domingo, 19 de mayo de 2019

STREAMING (1)

HIGH LIFE
2018. Dir. Claire Denis.

         Monte (Robert Pattinson, terrenal, excepcional, maduro) vive solitario junto con su pequeña hija Willow, con apenas meses de edad, en una nave espacial que se dirige hacia el límite de un agujero negro, más allá del sistema solar. La misión es intentar el paso de  una corriente de energía que pueda ayudar a la subsistencia de la Tierra. Han pasado años que significan décadas en nuestro planeta. Monte recibe imágenes a través del vídeo que tal vez ocurrieron muchísimos años atrás. No obstante, Monte tuvo otros compañeros de viaje que han perecido. Otro detalle es que la tripulación estaba conformada por prisioneros, algunos de ellos condenados a muerte, quienes han aceptado la permuta del término de su vida por una extensión a su existencia en el espacio.

Monte y Willow pequeña
Monte y Willow adolescente,
rumbo a su destino

         A través de adelantos y retrocesos en el tiempo, la cinta va narrando la convivencia de estos condenados que tienen claro en sus conciencias que no habrá vuelta atrás y que esta condición de vida es, al menos, mejor que perderla, aunque ello puede suceder en cualquier momento. El personaje central, luego de Monte, es la Dra. Dibs (Juliette Binoche) quien experimenta con la esperma de los hombres, a los cuales premia con droga, que luego inyecta entre las mujeres, sedadas y contra su voluntad, con la intención de crear fetos que sean fuertes y perdurables en un medio difícil, contaminado por radiaciones. Dibs viene a ser una Medea del espacio: en la Tierra ha asesinado a sus tres hijos y al marido: tal parece que sus intentos de procreación se deban a una forma de expiación.

Una Medea del espacio:
la infalible Juliette Binoche

         Por otro lado está el deseo. Imposible cancelarlo entre personas relativamente jóvenes que da lugar a una violencia que se desata. Monte no se ha prestado al chantaje de la esperma a cambio de recompensa ya que ha preferido conservar sus fluidos consigo mismo. Sin embargo, Dibs sabe que es el único personaje fuerte para experimentar. Es extraño que se manifieste el deseo sexual en las cintas de ciencia ficción (uno recuerda a “Prometeo” (2012, Ridley Scott) donde la directora de la misión espacial Charlize Theron da a entender su atracción y consecuente intimidad con el personaje de Idris Elba, aprovechando la soledad en que se encuentran.
Los convictos con su condena
Un hombre que tiene fe y prefiere
vivir en el huerto artificial

La soledad y la tristeza se hacen presentes inevitablemente: por un lado hay quienes mantienen la fe y la confianza en la humanidad: otros solamente están, sin mayores esperanzas que continuar respirando hasta el último segundo. Denis nos muestra el vacío terrible que circunda el espacio: no hay nada alrededor. No hay escapatoria. Ella misma cuenta en una entrevista que la génesis del argumento, al cual le dedicó quince años antes de poder producirlo, fue el comentario de que los prisioneros cuestan mucho al erario público. Con esta base se lanzó a escribir el argumento y hasta tuvo asesoría de astrofísicos entre otros científicos para estar dentro de teorías y precisiones.

Dibs busca la esperma del más fuerte
A Robert Pattinson se le perdona
la frivolidad de la saga "Crepúsculo".
En esta cinta demuestra su talento

Una narración plena de elipsis y secuencias aisladas en tiempo y espacio que pueden irse conjuntando y asimilando en la mente del espectador para darle una coherencia impecable. De antemano sabemos que no hay vuelta atrás: lo que importa es el sentido humanizador. Es la metáfora del hoyo negro que viene a equipararse con la conciencia de alcanzar el paraíso: equilibrar cuerpo y alma, sacrificarse al lado del ser querido, llegar a la finitud.
Pattinson y la directora Claire Denis


        

lunes, 15 de abril de 2019

JENNIFER Y BERNARDITA DE LOURDES


UNA ACTRIZ Y UNA SANTA
por Roberto Villarreal Sepúlveda.


