sábado, 17 de octubre de 2020

MODELO DE BELLEZA

 

TANTA BELLEZA CRUEL: MONTGOMERY CLIFT

Que me perdonen todos este lujo,

este tremendo lujo de ir hallando

tanta belleza en tierra, mar y cielo,

tanta belleza devorada a solas,

tanta belleza cruel, tanta belleza.

Ángela Figuera Aymerich


        Uno de los rostros masculinos más hermosos del cine norteamericano perteneció a Montgomery Clift (1920 – 1966). Ese fue el atractivo principal para llamar la atención y luego demostrar que esencialmente era un buen actor y no una simple cara bonita más. Este 17 de octubre de 2020 se cumple el centenario de su nacimiento y es importante recordarlo ya que paulatinamente se están perdiendo diversas personalidades en la memoria colectiva. Así como las grandes presencias del cine silente se tornaron polvo ante el advenimiento del sonoro, ya estamos en el borde del precipicio ante el imperio digital. De nada sirve que sus películas sean más fáciles de conseguir: a la mayoría de quienes pertenecen a las nuevas generaciones no les importa. Solamente existe el tiempo presente (algo que es muy cierto) pero éste se prefiere a revivir las experiencias del pasado (al menos del lejano) y estar siempre a la expectativa de lo que vendrá.


        Montgomery Clift nació en Omaha, Nebraska, cuatro años antes de que Marlon Brando le siguiera en el mismo punto geográfico del mundo. Es curiosa la coincidencia: dos actores talentosos, simbólicos para cierta era del cine norteamericano (de donde se tornaron universales), comparten lugar de origen. Cada uno en su estilo cimbró al cine con su presencia, su actitud y su atractivo físico (Clift era esbelto, velludo; Brando, musculoso, lampiño). Nació dentro de una familia con medios decorosos: su madre, diletante, lo llevó junto con sus hermanos a Europa. Fue por esos rumbos donde descubrió al teatro y surgieron los deseos por participar. Aparte era un niño con rasgos delicados y perfectos por lo que inició una carrera pública como modelo.


        En el teatro tuvo grandes ventajas: actuar al lado de la pareja de Alfred Lunt y Lynn Fontane, leyendas de la escena, o con Fredric March, entre otros. Aparte, participó en obras de Thornton Wilder o Lillian Hellman. Hasta hizo teatro musical en una comedia de Cole Porter. La oportunidad de viajar a Hollywood le llegó temprano pero desistió. Pensó que era importante madurar y adquirir mayor experiencia. Era uno de los galanes jóvenes, talentosos, del Broadway dorado en los años cuarenta. En 1946 aceptó la oferta de la MGM para ir a la Meca del cine. Era un contrato de seis meses, algo que Clift deseaba para no sentirse esclavizado y tener la libertad de retornar a sus valorados escenarios.

La belleza, como el dolor, hace sufrir

Thomas Mann


        La primera oportunidad llegó bajo las órdenes del legendario Howard Hawks en Río rojo (Red River, 1948), cinta del oeste donde aparecía como hijo adoptivo de Tom Dunson (John Wayne), en la época salvaje de asentamientos de tierra y lucha contra los indios. Cuando Dunson lo encuentra solitario, desde niño, luego de que su familia ha sido muerta, lo toma bajo su cuidado. Con el paso de los años ambos hombres se enfrentarán con la toma de decisiones en una travesía extrema de traslado de ganado. La cinta impacta por sus personajes, pero la presencia del debutante Clift no pasó desapercibida. Sin embargo, la siguiente cinta del joven actor La búsqueda (The Search, 1948, Fred Zinneman) donde interpreta a un soldado en la Alemania destrozada que ayuda a un niño a localizar a su madre, se estrenó antes. Ambas películas fueron la revelación de un actor sensible y carismático.


        La heredera (The Heiress, 1949, William Wyler) fue el tercer gran éxito consecutivo con su público. Como Morris Townsend, un vividor joven y extremadamente atractivo, conquista a la fea y desangelada Catherine Sloper (Olivia de Havilland, quien ganó su segundo premio Óscar como mejor actriz), hija de un médico acaudalado. El padre, consciente de la falta de gracia de Catherine, los confronta. Ella lo odia por revelarle su desamor y Morris aparenta ser humillado al acusársele de interesado. Cuando Catherine le pide que escapen juntos aunque sea desheredada, Morris la abandona para volver años más tarde e intentar reconquistarla. La cinta es apasionante. Uno acepta la ilusión de que Catherine, quien jamás imaginó tener a un pretendiente con ese aspecto físico, tuviera esa suerte; a Morris no se le detesta cuando se torna aparente villano porque despierta el sentimiento protector gracias a su encanto viperino: “no hay cielo sin nubes, ni paraíso sin serpiente”. Se encuentra el subtexto de una compra venta: Catherine está dispuesta a dejarse aplastar por momentos de felicidad; Morris se torna en objeto sexual que sabe valorarse, ponerse precio. Al padre de Catherine le interesa la felicidad de su hija, sola, sin sufrimientos, sin importarle que ella aspira a cierto fuego en su apagada existencia. Clift se torna en obvio, evidente, símbolo del deseo.


