jueves, 5 de abril de 2018

PREGUNTA SIN RESPUESTA


MISTERIOS DE ULTRATUMBA
1958. Dir. Fernando Méndez.


60 aniversario de esta joya
del cine mexicano de terror 


         Los curiosos caminos de la memoria: al leer un artículo de Alberto Manguel donde citaba una referencia de Séneca (en Sobre la tranquilidad del alma) en la cual el justo Cano, al ser condenado a morir, exclamó que observaría en ese instante fugacísimo si el alma percibía que se iba y le prometía a su consejero que, si averiguaba algo, visitaría uno tras otro a sus amigos y les revelaría cuál es la condición de los espíritus en el más allá, me acordé de Misterios de ultratumba, una curiosa cinta de terror dirigida por Fernando Méndez en 1958, porque es precisamente la base de su argumento, o sea, el intento por descifrar qué ocurre después de la muerte.


La promesa y la sesión espiritista

         En este caso, la trama nos narra la inquietud del Dr. Mazali (Rafael Bertrand) por descubrir el misterio de la muerte y saber qué hay más allá de ese paso seguro y natural para todo ser vivo. Para ello, ha sellado un pacto con el Dr. Jacinto Almada (Antonio Raxel): el primero que muera deberá buscar la manera de comunicarse para hacérselo saber al otro. Es precisamente al inicio de la cinta cuando Mazali le está recordando su juramento al agonizante Almada. Inmediatamente después de fallecer, Mazali organiza una sesión espiritista para convocar a Almada quien se hace presente. A través de la médium (Beatriz Aguirre), Almada le hace saber que existe un camino para ir al más allá y retornar pero tendrá que pagarlo de manera horrible. Todo sucederá en tres meses cuando una puerta se cierre para abrir otra al mundo de ultratumba pero, a partir de ese momento, se concatenarán diversos hechos extraños y ya no habrá marcha atrás.


La loca furiosa y la pelea que desfigura

         La acción sucede a finales del siglo XIX (a juzgar por el vestuario sobre todo femenino) en la inmensa Hacienda de las Mercedes donde Mazali tiene un sanatorio para enfermos mentales. Lo ayuda el Dr. González (Luis Aragón) junto con otros enfermeros entre los cuales se encuentra Elmer (Carlos Ancira). Uno de los primeros hechos mencionados ocurre cuando una loca furiosa, la Gitana (Carolina Barret), sufre un ataque que impide la administración de un medicamento. Mazali llega con una caja de música que al abrirla produce un efecto tranquilizador en la mujer. Aparece el espíritu de Almada que provoca el cierre inesperado de la caja por lo que la mujer retorna a su estado alterado. Durante la lucha por dominarla, toma un frasco de ácido que arroja sobre el rostro de Elmer.


El extraño e inmenso Café Concierto

         Otro hecho sucede en la ciudad, lejos de Las Mercedes: La joven bailarina Patricia (Mapita Cortés) se ha asustado al ver al joven Eduardo (Gastón Santos) entre el público. Al llegar a su camerino se encuentra, sin conocerlo, con el espíritu de Almada quien es en realidad su padre que la había abandonado desde pequeña. Le hace saber sobre su muerte y acerca de una pequeña herencia que ha dejado en Las Mercedes. Le indica que en un relicario hay una llavecita que debe llevar al lugar.


El espíritu del padre que recupera a su hija

         Ya en la Hacienda, Patricia conoce a Mazali quien la lleva, junto con González, al cuarto donde se alojaba Almada y en donde está un cofre donde se hallan joyas y un puñal que, extrañamente, había visto en la sala donde esperaba a su anfitrión, y que tiene grabada una advertencia fatal para quien lo use con fines malignos. Al mostrarle Mazali un cuadro con el retrato de Almada, Patricia se desvanece al reconocer al hombre que ya estaba muerto cuando fue a visitarla. Más tarde, a la Hacienda llega casualmente Eduardo, quien es médico y va a trabajar como interno. A Patricia le cuenta que ya la había soñado antes de verla, a lo que la joven le comenta que ella también lo conocía por sueños y de ahí su temor al verlo.


El hombre de los sueños

         Mazali se enamora de Patricia y, sin decírselo, le ofrece que se quede en la Hacienda como enfermera. Por su lado, Eduardo también se ha enamorado y es correspondido. Todo esto ha sucedido con el paso de un tiempo que se desliza imperceptible para el espectador sin que afecte a la narración por la sobriedad y flujo de la trama. Han transcurrido casi los tres meses que había profetizado Almada en la sesión espiritista por lo que todo está a punto de cumplir con el destino predicho.


Los dos enamorados de la misma mujer

Elmer apenas se ha recuperado del incidente pero con el rostro horriblemente desfigurado. La Gitana ha estado despostillando el marco de la puerta de su prisión. Al tiempo que escapa, Elmer la encuentra en la sala de Mazali y con el puñal la asesina, luego se va. Llega Mazali al tiempo que las puertas se cierran, como se había profetizado, detrás de él. Al forzarlas, el personal encuentra a Mazali con el cuerpo de la Gitana en sus brazos. Al ser el único sospechoso Mazali se somete a la justicia que lo encuentra culpable aunque todavía confía en que no morirá si se considera la promesa de Aldama. Sin embargo, nada sucede y está a punto de ir a la horca.