         Bernadette (The Song of Bernadette, 1943, Henry King) fue la tercera cinta norteamericana más taquillera de su año: uno de los grandísimos éxitos de la Fox. La cinta narra las experiencias místicas de una jovencita francesa a la cual se le apareció la Virgen María en el pueblo de Lourdes, en 1858. Bernadette Soubirous (1844 – 1879) experimentó desde la incredulidad absoluta de pueblo y autoridades hasta la más completa reverencia, sobre todo luego del surgimiento de un manantial, en el lugar donde sucedieron las apariciones, a cuya agua se le adjudicaron poderes milagrosos. En el siglo XX sería canonizada y su cuerpo permanece incorrupto en la ciudad de Nevers.


         La cinta marcó el debut oficial y estelar de la actriz Jennifer Jones (1919 – 2009) en el rol principal, ya que había aparecido previamente, con su nombre original, o sea Phylis Isley, en dos producciones menores con papeles pequeños (Nueva frontera y Nuevas aventuras de Dick Tracy, ambas en 1939 para Republic Pictures, unos estudios especializados en películas de bajo presupuesto, sobre todo cintas del oeste que explotaban la popularidad de John Wayne). Decepcionada porque no alcanzaba a destacar en Hollywood, la actriz retornó a Nueva York donde había logrado algunos triunfos en la escena y por la radio. En estos años se casó, tuvo dos hijos y luego volvió a intentar el triunfo en Hollywood.

David O. Selznick y Jennifer Jones con su hija Mary
quien se suicidaría en 1976.
         Al buscar el rol de Claudia (Goulding, 1943), basada en una exitosa obra teatral, conoció al productor David O. Selznick, quien la colocó bajo contrato al mismo tiempo que se enamoró perdidamente de ella. La influencia y poder enorme de Selznick contribuyeron a que obtuviera el rol de Bernadette y a que ganara el año siguiente el Óscar como mejor actriz para iniciar una carrera que, curiosamente, no sería prolífica (24 títulos en un lapso de 30 años) si se le compara con otras actrices de su generación. No fueron muchas películas pero varias de ellas se tornaron en clásicos entrañables.

Gregory Pack y Jennifer Jones durante el rodaje
de "Duelo al sol", una cinta del oeste plena de
erotismo, ejemplo del amor loco...
         Bernadette es la típica biografía fílmica que establece antecedentes para dar marco al hecho principal en la vida del protagonista. En este caso particular, el director Henry King, uno de los artesanos más eficaces y congruentes del cine norteamericano, tuvo el tiempo adecuado (la cinta dura 156 minutos) para profundizar en los diversos aspectos de la vida de la jovencita mística quien fuera prácticamente sacrificada a la vida monjil en aras de mantener su experiencia mística: esta es una de las audacias que se permite la cinta. Aparte de contar con una actuación contenida e inocente de la Jones, su elenco fue excelente (Vincent Price, Charles Bickford, Gladys Cooper, Anne Revere; además, la Virgen fue interpretada, sin crédito en reparto, por la bella Linda Darnell, quien sería otra actriz importante para la Fox).

Jennifer Jones con William Holden
en uno de los melodramas más entrañables
en la historia del cine norteamericano
"Angustia de un querer"
         Jennifer Jones participaría en roles que la colocarían en el gusto del público además de mostrar su versatilidad. El drama psicológico en Cartas a mi amada (Dieterle, 1945), la comedia en El pecado de Cluny Brown (Lubitsch, 1946), el erotismo audaz en Duelo al sol (Vidor, 1946), la fantasía en El retrato de Jennie, (Dieterle, 1948), la aventura en La burla del diablo (Huston, 1953) o el melodrama delirante en La furia del deseo (Vidor, 1952) y Angustia de un querer (King, 1955 cuya canción-tema se tornó exitosa mundialmente como “El amor es una cosa esplendorosa”).


         Jennifer Jones nació en marzo de 1919 por lo que este año se tornó centenaria y había que recordarla en el que fue su rol más significativo.



        








domingo, 31 de marzo de 2019

UN INGRATO VIENTO...


