que el mismo Martínez Solares ofreció una inteligente comedia acerca de un hampón que gana la lotería y requiere de una cómplice para cobrarla en Su última aventura. El maestro Alberto Gout filmó un melodrama tropical de pasiones tormentosas entre la regordeta Meche Barba y el atractivo David Silva en Humo en los ojos. Humberto Gómez Landero filmó sus segunda y tercera películas con Tin Tan dando resultados sabrosísimos en Hay muertos que no hacen ruido y Con la música por dentro. La mejor celebración será verlas si las exhiben por televisión o buscarlas por You Tube o disfrutarlas en vídeo si se encuentran disponibles.