Elmer desfigurado y Mazali, víctima de su destino

Al mismo tiempo, Elmer, arrepentido, escribe una carta donde confiesa el asesinato para salvar a Mazali pero, al salir de su cuarto, cae por la escalera y se mata. Un viento se lleva la carta que traía en sus manos. Elmer es enterrado, por sus propias instrucciones, bajo la tierra sin ataúd. Cuando Mazali es ejecutado, inmediatamente Elmer resucita: ¡se ha cumplido la promesa de Aldama aunque pagando un precio terrible! Mazali es ahora un tipo con el rostro desfigurado, enamorado y obsesionado por una bella joven, apenas ordenando su raciocinio para explicarse su paso hacia y desde el Más Allá.


Las extraordinarias atmósferas 
de terror en el cine mexicano

         Filmada luego de Ladrón de cadáveres (1956) y de la dupla de exitosísimas películas El vampiro y El ataúd del vampiro (ambas de 1957), el realizador Méndez se encontró etiquetado como efectivo realizador del género de horror. De hecho, ese mismo año filmaría otra cinta con Gastón Santos que implicaba al mito de la Llorona, El grito de la muerte, 1958 donde mezclaba cine del oeste a la mexicana con el tema terrorífico. Y es que, en verdad, luego de ver todas estas cintas uno se da cuenta de la solvencia fílmica del director al saber narrar y determinar ángulos y tomas, junto con su fotógrafo habitual Víctor Herrera, para que no parecieran absurdas ni forzadas. Uno tiene que destacar las atmósferas logradas gracias al manejo de la luz y las sombras, además de efectos especiales bien elaborados, en los jardínes, pasillos, columnas de la Hacienda. Hay una secuencia en particular, cuando Patricia baila, con un vestuario más bien moderno,  en lo que se menciona como “Café Concierto”, que muestra a un espacio abierto, como si fuera una gran bodega, donde no hay paredes, solamente mesas con sillas frente a un escenario inmenso, sin límites, que parece estar dentro de un sueño más que en la realidad a la cual se conecta cuando la joven llega al espacio de su camerino.

Mientras entierran a Elmer,
ejecutan a Mazali

         Misterios de ultratumba, no obstante, se queda en estupendo ejercicio de terror que no llega a responder la pregunta primera porque se transforma en historia de amor condenado. Cuando González pregunta al desfigurado Elmer, o Mazali resucitado, qué aprendió de su travesía vida-muerte deja en suspenso la respuesta porque ese pensamiento desordenado está más preocupado por la reacción de la joven ante su fealdad, insistiendo en que lo importante es la belleza del espíritu, dando al traste con toda su curiosidad anterior. Al no poder imaginar las consecuencias de sus acciones, Mazali ha retado al destino y el pago ha sido terrible. O tal vez esa haya sido la mejor respuesta: la ironía de su búsqueda. De nada le ha servido a Mazali traspasar los umbrales de la muerte al regresar a su existencia como ser degradado. Pasar de una a otra dimensión ofrece solamente el castigo. Habría de aprovechar la existencia sin tener que adelantar lo que será inminente y fatídico.


Mazali resucitado, loco de pasión amorosa

         Es la brillante recreación de una serie de sucesos que permitirán que se cumpla el destino fatal o dichoso de los personajes en esta historia. Todo el proceso está congruentemente ejecutado dentro de un guion que cuida los variados aspectos de la narración. El fantasma de Almada se mueve entre sombras y jamás ejerce una presión física en lo que debe ser un ente inmaterial. El puñal que será objeto de justicia aparece y desaparece en los momentos cruciales. La advertencia está hecha desde el principio: no hay marcha atrás, todo será horrible. Al espectador no le resta más que disfrutar de una narración que juega con sus miedos eternos a lo desconocido. Al final, cuando Elmer-Mazali ha sido derrotado al ser quemado por Eduardo y salir envuelto en llamas para, ahora sí, morir, hay una inteligente trasposición de la imagen del científico loco de amor e inquisitivo sobre el cuerpo carbonizado de Elmer.


La espléndida fotografía de Víctor Herrera
en una visual imagen de redención final

         La cinta inicia con un recorrido a través de la Hacienda de las Mercedes que se encuentra en ruinas, puertas clausuradas, telarañas, polvo, para que una voz nos comente: Desde tiempo inmemorial la humanidad ha venido inquietándose por una pregunta cuya respuesta no se conoce aún: ¿qué hay más allá de la muerte? Hace mucho tiempo en este lugar ahora convertido en ruinas habitaba un extraño hombre de ciencia que pudo, empero, conocer la escalofriante respuesta, el hecho es absolutamente verídico y si estas piedras pudiesen hablar serían testigos de cuanto aconteció entonces… Por lo tanto, el cine empieza a narrar y el espectador se tornará en piedra al empezar a ser testigo de esa búsqueda científica. Más tarde, al término de toda esta odisea fantástica, la misma voz del inicio nos insiste para no frustrarnos por esa pregunta sin respuesta ¿A qué rasgar entonces el místico enigma, si usted, yo, todos, tarde o temprano, inexorablemente, lo sabremos? subrayando aquello que prometió Cano al morir para jamás regresar a contárnoslo… Aquí, el cine ha vuelto a cumplir con su misión como fábrica de sueños cautivando, dándole otros rumbos a la imaginación. ¿Qué pasaría si acaso…?

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