UNA TRAGEDIA MEXICANA
por Roberto Villarreal Sepúlveda.


         Vino el remolino y nos alevantó es una película que Juan Bustillo Oro filmó en 1949, utilizando para el título, una frase de la vieja canción “La cautela”:

Hicimos de cuenta que fuimos basura
llegó un remolino y nos alevantó
y al mismo tiempo de andar en la altura
un ingrato viento nos desapartó.

Cuenta Bustillo Oro en su autobiografía que traía el asunto en su cabeza desde los tiempos de El compadre Mendoza (De Fuentes, 1933) cuando fungió como guionista adaptando una novela corta de Mauricio Magdaleno. El acercamiento literario y fílmico hacia la Revolución Mexicana era usualmente desde el escenario del campo y el punto de vista de los guerreros en batalla. En este caso, el director quería mostrar los efectos del conflicto social entre las familias de la urbe, de la capital: era lo que había vivido y lo que faltaba en la representación fílmica. Desde aquellos tiempos de su colaboración con Magdaleno quedó obsesionado con el tema. Quería que el escritor fuera el creador de este argumento pero a Magdaleno no le interesó, aparte que con el paso de los años, Bustillo no tuvo apoyo ni aprobación por parte de sus productores: ni a Jesús Grovas ni a Mauricio Walerstein les interesó aportar para esta producción.


         En 1949 finalmente, ya asociado con Gonzalo Elvira quien lo admiraba, apoyado por Fernando de Fuentes Jr. con su Dyana Films, logró llevar a cabo su sueño tantos años suspendido. Sin embargo, con toda esta ventaja hubo limitaciones económicas. Al crecer exageradamente la producción nacional (1949 fue un año prodigioso, del cual hablaremos en algún momento), la mayoría de los actores de renombre se encontraban ocupados. Igualmente, tuvo que filmar en los Estudios Tepeyac, alejados geográficamente de los otros en activo, por lo que el traslado de elementos escenográficos sería costoso. Tuvo la suerte de contar con la generosidad de los hermanos Rodríguez que le prestaron los sets que tenían construidos en dichos estudios y que se adaptaban perfectamente para su película que vino a ser, ya con el tiempo, una de las mejores y más grandes de su año de filmación. Un comentario agridulce, con muchas implicaciones sugeridas, de lo que fue el conflicto revolucionario para la familia urbana. 

La nueva imprenta que será
el inicio de todos los males
Los tres hijos, la nuera,
ante las tribulaciones del padre 
conservador

         Vino el remolino y nos alevantó narra la historia de una familia trabajadora, clase media, en los albores de la Revolución. El padre (Miguel Ángel Ferriz), impresor y feliz de haber recibido una nueva máquina para su negocio, alaba al gobierno porfirista. Sus tres hijos varones (Tony Díaz, Luis Beristáin, Armando Sáenz) son rebeldes y creen en la renovación maderista por lo que juntan armas e imprimen volantes subversivos en la imprenta del padre sin que éste lo sepa, pero por lo que cae en la cárcel. Surge el enfrentamiento entre facciones: el hijo mayor y su esposa (Beatriz Aguirre) mueren dejando en la orfandad a un niño. Los otros dos huyen. El niño va a refugiarse a la casa del abuelo con su joven tía (Carmen Molina) y con la abuela (Lupe Inclán) quien muere de la impresión. A la joven la apoya un abogado alcoholizado (Manuel Arvide) quien la torna su amante. Cuando el niño enferma de tifo lo interna en un hospital. El padre, encarcelado, se niega a verla cuando se entera que vive en unión libre con un hombre. El niño escapa del hospital mientras que el abogado muere por un ataque de delirium tremens, dejando a la joven a la deriva, sin su sobrino.

