lunes, 4 de febrero de 2019

NO HAY BUÑUEL MALO


UNA MUJER SIN AMOR 
1951. Dir. Luis Buñuel. 


La lectura de un artículo del brillante crítico Jonathan Rosenbaum en la revista canadiense de cine  Cinema Scope (edición digital, invierno 2019), donde revisa diversos DVD y Blu-ray que aparecen en el mundo, llamó mi atención porque se refería a Una mujer sin amor (Luis Buñuel, 1951) editada por la compañía norteamericana Facets y de la cual tenía un ejemplar que, por diversas circunstancias, se encontraba nítido y virgen en mi videoteca, en espera de mi atención. 


Es común que películas que ya conocemos pero que adquirimos por el afán de coleccionismo (así como la obsesiva e imperiosa necesidad de poseerlas mientras estemos vivos) permanezcan haciendo fila para ser revisadas o descubiertas, a veces por años, entre nuestros tesoros personales. De repente, algún factor externo: un artículo o comentario de alguien que admiramos, la muerte de algún director desaparecido o el aniversario de nacimiento o fallecimiento de una estrella, nos alertan sobre esa película en particular. Eso me sucedió con la menospreciada película de Buñuel. 

Afirma Rosenbaum (traduzco sin rigor, de manera general): “Una mujer sin amor” me permitió ponerme al día con la producción mexicana que la mayoría de los comentaristas, incluyendo a Buñuel, parecen considerar su peor película. Lo que esto significa, al menos desde el punto de vista de la teoría de autor, que resulta ser la menos “buñueliana” de Buñuel. Sin embargo, en cuanto a que sea un brillante y abundante melodrama, (lo que puede calificar como Buñuel en su fase más  mexicana) resulta suficientemente funcional y práctico, por lo que mantuvo mi interés… Luego continua con la eterna discusión de que si fue una adaptación de Pierre y Jean de Guy de Mauppasant, o acaso una copia, plano por plano, de la producción dirigida en Francia por André Cayatte en 1943, acorde con diversas declaraciones del propio Buñuel.  

Esta edición de Taurus, 2018, trae un prólogo
corto pero interesante de David Trueba
y es la única conseguible por el momento.
(Hay otra en De bolsillo, me parece).

Por lo tanto, al revisar Mi último suspiro*, las memorias que Buñuel escribió junto con su colaborador frecuente en su última etapa de vida, el guionista Jean Claude Carriére, el cineasta comenta: “Una mujer sin amor”, sin duda mi peor película. Se me pidió que hiciera un “remake” de una buena película que André Cayatte había realizado en Francia sobre “Pierre y Jean” de Mauppasant. Se trataba de instalarme una moviola en el plató para que yo copiase a Cayatte plano por plano. Naturalmente, me negué y decidí rodar a mi manera. Resultado: mediocre. 

Sin embargo, en Luis Buñuel. Prohibido asomarse al interior**, libro de entrevistas que le hicieran los críticos Tomás Pérez Turrent y José de la Colina al ya veterano realizador, donde éste habló de su producción fílmica total, confirma, pero también confiesa y se contradice (porque no es una versión apegada a la cinta francesa como había expresado en el otro libro mencionado): Es la peor de las que he hecho. Se basaba en “Pierre y Jean”  de Mauppasant que Cayatte ya había filmado muy bien. Yo tuve que filmarla en veinte días y con menos medios […] En realidad seguimos casi plano por plano la película de Cayatte, que era una guía mínima para trabajar en el estudio. había que filmar rápido, así que evité los cortes lo más que pude y esto me facilitó el montaje… 


No hay la menor duda de que fue un proyecto alimenticio, como otros que realizaría durante su estancia mexicana, a pesar de premios, reconocimientos o logros pasados. En una carta que le envía a su amigo José Rubia Barcia, el 23 de abril de 1951, recopilada en Luis Buñuel: Correspondencia escogida***,  le comenta que Los olvidados ha ganado el premio de dirección en Cannes, pero que aparte de eso, sigo haciendo tonterías cinematográficas, como la que comienzo dentro de un par de horas, basada en una novela de Guy de Mauppasant. Pero lo principal es que no falta trabajo… y va uno tirando y empleando el trabajo como un anestésico para olvidar el mundo repugnante en que vivimos… 


