domingo, 27 de diciembre de 2015

1956


ANIVERSARIOS DEL CINE MEXICANO

1956

         Hace sesenta años se filmaron 47 películas en Eastmancolor de las 101 producidas. Fue el año en que Alfonso Corona Blake inició una discreta e irregular carrera con la conmovedora El camino de la vida que tuvo distribución internacional al narrar la historia de unos huérfanos y sus tribulaciones. La segunda de sus cintas en el año fue Felicidad sobre la obra de Emilio Carballido donde un maduro Carlos López Moctezuma engañaba, e ilusionaba, a la empleada Gloria Lozano haciéndole creer que era viudo. Un retrato fresco y melodramático de la clase media nacional.

 


También fue el año en que se filmaron las dos últimas producciones con desnudos artísticos (o sea inmóviles). Una de las cintas fue La Diana cazadora de Tito Davison, en color, con Ana Luisa Peluffo como señora casada que tiene amante y posa para la famosa estatua. La otra fue Juventud desenfrenada en blanco y negro, con una joven Aída Araceli que mostraba sus pequeños pechos al aire.

 
 
Juan Bustillo Oro filmó la mejor actuación de Tin Tan en papel serio y picaresco en Las aventuras de Pito Pérez, conmovedora lectura de la novela que antes interpretara Manuel Medel y luego López Tarso. Tin Tan mostró su versatilidad e histrionismo evitando caer en sus usuales chistes y juegos corporales. Por su lado Cantinflas apareció en El bolero de Raquel, comedia taquillera como era usual en su cine, aunque ya mostrando su repetición y su alejamiento del personaje original del peladito para caer en sentimentalismos baratos.

 
 


         Emilio Fernández filmó Una cita de amor sobre la misma novela que había dado pie a “Historia de un gran amor” de Bracho (quien este año no hizo ninguna cinta) donde Silvia Pinal con cabello negro era impedida por su padre para vivir con el ranchero Jaime Fernández. Ismael Rodríguez realizó Tizoc que le daría a Pedro Infante el premio como ¿mejor actor? en el Festival de Berlín (hay festivales que fueron evolucionando en buen gusto: puede pensarse que gustó lo autóctono de su indio sumiso y ridículo), además de empatarlo con María Félix, a colores y en Cinemascope (que se perdió aún en el vídeo, con todo y que ahora tenemos la Alta Definición).

 

         Tulio Demicheli filmó una obra maestra bastante subvalorada llamada Dios no lo quiera, utilizando la misma base argumental con la cual había debutado en el cine argentino en 1950 bajo el nombre de “Arrabalera” y con Tita Merello en el rol que ahora interpretaba Silvia Pinal, nuevamente morena con vestido entallado (para leer esta comparación les invito a visitar esta dirección en uno de mis blogs http://robervil.blogspot.mx/2010/04/tita-merello-y-silvia-pinal.html). Una cinta de bajas pasiones y hombre bueno que salva a una víctima de las circunstancias. Otra cinta con Silvia Pinal, bastante rescatable, es La adúltera. Además filmó la desconocidísima Bambalinas con Libertad Lamarque y La herida luminosa (producción mexicana filmada en España).
         El rocanrol hizo que se filmaran tres películas incluyendo su nombre en este año: Al compás del rock’n’roll, Los chiflados del rock’n’roll, (ambas del vulgar José Díaz Morales) y La locura del rock’n’roll, del maestro Fernando Méndez que resultó ser la más graciosa y la mejor de las tres al presentar la rivalidad entre dos orquestas: una masculina y otra femenina, donde las atracciones principales son Juan García Esquivel y la pionera Gloria Ríos.

 

         El maestro Juan Orol nos brindó dos de sus delirios ahora con su nueva musa Mary Esquivel: Plazos traicioneros donde Orol cuenta a una mesera cómo lanzó al estrellato a una mujer (Sonia Furió) que le pagó con traición. Luego hacía que la mesera también triunfara para que le volviera a engañar. Te odio y te quiero hace que Mary Esquivel se ponga a vengar el suicidio de su hermanita seducida por un mal hombre. Todo dentro de una atmósfera irreal con el estilo ingenuo de Orol quien creía en lo que hacía y de ahí la respuesta exitosa de su público.
 