El padre en la cárcel, antes
de rechazar a su hija

         Hasta aquí la trama ha separado los destinos de los miembros de la familia sobre todo por factores externos: la lucha social que va más allá de su control. El cambio de la alegría y esperanza de un futuro promisorio hacia el enfrentamiento que propiciará cárcel y muerte, además de la desunión familiar, que altera su realidad, produce el desorden sobre lo cotidiano y llevará a situaciones extraordinarias. Son los actos de los personajes los que les llevan a un estado de tristeza, de angustia o desesperación. Estamos ante una familia cuyos miembros tienen fines distintos para sus realidades: a los hijos no les quedará más que muerte o fuga. Al padre, víctima indirecta de sus hijos, el deshonor y la cárcel, sin que jamás fueran sus objetivos.

Los hermanos se reencuentran
en bandos contrarios

         Pasan unos años: el padre ha salido de la cárcel y trabaja en una imprenta. Cierto día, con salario en mano, sufre su robo por un ladronzuelo: sin imaginarlo, es su propio nieto al cual se le reconoce por una medalla que se le dio de niño. Ya separados, los hijos sobrevivientes se han integrado a la milicia: uno de ellos es villista, el otro pertenece a las filas de Obregón. Al encontrarse en cierta ocasión como bandos opuestos, este último reconoce a su hermano como prisionero al cual le ordenan fusilar pero decide ayudarle a escapar. Por esta acción, el obregonista muere. El padre, al entusiasmarse por la entrada del ejército triunfador a la Cd. de México, muere de un ataque al corazón. El triunfo carrancista permite la alianza entre obregonistas y villistas por lo que este último forma amistad con un general que le apoya. Al liberar a unos presos, entre éstos se encuentra un joven que es su sobrino, irreconocible. Al ir a festejar a un burdel, el general (Gilberto González) se emociona con una de las pupilas que resulta ser la hermana del joven villista. Al intentar liberarla, sin explicar nada, uno de los subordinados (Ramón Gay) del general dispara contra el joven por lo que muere. La mujer grita que era su hermano. El general decide, entonces, sacar a esta mujer de la mala vida. Pasan los años, se llega al día en que se inaugura el Monumento a la Revolución. El general se encuentra entre los asistentes acompañado de su mujer, la joven exprostituta, con dos hijos. Entre la multitud se encuentra un hombre que besa su medalla.

El hermano reencuentra a su
hermana en un burdel
El militar es muerto por defender
a su hermana sin que nadie supiera
el parentesco

         En esta continuación y término de la película, el destino reúne a algunos de los miembros de la familia aunque con consecuencias fatales: los hermanos se protegen pero uno muere; el nieto pasa de lado a su abuelo y lo perjudica al robarle pero jamás sabrán uno del otro su parentesco; la misma fatalidad sucederá al reencontrarse hermano con hermana. La mayor ironía resulta en que el culpable indirecto de esta muerte será quien rescate a la joven de su deshonra para que, años más tarde, ya como familia respetable, celebren ante el Monumento de la Revolución sin que nunca se enteren que cercano a ellos se encuentre el sobrino, ya adulto, víctima también del torbellino social.

La nueva familia revolucionaria:
un ex militar asesino, una ex prostituta

         Una verdadera tragedia mexicana. El sufrimiento resulta de los propios errores de juicio y comportamiento: se experimentan las consecuencias de las pasiones (los hermanos anarquistas que producen, sin quererlo, la caída del padre y la muerte de la madre; los hermanos fieles que morirán por reaccionar de una manera equivocada). Si se sigue el enunciado aristotélico, la película produce piedad ante los resultados de un conflicto, además de permitir la catarsis en el espectador debido a la exteriorización de las emociones: aunque vemos crímenes, la cinta no se regodea más que en la tristeza de la separación y deja en claro que nunca podrá volverse al estado inicial. En corto: es la lucha contra un destino inexorable, jamás imaginado, provocado por los individuos y la situación social.

La evolución del nieto perdido
quien jamás reencontrará a su familia

         La voz que narra expresa al inicio de la cinta, donde se muestra el momento de la apertura oficial del Monumento a la Revolución (para luego irse a los años pasados) que el monumento dedicado a la revolución está consagrado a sus muertos y sus ideales. Algo que costó mucha sangre arrancada al corazón de los mexicanos, pero dando un cierre redentor enfatiza al final que la sangre de los muertos no corrió en vano, ni que su martirio quedó impune, por lo que México abre otra página gloriosa de su historia. Este mensaje patriotero se nota oportunista dentro de lo que constituía la industria fílmica nacional al quedar bien políticamente, aunque la trama negaba perfectamente dicho discurso: la sangre derramada trajo consecuencias de libertad y democracia pero los lazos familiares, en muchos casos, fueron violentados y destruidos.