Don Carlos (Julio Villarreal) y Carlitos (Jaime Calpe)

Como expresa Rosenbaum, es un brillante y abundante melodrama porque está muy bien hecho, además de seguir las convenciones del género nacional por excelencia, sobre todo en uno de los años de mayor apogeo para Buñuel (en 1951 filmó además de esta película, La hija del engaño y Subida al cielo). Y es que Una mujer sin amor narra las consecuencias de un matrimonio que se lleva a cabo por presiones familiares donde no existe aprecio ni afecto por parte de la mujer hacia el marido. Cuando aparece un hombre que se los brinda, cae en sus redes y deberá, por lo tanto, sufrir las consecuencias de una separación y vivir con el engaño.

Rosario (Rosario Granados) y Julio (Tito Junco)
mantienen un amor prohibido

Rosario (Rosario Granados) se ha casado con el anticuario Carlos (Julio Villarreal), mucho mayor que ella, con el cual ha procreado a Carlitos (Jaime Calpe). Debido a la severidad del padre, Carlitos huye de casa y llega al campo donde lo encuentra, protege y devuelve a sus padres, el ingeniero Julio (Tito Junco). Rosario y Julio se vuelven amantes. Julio le propone que escapen a Brasil pero Rosario, por el bien de Carlitos, lo rechaza. Julio se va y pasa el tiempo. Ahora Carlitos (Joaquín Cordero) ha crecido junto con su hermano Miguel (Xavier Loya) que en realidad es fruto del amorío de Rosario con Julio, pero al cual ha hecho pasar como hijo de Carlos. Ambos son médicos y comparten su amor por Luisa (Elda Peralta), una de sus compañeras, pero ella prefiere a Miguel. Cuando Julio muere, deja toda su fortuna a Miguel, lo que levanta sospechas en Carlos. Empieza a cuestionar y a presionar a su madre, sobre todo cuando muere su padre. Rosario confiesa todo. Carlos al final le otorga su perdón pero decide irse fuera de México. 
La familia feliz con Carlos (Joaquín Cordero) y Miguel (Xavier Loyá),
ambos enamorados de la misma joven (Elda Peralta)

La novela de Mauppasant no sigue exactamente la narrativa de la película, por lo que será correcto indicar que es una película inspirada en una novela donde el padre no ha muerto y los hijos ya son mayores, como algunas diferencias. La envidia de Pedro (Carlos en la película) hacia Juan (Miguel) será la base de la trama y los intentos del primero por descubrir la verdad del otro. Con todo, la novela tiene todos los elementos que alimentarán al melodrama, añadiendo un prólogo para ilustrar el acercamiento que Rosario tiene con Julio en el cual desborda la pasión jamás sentida (y es de imaginarse nunca correspondida) por parte de su marido.

La lectura del inesperado testamento
Miguel reacciona ante su herencia
Una enfermera (Eva Calvo) siembra la duda
en Carlos a quien ama sin ser correspondida

Se cumplen los elementos del melodrama: la mentira sirve como base para que permanezca la relación humana y la ignorancia de uno de los cónyuges permitirá la continuidad de la estabilidad familiar. Luego, deberá cumplirse el destino implacable que servirá para el descubrimiento de la verdad, además de la muerte del padre para incrementar el sentimiento de culpa. Lo que era naturalismo en la novela, se convierte en vergüenza y soledad en la película. El personaje de la madre que Buñuel había transformado en Los olvidados (mujer que tenía hijos porque se metía con diversos hombres sin remordimiento) ahora debe pagar su momento de debilidad como, por dar un único ejemplo entre otros existentes, la madre de Elena en Aventurera (Gout, 1949).