        Posteriormente Montgomery filma Sucedió en Berlín (The Big Lift, 1950, George Seaton), una historia acerca de dos militares en el Berlín destruido de posguerra que llevan alimentos y requerimientos a la población cuando los rusos bloquean ciertas entradas en el sector. Conocen a sendas mujeres que les dan diversas perspectivas de vida. La cinta volvió a llevar a Monty (como se le apodó) a la Europa devastada con otro tema edificante aunque sin gran éxito. Al año siguiente tuvo una de sus grandes oportunidades: Ambiciones que matan (A Place in the Sun, 1951, George Stevens) interpretando a George Eastman, un hombre pobre que llega a la ciudad para obtener el trabajo en la fábrica de un rico tío lejano que lo trata como a cualquiera diciéndole que deberá empezar desde abajo. Ahí conoce a la obrera Alice (Shelley Winters) con la cual tiene relaciones sexuales y la embaraza. George conoce a la millonaria Ángela (Elizabeth Taylor) de la cual se enamora y es correspondido. Decide deshacerse de Alice, pero cuando planea asesinarla ahogándola en un lago, desiste. Sin embargo, la misma Alice hace que el bote donde van se tambalee, pierde pisada, cae al agua y muere. A pesar de su testimonio donde confiesa sus planes iniciales y el subsiguiente accidente, es condenado a muerte. Hay una secuencia bellísima donde George y Ángela se declaran su amor: un gran acercamiento a sus rostros, con edición alterna entre ellos, ha quedado como ejemplo de la buena narración fílmica. Ahí conoció a Taylor quien se tornó en su gran amiga. En Ambiciones que matan, Clift reinterpreta a Morris Townsend de La heredera, aunque ahora en otro nivel: el objeto de su amor es otra hija de familia acomodada, quien recibirá en algún momento de la vida una gran fortuna. Aquí ambos son bellos, pero el paraíso posible mantiene a su serpiente: en su debilidad, la belleza ha caído en el crimen, los obstáculos deberán derribarse, hay que destruir para salir avante. El hecho no puede quedar impune, la moral se impone y no podrá consumarse la unión idealizada.


        Dos años más tarde se estrenan tres películas que filmó al hilo: Mi secreto me condena (I Confess, 1953, Alfred Hitchcock) donde interpreta a un sacerdote (ofreciendo otra imagen del deseo para quienes lo idolatraban) que es sospechoso de un crimen sin poder declarar la verdad ya que el verdadero asesino le ha confesado, bajo secreto inviolable, su homicidio. Indiscreción de una esposa (Indiscretion of an American Wife, 1953, Vittorio de Sica) donde interpreta al amante italiano de una norteamericana cuya relación ya no puede continuar. Y finalmente De aquí a la eternidad (From Here to Eternity, 1953, Fred Zinneman) donde alcanzó otro de sus puntos altos. Basada en una popular novela, audaz para su tiempo, se narraban varias situaciones entre los miembros de una compañía militar: el joven Prewitt, o sea Monty, quien había sido campeón lígero de boxeo y al ser trasladado se espera que sea el representante de dicho deporte para la compañía. El joven se niega, debido a una mala experiencia del pasado, y comienza a ser insultado y despreciado por sus colegas. Esto, entre otros muchos personajes de la trama. La cinta muestra a Clift con toda su vulnerabilidad. El joven oficial toca la corneta (y el actor aprendió a hacerlo en la vida real dado su profesionalismo). Prewitt se enamora de una prostituta y, a pesar de todo, desea hacerla su mujer. Todo se detiene ante el ataque a Pearl Harbor. Clift ofreció una de sus mejores actuaciones.