         Juan Bustillo Oro (1904 – 1989) cumple cabalmente con la teoría de autor dentro del cine mexicano, al ser guionista y realizador, dueño de sus proyectos: creador completo, necio y obsesivo. Tuvo la suerte de contar con productores que apoyaron su inventiva: una imaginación que daba lugar a tramas cultas, con lenguaje verborreico, pero con gran sentido de lo popular y taquillero. Su selección adecuada de repartos que podían transmitir su discurso permitieron que la posteridad tuviera la alternativa de conocer la esencia del mejor Cantinflas (Ahí está el detalle) y preservar el genio y comicidad de actores como Enrique Herrera y Leopoldo Ortín (Caballo a caballo). Su variedad temática dio lugar al mejor cine de “nostalgia porfiriana” como se le bautizó a varias de sus cintas (En tiempos de don Porfirio, México de mis recuerdos); ejemplos de cine negro y psicológico (El medallón del crimen, El hombre sin rostro); la gran incursión expresionista del cine mexicano (Dos monjes); el cine de horror (El misterio del rostro pálido) y el cine familiar (Cuando los hijos se van), como pocos ejemplos de una brillante, excitante y exitosa carrera que produjo, como realizador, 58 títulos entre 1934 y 1965.

Nota: la baja calidad de las fotografías se debe a una mala copia de la película, de la cual fueron captadas.


lunes, 4 de febrero de 2019

NO HAY BUÑUEL MALO


UNA MUJER SIN AMOR 
1951. Dir. Luis Buñuel. 


La lectura de un artículo del brillante crítico Jonathan Rosenbaum en la revista canadiense de cine  Cinema Scope (edición digital, invierno 2019), donde revisa diversos DVD y Blu-ray que aparecen en el mundo, llamó mi atención porque se refería a Una mujer sin amor (Luis Buñuel, 1951) editada por la compañía norteamericana Facets y de la cual tenía un ejemplar que, por diversas circunstancias, se encontraba nítido y virgen en mi videoteca, en espera de mi atención. 


Es común que películas que ya conocemos pero que adquirimos por el afán de coleccionismo (así como la obsesiva e imperiosa necesidad de poseerlas mientras estemos vivos) permanezcan haciendo fila para ser revisadas o descubiertas, a veces por años, entre nuestros tesoros personales. De repente, algún factor externo: un artículo o comentario de alguien que admiramos, la muerte de algún director desaparecido o el aniversario de nacimiento o fallecimiento de una estrella, nos alertan sobre esa película en particular. Eso me sucedió con la menospreciada película de Buñuel. 

Afirma Rosenbaum (traduzco sin rigor, de manera general): “Una mujer sin amor” me permitió ponerme al día con la producción mexicana que la mayoría de los comentaristas, incluyendo a Buñuel, parecen considerar su peor película. Lo que esto significa, al menos desde el punto de vista de la teoría de autor, que resulta ser la menos “buñueliana” de Buñuel. Sin embargo, en cuanto a que sea un brillante y abundante melodrama, (lo que puede calificar como Buñuel en su fase más  mexicana) resulta suficientemente funcional y práctico, por lo que mantuvo mi interés… Luego continua con la eterna discusión de que si fue una adaptación de Pierre y Jean de Guy de Mauppasant, o acaso una copia, plano por plano, de la producción dirigida en Francia por André Cayatte en 1943, acorde con diversas declaraciones del propio Buñuel.  

Esta edición de Taurus, 2018, trae un prólogo
corto pero interesante de David Trueba
y es la única conseguible por el momento.
(Hay otra en De bolsillo, me parece).