El reproche de Carlos
La muerte del padre durante
la boda de Miguel

Hay que destacar que la adaptación fílmica fue de Jaime Salvador, quien destacaría por ser uno de los peores directores en la historia del cine nacional, además de guionista en varias películas de Cantinflas, pero cuenta con diálogos adicionales por Rodolfo Usigli del cual luego, Buñuel filmaría una lectura personal de su única novela Ensayo de un crimen. Sin embargo, contra trama convencional existe una buena factura. La película tiene cuidadosa recreación de época gracias a la escenografía de Gunther Gerszo, además que el fotógrafo Raúl Martínez Solares pertenece al conjunto de cinematografistas distinguidos de esos tiempos. Y el elenco cumple decorosamente. Todos los nombres mencionados en la sinopsis fueron actores solventes. Julio Villarreal, pionero del cine nacional, es uno de los grandes actores en nuestra historia cuya cumbre sería el padre avaro en Eugenia Grandet (Emilio Gómez Muriel, 1952).

El perdón a la madre
El perdón entre hermanos

No hay Buñuel malo por más que se empecinara el cineasta en expresarlo. En todo caso Una mujer sin amor será un Buñuel menor porque, si se compara con otros títulos, no quedaría en el último lugar. Menos cuidada y más pobre en producción es La hija del engaño, y mucho más melodramática y excesiva es El río y la muerte. Si no fuera por su elenco seductor Los ambiciosos resultaría mucho menor y soportable que La muerte en este jardín. El propio Buñuel dijo que hizo malas películas pero ninguna moralmente incorrecta. Hay que sumergirse en Una mujer sin amor para darle su justo lugar como melodrama correcto y brillante dentro de la historia del cine mexicano. En eso estamos de acuerdo con el crítico Rosenbaum (otro de los últimos grandes de la crítica de cine culta e informada de los tiempos dorados en Estados Unidos).

Rosario mira la fotografía de Julio,
su gran amor...

*Buñuel, Luis y Jean Claude Carriére, MI ÚLTIMO SUSPIRO, Plaza y Janés, 1982, 1ª. edición.

**De la Colina y Tomás Pérez Turrent, LUIS BUÑUEL, PROHIBIDO ASOMARSE AL INTERIOR, Joaquín Mortiz, 1986, 1ª. edición.

***Evans, Jo y Breixo Viejo (eds.) LUIS BUÑUEL, CORRESPONDENCIA ESCOGIDA, Cátedra, 2018, 1ª. edición.

martes, 1 de enero de 2019

ANIVERSARIOS MEXICANOS (6)




1979: entre privado y estatal…




         Hace 41 años, en la mitad del sexenio lopezportillista, Margarita, la marrana pésima musa, hermana del presidente, encargada de cine y otros medios, creó todo un barullo culpando a varios funcionarios de cinematografía, metiéndolos a la cárcel por supuestos fraudes, para que nunca se comprobaran pero que hicieron que el cine nacional empezara a irse al traste. Para 1979, la producción estaba muy dividida entre la empresa privada y el soporte estatal. Fueron más de cien películas con muchas irregularidades, algunas sorpresas, varios delirios, e infinidad de torpezas.

         Dentro del cine estatal, con cierta intención expresiva se puede contar con Arturo Ripstein (La tía Alejandra y La seducción), Marcela Fernández Violante (Misterio), Alberto Bojórquez (Retrato de una mujer casada), Alfredo Gurrola (Llámenme Mike), Francisco Guerrero (Valentín Lazaña, el ratero de los pobres), Sergio Olhovich (El infierno de todos tan temido), Miguel Littín (La viuda de Montiel) y, sobre todo, Jaime Humberto Hermosillo con María de mi corazón, basada en un estrujante guion de Gabriel García Márquez y cuya exhibición tuvo muchos tropiezos .
La mejor película mexicana
de 1979, junto con "María
de mi corazón"


         El cine de producción privada tuvo casos insólitos como Naná, dirigida por Rafael Baledón y producida por Irma Serrano. Una excelente película dirigida por Gilberto Gazcón fue Perro callejero donde Valentín Trujillo tenía que enfrentar su triste destino como el animal del título. Guillermo Murray quiso dignificar a Tere Velázquez como gran actriz en la fallida Para usted jefa. El famoso luchador Santo ya se encontraba en las postrimerías de su carrera fílmica y en este año filmó solamente una película Santo en la frontera del terror bajo la dirección de Rafael Pérez Grovas.