 

         Rogelio A. González filmó la que sería la última película de Pedro Infante, Escuela de rateros, donde el ídolo nacional interpretaba doble papel. Aparte dirigió una comedia picaresca con Mary Esquivel, alejándola de su marido Orol como mujer despechada y de cascos ligeros en Mujer en condominio. También realizó una crítica a la hipocresía de la clase alta en su versión de una obra teatral de Salvador Novo, La culta dama. Sin embargo, su obra soberbia del año fue Vainilla, bronce y morir, basada en una novela premiada, donde mostraba a Elsa Aguirre como víctima de las maquinaciones de su dipsómano novio José Gálvez que la forzaba a casarse con él por mero capricho, evitando su romance con el modesto escultor López Tarso. González muestra una escena espectacular de delirium tremens como relectura de la mostrada por Billy Wilder en “Días sin huella”.
 


         Alejandro Galindo, en plena etapa moralizante, filmó dos buenos melodramas: uno aleccionador acerca del amor entre esposos Esposa te doy donde un maduro David Silva debía luchar contra una suegra terrible y la inmadurez de su joven mujer; el otro, Tu hijo debe nacer, es un excesivo discurso contra el aborto cuyas cualidades caen en la recreación de los años veinte y treinta. No obstante, filmó dos cintas graciosas con el cómico Resortes resaltando el espíritu rural (Hora y media de balazos) y urbano (Policías y ladrones).



         Benito Alazraki pudo debutar en el cine industrial, luego de la independiente Raíces (1953) con Los amantes, melodrama inspirado en un argumento de Francisco Rojas González (el autor de “El diosero”) acerca de un joven (Carlos Baena) que se infatuaba por una prostituta (Yolanda Varela) y se alejaba de su condición de buen estudiante con futuro promisorio para vivir una relación de altibajos emocionales. Su segunda cinta en el año fue ¿A dónde van nuestros hijos?, en colores, basada en una obra teatral de Rodolfo Usigli, para mostrar cómo la corrupción citadina se comía a una familia clasemediera, aunque daba esperanzas de redención. El reparto prestigioso incluía a Dolores del Río como la madre sufriente de una familia con 5 hijos y otro fallecido.



         Chano Urueta filmó El Ratón como homenaje al boxeador que fue campeón mundial de peso gallo en una trama de personaje de barriada que se descubría bueno para los golpes y, por lo tanto, su entrada a dicho mundo. Miguel Morayta filmó una deliciosa película basada en “Los hermanos corsos” de Alejandro Dumas llamada Alma de acero donde Luis Aguilar hace doble papel como gemelo idéntico para que uno sea de campo y el otro urbano en una intriga de hampones y venganzas. Tito Davison filmó La dulce enemiga con Silvia Pinal como mujer frívola y coqueta que produce la muerte de sus maridos quienes como fantasmas narran sus historias en una relectura de la misma obra que sirvió como base argumental para una cinta del maestro Ophüls en Francia, en los años treinta.

 
         Y las cintas más prestigiosas del año fueron la independiente Torero donde Carlos Velo repetía la acción cometida por Alazraki: filmar fuera de la industria una película que ofrecía sustancia a bajo costo: mezcla de documental y ficción donde el torero Luis Procuna recordaba su vida y su constante miedo ante el toro;
 
 
y La muerte en este jardín, coproducción francomexicana donde Luis Buñuel muestra la represión en un país latinoamericano donde los mineros son explotados.
 
 
Al causarse una revuelta varios personajes huyen pero la tensión entre ellos resultará trágica. Actuaron Simone Signoret, Charles Vanel, Georges Marchal y Michel Piccoli junto con Tito Junco, Jorge Martínez de Hoyos y Luis Aceves Castañeda.
 
Hubo otras grandes curiosidades pero aquí ponemos punto final a las películas sexagenarias.

 

        

 

        

 

 

 

 

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