Por lo tanto, al revisar Mi último suspiro*, las memorias que Buñuel escribió junto con su colaborador frecuente en su última etapa de vida, el guionista Jean Claude Carriére, el cineasta comenta: “Una mujer sin amor”, sin duda mi peor película. Se me pidió que hiciera un “remake” de una buena película que André Cayatte había realizado en Francia sobre “Pierre y Jean” de Mauppasant. Se trataba de instalarme una moviola en el plató para que yo copiase a Cayatte plano por plano. Naturalmente, me negué y decidí rodar a mi manera. Resultado: mediocre. 

Sin embargo, en Luis Buñuel. Prohibido asomarse al interior**, libro de entrevistas que le hicieran los críticos Tomás Pérez Turrent y José de la Colina al ya veterano realizador, donde éste habló de su producción fílmica total, confirma, pero también confiesa y se contradice (porque no es una versión apegada a la cinta francesa como había expresado en el otro libro mencionado): Es la peor de las que he hecho. Se basaba en “Pierre y Jean”  de Mauppasant que Cayatte ya había filmado muy bien. Yo tuve que filmarla en veinte días y con menos medios […] En realidad seguimos casi plano por plano la película de Cayatte, que era una guía mínima para trabajar en el estudio. había que filmar rápido, así que evité los cortes lo más que pude y esto me facilitó el montaje… 


No hay la menor duda de que fue un proyecto alimenticio, como otros que realizaría durante su estancia mexicana, a pesar de premios, reconocimientos o logros pasados. En una carta que le envía a su amigo José Rubia Barcia, el 23 de abril de 1951, recopilada en Luis Buñuel: Correspondencia escogida***,  le comenta que Los olvidados ha ganado el premio de dirección en Cannes, pero que aparte de eso, sigo haciendo tonterías cinematográficas, como la que comienzo dentro de un par de horas, basada en una novela de Guy de Mauppasant. Pero lo principal es que no falta trabajo… y va uno tirando y empleando el trabajo como un anestésico para olvidar el mundo repugnante en que vivimos… 


Don Carlos (Julio Villarreal) y Carlitos (Jaime Calpe)

Como expresa Rosenbaum, es un brillante y abundante melodrama porque está muy bien hecho, además de seguir las convenciones del género nacional por excelencia, sobre todo en uno de los años de mayor apogeo para Buñuel (en 1951 filmó además de esta película, La hija del engaño y Subida al cielo). Y es que Una mujer sin amor narra las consecuencias de un matrimonio que se lleva a cabo por presiones familiares donde no existe aprecio ni afecto por parte de la mujer hacia el marido. Cuando aparece un hombre que se los brinda, cae en sus redes y deberá, por lo tanto, sufrir las consecuencias de una separación y vivir con el engaño.

Rosario (Rosario Granados) y Julio (Tito Junco)
mantienen un amor prohibido

Rosario (Rosario Granados) se ha casado con el anticuario Carlos (Julio Villarreal), mucho mayor que ella, con el cual ha procreado a Carlitos (Jaime Calpe). Debido a la severidad del padre, Carlitos huye de casa y llega al campo donde lo encuentra, protege y devuelve a sus padres, el ingeniero Julio (Tito Junco). Rosario y Julio se vuelven amantes. Julio le propone que escapen a Brasil pero Rosario, por el bien de Carlitos, lo rechaza. Julio se va y pasa el tiempo. Ahora Carlitos (Joaquín Cordero) ha crecido junto con su hermano Miguel (Xavier Loya) que en realidad es fruto del amorío de Rosario con Julio, pero al cual ha hecho pasar como hijo de Carlos. Ambos son médicos y comparten su amor por Luisa (Elda Peralta), una de sus compañeras, pero ella prefiere a Miguel. Cuando Julio muere, deja toda su fortuna a Miguel, lo que levanta sospechas en Carlos. Empieza a cuestionar y a presionar a su madre, sobre todo cuando muere su padre. Rosario confiesa todo. Carlos al final le otorga su perdón pero decide irse fuera de México. 
La familia feliz con Carlos (Joaquín Cordero) y Miguel (Xavier Loyá),
ambos enamorados de la misma joven (Elda Peralta)