         En 1976, el versátil productor de caravanas artísticas José Isabel Valdivia, conocido como Arnulfo “Gordo” Delgado, había comenzado la producción de cintas en la frontera de Texas con técnicos del STIC en un formato que se saltaba las reglas sindicales por lo que se les llamo “películas piratas”. Llegarían a filmarse bajo el sello de Producciones del Rey más de una veintena de películas. Solamente en 1979 fueron diez títulos:
Semana Santa en Acapulco – Luis Alcoriza


El Noa Noa – Gonzalo Martínez
Contacto chicano – Federico Curiel

Las pobres ilegales – Alberto Mariscal
San Miguel el Alto – Alberto Mariscal


La india blanca – Alberto Mariscal
Las tres tumbas – Alberto Mariscal
El charro del misterio – José J. Munguía
Mojado de nacimiento – Ícaro Cisneros

 Sin fortuna – Narciso Busquets
Las temáticas eran netamente populacheras, utilizando a cantantes de moda: Juan Gabriel (quien tenía contrato exclusivo con este productor) o Yolanda del Río (fea pero excelente cantante vernácula), además de Federico Villa y Gerardo Reyes quien fuera además autor e intérprete de la película con la cual debutó y se despidió de la dirección fílmica el actor Narciso Busquets. Alberto Mariscal, ya resignado a filmar estas cintas con bajos presupuestos fue prolífico en este año. Luis Alcoriza pudo, al menos, filmar otro de sus interesantes guiones aunque estuvo limitado por presupuestos y un elenco irregular para tratar de emular a su “Mecánica nacional” (1971) sin la frescura de la crítica social para caer en las tribulaciones de vacacionistas desafortunados. Como puede notarse, la temática de frontera e ilegales era obligatoria, ya que reflejaba un problema nacional, ahora más fuerte que nunca.

         Por otro lado, Televicine, la filial fílmica de la empresa Televisa incrementó su producción. En ocasiones hizo coproducciones con España donde tenía otros negocios y de ahí surgieron Sor Metiche con María Victoria dirigida por Mariano Ozores y En mil pedazos con Hugo Stiglitz dirigida por Carlos Puerto. Lo importante para la empresa era el lucimiento de sus estrellas resguardando siempre el recato moral para posteriormente poder exhibirlas en televisión y de esta manera surgieron La ilegal (Arturo Ripstein) con Lucía Méndez; Albur de amor (Alfredo Gurrola) y Persecución y muerte de Benjamín Argumedo (Mario Hernández) en coproducción y actuación de Antonio Aguilar; Noche de juerga (Miguel M. Delgado) con Juan Ferrara y Helena Rojo, nueva versión de “Sábado negro” que el mismo director había filmado con Jorge Martínez de Hoyos y Malú Gatica en 1958; El mismo Delgado realizó Los reyes del palenque con Lucha Villa y Humberto Cabañas, cantante ranchero que finalmente no trascendió en el gusto del público; el veterano Mauricio de la Serna filmó Nora la rebelde con la entonces supervedette Olga Breeskin.


         Alfredo Gurrola fue prolífico: además de las mencionadas, filmó las versiones fílmicas de los primeros dos libros sobre el personaje Héctor Belascoarán Shayne creado por Paco Ignacio Taibo II y de esta manera revivir y complementar la escasa literatura negra mexicana existente hasta ese momento (Cosa fácil y Días de combate). Raúl Araiza, quien había filmado una excelente sátira de los intereses matrimoniales y los chantajes familiares “En la trampa” (1978), ahora filmó Fuego en el mar sobre un trabajador de Pemex que temía sobre la infidelidad de su mujer a niveles enfermizos. Bien filmada pero con excesos melodramáticos como cualquier telenovela de las cuales Araiza era estrella indiscutible como realizador.

