sábado, 27 de junio de 2020

UNA CINTA INSÓLITA


SURCOS
1951. Dir. José Antonio Nieves Conde.
         A Madrid llegan el campesino Manuel (José Prada) con su esposa (María Francés) y sus hijos Pepe (Francisco Arenzana), Manolo (Ricardo Lucía) y Toña (Marisa de Leza), con la ilusión de dejar atrás el hambre y la miseria. Como Pepe había estado en la ciudad durante la guerra, es quien mejor la conoce. Van a vivir al departamento de una parienta lejana (Carmen García), quien vive con su hija Pili (Maruja Asquerino). Pronto se darán cuenta de la terrible realidad en la misma ciudad. Así como ellos, hay muchos otros que buscan oportunidades. Pepe se empleará como chofer del dueño de un bar, don Roque, cuyas actividades laterales son muchas y muy turbias. El padre venderá dulces y cigarrillos en la calle, pero su carácter bondadoso lo mete en problemas: luego, cuando consigue trabajo como peón, su edad y condiciones le obstaculizan. Manolo será mandadero en una tienda pero luego le roban un pedido. Toña se acomoda como sirvienta de la amante de don Roque aunque su sueño es ser cantante. Pepe anda en malos pasos y vuelve a Pili su amante. Y todavía, a partir de estas situaciones, las cosas irán cambiando y degradándose.
La llegada a la ciudad
         Filmada en 1951, en tiempos de posguerra, esta es una de las películas significativas y únicas en la historia del cine español de la época franquista. Es un documento brutal y directo del Madrid perfecto que se presumía. De la estación de trenes, la familia se dirige por un atiborrado metro subterráneo hacia el barrio de Lavapiés. Desde las burlas que reciben los “paletos”, término despectivo con el cual se mencionaba a los obvios pueblerinos, hasta los multifamiliares llenos de niños, mujeres o jóvenes en sus diversos pisos. Desde la oficina para búsqueda de empleo, con interminables colas, hasta las plazas públicas donde hay vendedores de mercancía de contrabando. O las tiendas de abarrotes plenas de embutidos, mazapanes y latería en escaparates que dan hacia la calle con personas que tienen hambre hasta los bares de mala muerte con hampones que esperan o planean las siguientes raterías.
La oficina de empleos
         Al haber aparecido en pleno auge del neorrealismo, la cinta fue clasificada erróneamente dentro de esta corriente ya que el reparto era profesional, aunque el hecho de exhibir edificios en ruinas todavía como efecto de la guerra, como los otros lugares mencionados permitían la calificación. De hecho, hay un momento en la cinta donde la amante de Roque ha asistido a ver una de esas películas italianas y regresa comentando que no se explica por qué hay que sacar a la luz la miseria, cuando es más interesante la vida de los millonarios. No existe la esperanza y los personajes son negativos o fácilmente corrompibles, pero más que nada porque las circunstancias lo permitían y las condiciones estuvieron dadas. Algo inaudito dentro del cine español y su censura ocurre en dos momentos de la película: Pili se hace novia de Pepe y éste se mete a su cuarto para dormir, ante el enojo inútil del padre y la explicación de ella (ya somos novios) en otro, luego de que por la noche, luego de un fracasado y planeado debut como cantante de Toña, orquestado por don Roque, ella se va con él y, al día siguiente, ya aparece como la nueva amante en la vivienda donde era sirvienta. La cinta fue clasificada “de interés especial” aunque la censura y el régimen no estuvieron de acuerdo. Por tal motivo, quien era director de cinematografía dimitió, aunque alcanzó a proteger el estreno y la taquillerísima recepción de la cinta. Lo único que no pudo evitar fue la inserción de un final más “amable” para la película.
Toña debutando como cantante
         José Antonio Nieves Conde (1915 – 2006) tuvo una carrera relativamente corta (apenas 25 largometrajes) pero alcanzó gran prestigio al ser considerado en una coproducción internacional para codirigir con Julien Duvivier (Jack, el negro, 1950). De esta manera le fue más fácil negociar la producción de esta película. El argumento de Eugenio Montes fue adaptado al cine por el afamado Gonzalo Torrente Ballester y Natividad Zaro (esposa de Montes y directora de la Atenea Films, productora de la cinta). Todos ellos fueron falangistas que defendían la causa del campesinado sobre lo urbano. De ahí que pueda derivarse que la cinta, dentro de algunos obstáculos, llegara a filmarse. Igualmente, no puede dejar de mencionarse que en esa nueva década, la cinematografía mundial estaba cambiando y abriéndose en cuanto a temáticas. Aunque no sigue la corriente del neorrealismo, se infiere que la atmósfera está presente y que la moralidad, sobre todo en ciertas clases sociales, estaba cambiando. No aparece la iglesia por ninguna parte (y en una de las primeras secuencias, Pepe critica que todavía recen el rosario en familia) e impera la ley del más hábil.
Pili y Pepe, amantes imposibles 
      Imposible no mencionar que en 1960 aparecería Rocco y sus hermanos (Visconti) que también trata sobre una familia campesina del sur que llega a buscar nuevos horizontes en Milán para que la corrupción impere. A nivel nacional, se encuentra la referencia de Maldita ciudad (1954) donde Ismael Rodríguez vuelve a mostrar el tema de la familia que se desintegra en la gran urbe, aunque todo fuera una suposición, una alerta. Barbarie contra civilización donde esta última viene a ser la más peligrosa. Surcos es una cinta insólita.
José Antonio Nieves Conde
(1915 - 2006)





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