La novela de Mauppasant no sigue exactamente la narrativa de la película, por lo que será correcto indicar que es una película inspirada en una novela donde el padre no ha muerto y los hijos ya son mayores, como algunas diferencias. La envidia de Pedro (Carlos en la película) hacia Juan (Miguel) será la base de la trama y los intentos del primero por descubrir la verdad del otro. Con todo, la novela tiene todos los elementos que alimentarán al melodrama, añadiendo un prólogo para ilustrar el acercamiento que Rosario tiene con Julio en el cual desborda la pasión jamás sentida (y es de imaginarse nunca correspondida) por parte de su marido.

La lectura del inesperado testamento
Miguel reacciona ante su herencia
Una enfermera (Eva Calvo) siembra la duda
en Carlos a quien ama sin ser correspondida

Se cumplen los elementos del melodrama: la mentira sirve como base para que permanezca la relación humana y la ignorancia de uno de los cónyuges permitirá la continuidad de la estabilidad familiar. Luego, deberá cumplirse el destino implacable que servirá para el descubrimiento de la verdad, además de la muerte del padre para incrementar el sentimiento de culpa. Lo que era naturalismo en la novela, se convierte en vergüenza y soledad en la película. El personaje de la madre que Buñuel había transformado en Los olvidados (mujer que tenía hijos porque se metía con diversos hombres sin remordimiento) ahora debe pagar su momento de debilidad como, por dar un único ejemplo entre otros existentes, la madre de Elena en Aventurera (Gout, 1949).

El reproche de Carlos
La muerte del padre durante
la boda de Miguel

Hay que destacar que la adaptación fílmica fue de Jaime Salvador, quien destacaría por ser uno de los peores directores en la historia del cine nacional, además de guionista en varias películas de Cantinflas, pero cuenta con diálogos adicionales por Rodolfo Usigli del cual luego, Buñuel filmaría una lectura personal de su única novela Ensayo de un crimen. Sin embargo, contra trama convencional existe una buena factura. La película tiene cuidadosa recreación de época gracias a la escenografía de Gunther Gerszo, además que el fotógrafo Raúl Martínez Solares pertenece al conjunto de cinematografistas distinguidos de esos tiempos. Y el elenco cumple decorosamente. Todos los nombres mencionados en la sinopsis fueron actores solventes. Julio Villarreal, pionero del cine nacional, es uno de los grandes actores en nuestra historia cuya cumbre sería el padre avaro en Eugenia Grandet (Emilio Gómez Muriel, 1952).

El perdón a la madre
El perdón entre hermanos

No hay Buñuel malo por más que se empecinara el cineasta en expresarlo. En todo caso Una mujer sin amor será un Buñuel menor porque, si se compara con otros títulos, no quedaría en el último lugar. Menos cuidada y más pobre en producción es La hija del engaño, y mucho más melodramática y excesiva es El río y la muerte. Si no fuera por su elenco seductor Los ambiciosos resultaría mucho menor y soportable que La muerte en este jardín. El propio Buñuel dijo que hizo malas películas pero ninguna moralmente incorrecta. Hay que sumergirse en Una mujer sin amor para darle su justo lugar como melodrama correcto y brillante dentro de la historia del cine mexicano. En eso estamos de acuerdo con el crítico Rosenbaum (otro de los últimos grandes de la crítica de cine culta e informada de los tiempos dorados en Estados Unidos).

Rosario mira la fotografía de Julio,
su gran amor...

*Buñuel, Luis y Jean Claude Carriére, MI ÚLTIMO SUSPIRO, Plaza y Janés, 1982, 1ª. edición.

**De la Colina y Tomás Pérez Turrent, LUIS BUÑUEL, PROHIBIDO ASOMARSE AL INTERIOR, Joaquín Mortiz, 1986, 1ª. edición.

***Evans, Jo y Breixo Viejo (eds.) LUIS BUÑUEL, CORRESPONDENCIA ESCOGIDA, Cátedra, 2018, 1ª. edición.