         Los veteranos realizadores Alejandro Galindo (Dimas de León) e Ismael Rodríguez (El secuestro de los cien millones) filmaron cintas sin mayores consecuencias mostrando la decadencia en que habían caído. Rogelio A. González, por su parte, tuvo a bien realizar una de las buenas cintas con Vicente Fernández (El tahur) que resume muchas de las convenciones argumentales del género (amores imposibles, hacendado que se casa con la mujer que anhela un peón, retorno del peón ya enriquecido, muertes trágicas), además de la divertida adaptación de seis obras cortas de Emilio Carballido con reparto multiestelar en Distrito Federal. Gilberto Martínez Solares dirigió a la India María (Okey, Míster Pancho). Rafael Portillo filmó la segunda secuela de “Contrabando y traición” (1975) bajo el título de Emilio Varela vs. Camelia la texana. 

         Por su parte, tanto Alfredo B. Crevenna como Jaime Fernández filmaron cuatro películas cada uno. Arturo Martínez realizó A qué le tiras cuando sueñas mexicano. Rubén Galindo lanzó al cantante infantil Pedrito Fernández en La niña de la mochila azul y en El oreja rajada para que luego Tito Davison lo dirigiera en Amigo como homenaje tardío a la exitosa visita de Juan Pablo II a México, con la canción que le compusiera Roberto Carlos.


         Muchas películas con bajos presupuestos, limitaciones y torpezas técnicas, pero que presentan destellos, momentos, presencias, en un cine nacional que se encontraba en un bache pero que no dejaba, por lo menos y por suerte, de filmar.

































domingo, 30 de diciembre de 2018

ANIVERSARIIOS MEXICANOS (5)





1969: un año de erotismo y picardía…



En 1969 la producción del cine mexicano llegó a 88 títulos y se distingue por los temas eróticos que se tocaron gracias a que la censura se había relajado en cuanto a desnudos y ciertas palabrotas. Tanto en melodramas como comedias, cine de acción y aventuras, se recurrió a la audacia. En general, se dio lugar a que se filmaran algunas películas con mayores intenciones expresivas, permitiéndose además el debut de algunos nuevos realizadores.
Ofelia Medina, Francisco del Villar e Isela Vega

         Hace cincuenta años Isela Vega se convirtió en el objeto sexual por excelencia gracias a Las pirañas aman en cuaresma de Francisco del Villar, donde era madre de una joven Ofelia Medina que caían en los brazos del mismo hombre, un sinvergüenza Julio Alemán, que las disfrutaba sin imaginar que eran la versión humana de viudas negras… o las pirañas del título. Distribuida por Columbia Pictures, la cinta mereció estreno en el exquisito, entonces, Cinema Río 70, haciendo que los jóvenes nos volcáramos a ver los desnudos de la terrenal Isela, como sucedió con La hora desnuda (José Díaz Morales), La buscona (Emilio Gómez Muriel) y El sabor de la venganza (Alberto Mariscal)
Jorge Rivero y Ofelia Medina, amantes imposibles

         Por su lado, Ofelia Medina pasó de ser la joven y mimada Patsy mi amor (Michel 1968) a prostituta, también desnuda, tanto en Las figuras de arena (Gavaldón), donde afirmaba la masculinidad de Valentín Trujillo, como en Paraíso (Alcoriza), donde la redención posible con el fortachón Jorge Rivero se cancelaba por la muerte inesperada de éste. Este tipo de melodrama audaz hizo que el incesto fuera una posibilidad en Los años vacíos (Sergio Véjar), con Elsa Aguirre que no desea saber si su amante Joaquín Cordero era también su hermano, así como el lesbianismo en Las bestias jóvenes (José Ma. Fernández Unsaín) donde la reprimida Jacqueline Andere besaba a su amada Alma Delia Fuentes antes de suicidarse y La amante perfecta (Abel Salazar).
Mauricio Garcés se hace pasar como homosexual
para acostarse con sus clientas como Zulma Faiad.

