domingo, 3 de abril de 2016

LA HONESTIDAD TRIUNFA


POR DINERO, CASI TODO
(The Fortune Cookie)
1966. Dir. Billy Wilder.

 

         "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo."

Abraham Lincoln

 


        Harry Hinkle (Jack Lemmon) es camarógrafo de la CBS. Mientras cubre un juego de futbol americano es golpeado por una pelota lanzada por el jugador Luther “Boom Boom” Jackson (Ron Rich) que lo noquea. Al estar en el hospital, su cuñado, el abogado Willie Gingrich (Walter Matthau), le propone que finja una consecuencia peor debida al accidente (ya que en realidad no ha habido daño alguno). Piensa demandar a los jugadores y a la cadena televisiva por un millón de dólares. La situación provoca dos cosas: la compañía aseguradora pone a un detective a grabar conversaciones y filmar las acciones cotidianas del falso lisiado; por otro lado, la ex esposa de Harry (quien lo había abandonado tiempo atrás) retorna por interés, aunque asegura que es porque todavía lo ama. El hombre, todavía enamorado, se ilusiona. Además, el jugador de futbol que le había lanzado la pelota se ha preocupado al grado de atenderlo hasta antes de que llegue la mujer creando un fuerte lazo amistoso con Harry. Cuando el joven, por remordimientos, comienza a beber, a provocar escándalos y ser suspendido de su equipo, Harry toma conciencia de lo erróneo de su actuación. Al llegar Willie con un cheque por doscientos mil dólares, Harry deja de fingir, repudia a su mujer ahora desenmascarada y parte a reunirse con el joven jugador para darle ánimos de seguir adelante.



        Fue la cinta que el maestro Wilder filmó después de Bésame tonto (1964) y resultó ser uno de sus grandes éxitos. La trama es sentimental y tiene un fuerte contenido moralista aunque sin sacrificar el sentido del humor y las ironías usuales en las cintas del realizador. Aunque menos exitosa que Piso de soltero (1960), la película vuelve al tema del pobre diablo que debe sufrir vejaciones para tomar finalmente una decisión que le permita darle rumbo a su existencia. Jack Lemmon, en su cuarta cinta con Wilder luego de Una Eva y dos Adanes, además de la mencionada (y luego Irma la douce), viene a interpretar a Harry en un tono similar al de Baxter en Piso de soltero. En esta película era quien prestaba su apartamento a los diversos ejecutivos de la compañía en que trabajaba para que tuvieran sus romances ilícitos. La recompensa estaba en que se distinguía y era considerado entre los montones de empleados a su alrededor. Ahora como hizo Baxter debe dejar de lado sus valores morales con la promesa de que recuperará al amor de su vida.



        Y es lo más importante de la película al llegar a un final adecuado: el personaje recupera su dignidad ante la maldad que le rodea, las personas sin escrúpulos, y podrá servir como ejemplo y aliento para el buen joven que ha establecido su amistad. No obstante, la cinta tiene a su mejor personaje en el abogado mediocre pero astuto y sinvergüenza que vive de la estafa. Walter Matthau creó un rol inolvidable (llegó a ganarse el Óscar en sus tiempos creíbles, como actor secundario) que llama la atención y roba la película. Aunque el eje reside en la buena conciencia amenazada de Harry, el centro de atención resulta ser Willie “Whiplash” Gingrich, que se volvió icono del cine de Wilder. (Whiplash significa latigazo). Viene a ser una variante amable del cínico Joe de El ocaso de una vida (1950) o del amoral Chuck en Cadenas de roca (1951) o del divertido y abusivo editor Walter en Primera plana (1974), comprobando las obsesiones y constantes en las carreras de los verdaderos maestros del cine.



        Y el título en inglés de la cinta es The Fortune Cookie, o sea la galleta de la fortuna que se acostumbra tener cuando se consume comida china. Al romper una de ellas Harry, en el momento que ha aceptado la farsa de su invalidez, aparece la frase de Lincoln que viene como epígrafe de este artículo (y que acababa de ver interpretado por televisión en una semblanza del famoso personaje). Es lo que ya adelanta la cinta: es lo que se tendrá como final correcto y feliz.



        Jack Lemmon y Walter Matthau llegarían a colaborar en trece películas, de las cuales tres serían con Billy Wilder (además de ésta, la mencionada Primera plana y la última en la carrera del maestro Compadres, de 1981; Lemmon por su parte alcanzaría a estar en siete cintas de Wilder). La trama se le sugirió a Wilder al ver un partido de futbol americano por televisión. Está situada en Cleveland porque era necesario un ambiente menos cosmopolita, más provinciano y adecuado para estas “ambiciones que matan” (el sueño de Willie era un Mustang). Fuera de Lemmon y Matthau, se presentó estelarmente a Judi West, una rubia voluptuosa, que no haría mayor carrera fílmica. Lo mismo sucedió con el actor de color que interpreta al jugador. Sin embargo, fue un gran éxito taquillero. Había que recordarla por su cincuentenario, pero también para destacar una carrera estupenda, compuesta por 25 largometrajes norteamericanos, todos ellos impecables (con altibajos, pero ninguno aburrido ni sin sentido) del austriaco Wilder.

 

 

           

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