 

Es terriblemente triste eso de que

el talento dure más que la belleza

Oscar Wilde


        En 1956 comienza a filmar El árbol de la vida (Raintree Country, 1957, Edward Dmytryk) basada en otra novela exitosa acerca del romance entre un joven profesor/poeta norteño que se enamora de la joven sureña equivocada, justo antes de la Guerra Civil. Durante la filmación de la cinta, Monty sufre un accidente automovilístico, debido a su alcoholismo, que le deja media cara paralizada, además de ciertas cicatrices. A pesar del tratamiento médico, Monty ya no quedará igual. Volverá a la filmación que había quedado trunca para que la cinta se convierta en objeto de morbosidad para el público: ¿en cuáles secuencias aparece el Montgomery de antes?, ¿en cuáles está el posterior del accidente? Son claramente notorias. El bello rostro de Montgomery Clift es ahora la representación del mitológico Jano con sus dos caras: la del pasado y la que permanecerá para el futuro: la cinta lo muestra de pronto bello, perfecto, para que de repente, se alterne con la nueva realidad. Fue una terrible jugarreta del Destino que le arrebató su belleza antes de que el tiempo se ocupara de ello. Uno de sus profesores comentó que a partir de ahí Monty inició el proceso de lo que sería un largo suicidio.


        Cuando pensaba que ya no volvería a filmar, Montgomery Clift continuará siendo requerido para filmar otras ocho películas entre 1958 hasta el año de su muerte. Ya había entrado a cierta madurez (38 años de edad) y ahora era el galán maduro, pero sin el atractivo inicial de su hermosura, ahora transformada por la rigidez, las cicatrices, los labios marcados. Las películas que filma son, en el orden cronológico:

 

Corazones sin destino (Lonelyhearts, 1958, Vincent J. Donehue)

Los dioses vencidos (The Young Lions, 1958, Edward Dmytryk)

De repente en el verano (Suddenly Last Summer, 1959, Joseph L. Mankiewicz)

Río salvaje (Wild River, 1960, Elia Kazan)

Los inadaptados (The Misfits, 1961, John Huston)

Juicio en Nuremberg (Judgment at Nuremberg, 1961, Stanley Kramer)

Pasiones secretas (Freud), 1962, John Huston)

El desertor (L’espion), 1966, Raoul Levy)

 

        Entre ellas, todas destacan por la presencia de Monty y son cintas en proceso permanente de revaloración. Las cintas de Huston presentan dos aspectos radicales: el vaquero avejentado y sumiso contra el gran profesional de la psicología. La cinta de Mankiewicz es una inquietante traducción fílmica, espléndidamente visual, de una pieza corta perversa y extrema de Tennessee Williams donde Monty se acompañó de su querida Liz Taylor y de la eximia Katharine Hepburn quien se tornó su ángel protector ante las exigencias crueles del director. La cinta de Donehue es otro traspaso a la escena de una novela de Nathanael West acerca de los excesos indirectos de los medios impresos que llevan a la desinformación, la tragedia, las falsas esperanzas. La cinta de Kazan habla de tradición contra progreso: una imagen sobre la Norteamérica que iba quedando atrás en cuanto a su gente, la ignorancia, el amor al terruño. La cinta de Dmytryk era otra versión de novela popular que trataba el tema del antisemitismo propiciado por la guerra, tal como era explicado en los procesos criminales en el juicio de Nuremberg, acorde con la cinta de Kramer donde Clift apareció en una actuación especial como víctima de las atrocidades médicas cometidas contra los internos de campos de concentración. Al final he dejado la cinta de Levy: bastante accidentada, realizada más como tributo al actor por los jóvenes franceses, donde Monty interpreta a un médico norteamericano presionado por la CIA para que apoye en la deserción de un científico ruso desde la Alemania del Este. La cinta es elemental y carece de cualidades que encontramos en otras cintas. No obstante, fue su testamento, y simplemente por eso hay que considerarla. Monty murió dos meses después de terminar su rodaje.


La belleza perece en la vida,

pero es inmortal en el arte

Leonardo Da Vinci 


        Montgomery Clift falleció de un ataque cardíaco en julio de 1966. Tenía 45 años. Su sirviente le encontró desnudo en su cama. Este ha sido un recuento rápido, e injusto, incompleto, de su carrera fílmica. En 18 años filmó apenas 17 películas, todas ellas accesibles de alguna u otra manera por medios digitales o plataformas. Trabajó para los directores más significativos de su era. Todas sus cintas son importantes por diversos motivos, principalmente por su presencia. El mejor ejemplo del antes y después de la belleza física, donde el talento siempre estuvo presente. Había que recordarlo. ¡Hay que recordarlo!


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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