         La comedia picaresca tenía a Mauricio Garcés como su estrella principal y apareció en cuatro títulos dirigidos por su realizador de cabecera René Cardona Jr.: Modisto de señoras (su grandísimo taquillazo que aquí se exhibió hasta en el refinado Cinema del Valle sin quejas de la casta divina), Departamento de soltero, Fray don Juan y Espérame en Siberia, vida mía. Todavía alcanzó a filmar una quinta película, Tápame contigo, pero bajo las órdenes del guatemalteco productor e improvisado director Manuel Zeceña Diéguez.

Una pareja atractiva y sensual:
Manuel López Ochoa y Lucha Villa

La mejor película mexicana de 1969

Sin embargo, la gran comedia picaresca del año fue El quelite que permitió el debut en el largometraje al director Jorge Fons quien se volvería importantísimo nombre en el futuro. Basada en un vodevil teatral, la versión cinematográfica adquirió gran dignidad con el simpático Manuel López Ochoa como el macho que se vuelve impotente al escuchar la canción del título: eso lo aprovecha Tin Tan quien es su rival por el amor de Lucha Villa para cantársela antes de la consumación carnal. Una cinta deliciosa.


         El melodrama por antonomasia se vio ilustrado por las versiones de radionovelas o telenovelas exitosas: Cruz de amor (Federico Curiel), La mentira (Emilio Gómez Muriel), Rubí (Carlos Enrique Taboada), Fallaste corazón (José María Fernández Unsaín), Anita de Montemar (Manuel Zeceña Diéguez). 


         Los directores o estrellas de antaño filmaron producciones que alcanzaron buena respuesta del público. Roberto Gavaldón filmó una nueva versión de La vida inútil de Pito Pérez con López Tarso en el rol principal quien no logró opacar la actuación genial de Tin Tan en la versión dirigida por Bustillo Oro en los años cincuenta. Cantinflas hizo su cinta anual: Un quijote sin mancha (Miguel M. Delgado). Libertad Lamarque, tan vigente como nunca a sus 60 años, participó en un controvertido melodrama: Rosas blancas para mi hermana negra (Abel Salazar) que aprovechó el tema muy actual por esos tiempos de los transplantes de corazón en una trama donde una chica blanca se salvaba por la muerte de una joven negra. Rogelio A. González filmó La sangre enemiga, sobre una sabrosa novela tremendista de Luis Spota, con Meche Carreño como voluptuosa esposa de un jorobado David Reynoso, padre del fortachón retrasado mental Juan Miranda con el cual ella se acostaba luego de verlo bañándose desnudo y, por tal motivo,  el marido la mataba quemándola. Ismael Rodríguez realizó un melodrama populachero Faltas a la moral donde quiso sustituir fallidamente a Pedro Infante por ¡Alberto Vázquez!


         El cine del oeste a la mexicana tuvo como logrados ejemplos a El tunco Maclovio (Alberto Mariscal), Juan el desalmado (Miguel Morayta) o Su precio… unos dólares (Raúl de Anda Jr.), pero la obra de culto, como variante filosófica y pretenciosa (para nuestros ojos actuales) fue El topo (Alejandro Jodorowsky).


         Otras variedades que deben mencionarse son la cinta en episodios Siempre hay una primera vez (Estrada, Murray, Walerstein) donde se narraban las pérdidas de la virginidad de tres muchachas correspondientes respectivamente a sendas clases sociales. Eulalio González Piporro escribió, produjo y dirigió su ópera prima El pocho. Alfonso Arau debutó como director con El águila descalza, comedia desparpajada y satírica basada en una historieta.

         Y así estaban las cosas, en general, del cine mexicano hace cincuenta años aunque se han omitido pocos casos… Muchas de ellas todavía se exhiben y el mejor homenaje siempre será volver a verlas...